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En su casa de Goldeneye, en Jamaica, Fleming dio vida a James Bond. Sentado frente a su máquina de escribir, todas las mañanas dio forma a las aventuras del espía británico a lo largo de 14 novelas.
Fue en Goldeneye donde Fleming comenzó a dar vida a James Bond, el personaje que lo catapultaría a la fama internacional, rodeado de un ambiente tranquilo y bello que dejaba volar su imaginación para crear las emocionantes aventuras de su icónico espía. Disciplinado como era, Fleming tenía una rutina sagrada: todas las mañanas, se sentaba frente a su máquina de escribir y escribía dos mil palabras, lo cual le permitió producir una nueva novela de Bond cada año durante la década de 1950 hasta su muerte en 1964.
El nacimiento de James Bond, un héroe a la medida de su época
En el invierno de 1952, mientras se encontraba en su finca de Goldeneye, Fleming comenzó a escribir la primera novela de James Bond, "Casino Royale". En ella, introdujo al mundo al Agente 007, un espía del MI6 inteligente, sofisticado y audaz que se enfrentaba a toda clase de misiones peligrosas en el contexto de la Guerra Fría.
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La primera historia de James Bond fue "Casino Royale", en donde el protagonista se enfrentaba a Le Chiffre, un malvado financista vinculado a unos terroristas.
Pero, ¿cómo nació la personalidad de James Bond? Fueron dos los espías que influyeron a Fleming para darle forma al carácter del personaje: el primero fue Sidney Reilly, un agente que trabajó intentando combatir la revolución bolchevique realizando misiones en Rusia, Alemania y Gran Bretaña. Y el otro, Dusko Popov, un doble agente yugoslavo de la Segunda Guerra Mundial que proporcionó inteligencia invaluable a los británicos durante el Sistema de Doble Cruz. Los dos encarnaban las cualidades que Fleming admiraba en los agentes secretos: astucia, valentía, capacidad de improvisar y un toque de arrogancia.
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Sidney Reilly (foto) y Dusko Popov representaban las virtudes que más admiraba Fleming en los espías, como la astucia y la valentía.
En cuanto al nombre, la historia es aún más sencilla de lo que imaginamos. Fleming necesitaba uno que fuera sencillo y que sonara "lo más anónimo posible". Y resulta que, siendo un ávido observador de aves, tenía un libro de ornitología titulado "Aves de las Indias Orientales", cuyo autor tenía exactamente el nombre que estaba buscando: James Bond. Sencillo, modesto y, sobre todo, de solidez anglosajona.
Cuando las primeras aventuras de James Bond debutaron en las páginas de "Casino Royale" en 1953, el espía británico no era otro personaje ficticio. En un mundo marcado por la tensión entre Oriente y Occidente, Bond representaba la fuerza, la inteligencia y el heroísmo que muchos anhelaban. Era un personaje que podía enfrentar cualquier desafío y salir victorioso, ofreciendo a los lectores una dosis de escapismo y adrenalina.
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