Una tasa política, no de mercado
Para los analistas de 1816, el problema no es solo técnico: el nuevo esquema quedó atrapado en una dinámica donde el mercado testea cuán lejos puede llegar antes de que aparezca una reacción oficial. La flotación prometida terminó siendo, en la práctica, un sistema que opera por ensayo y error, donde cada suba del dólar o cada caída de tasas obliga a recalcular.
En ese marco, la tasa de interés dejó de ser una variable monetaria para transformarse en una herramienta política de contención. Ya no refleja oferta y demanda de pesos, sino el grado de urgencia del Gobierno por frenar el traslado a precios o evitar un salto cambiario descontrolado.
Curva invertida, expectativas desordenadas
La curva de Lecaps y Boncaps muestra una anomalía persistente: los instrumentos más cortos ofrecen rendimientos altísimos —por encima del 70% TNA— mientras que los bonos a más de seis meses apenas superan el 35%. Esta pendiente invertida refleja el escepticismo del mercado sobre la capacidad del Gobierno de sostener este esquema en el tiempo.
Este rendimiento extra se pareciera que se produce única y exclusivamente para contener a un dólar MEP que cotiza en $1.263,68 y un CCL en $1.269,45, con brechas que, aunque menores que semanas atrás, siguen mostrando que el tipo de cambio libre se mueve con desconfianza.
La relación MEP-CCL es prácticamente nula, lo que confirma que no hay desarbitraje posible y que el mercado está sin señales claras.
Sin moneda, sin tasa y sin ancla
Los informes de SBS y 1816 coinciden en que la economía aún no está lista para convivir con un esquema de tasas libres. Ni hay remonetización, ni se estabilizó la inflación, ni existe hoy un marco normativo capaz de contener expectativas. La eliminación de las LEFI dejó al sistema a la intemperie y sin instrumentos automáticos para absorber shocks.
Por ahora, la tasa sube porque el mercado desconfía, y baja solo cuando el BCRA pisa fuerte.
En este contexto, la tasa no es endógena: es reactiva. Y lo más preocupante es que el ancla nominal de la política económica —el tipo de cambio oficial— empieza a crujir por presión externa. En este contexto, la tasa no es endógena: es reactiva. Y lo más preocupante es que el ancla nominal de la política económica —el tipo de cambio oficial— empieza a crujir por presión externa.
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