La actriz reveló que llegó a llorar 12 horas diarias durante semanas, una situación que la llevó al límite emocional.
Este tipo de prácticas eran tristemente comunes en la época dorada de Hollywood, donde el “método” y la búsqueda de la perfección a cualquier costo eran moneda corriente. Duvall, como tantas otras estrellas de su generación, fue víctima de un sistema que priorizaba el resultado final por sobre el bienestar de los actores.
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La presión constante, las extensas jornadas de filmación y la falta de apoyo psicológico adecuado dejaron una huella profunda en la salud mental de muchos artistas, incluyendo a Shelley, quien años después enfrentaría problemas personales que la alejaron de los reflectores.
El legado de una estrella única, una 'horror queen'
A lo largo de su carrera, Duvall trabajó con algunos de los directores más renombrados de Hollywood. Además de Altman y Kubrick, colaboró con Woody Allen en Annie Hall y protagonizó Popeye junto a Robin Williams. En 1977, obtuvo el premio a la Mejor Actriz en el Festival de Cannes por su papel en 3 Women.
Aunque se alejó de la actuación en los años 90, Duvall regresó a la pantalla en 2023 con The Forest Hills, tras un paréntesis de dos décadas. Scott Goldberg, director de este último film, la recordó como una persona "radiante, muy amable e ingeniosa".
La partida de Shelley Duvall deja un vacío en la industria del cine y en el corazón de sus fanáticos. Su talento único y su contribución al séptimo arte perdurarán en la memoria colectiva.
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