En marzo, el percentil 25 se ubicó en 20%, la mediana quedó en 30% y el percentil 75 alcanzó 50%, con un rango intercuartil de 30 puntos que no mostró cambios frente al mes previo. Traducido a lenguaje llano, el mercado de expectativas de los hogares sigue partido, con una diferencia muy marcada entre quienes creen que la nominalidad bajará más rápido y quienes todavía ven un escenario bastante más áspero.
Marzo dejó una señal menos cómoda
El punto más incómodo del informe apareció en la medición de corto plazo. Para los próximos treinta días, la inflación esperada a nivel nacional se ubicó en 4% según el promedio y en 3% según la mediana.
La comparación con febrero deja un matiz menos alentador, porque el promedio subió desde 3,65% mientras la mediana permaneció estable. La comparación con febrero deja un matiz menos alentador, porque el promedio subió desde 3,65% mientras la mediana permaneció estable.
Los hogares parecen ver una desaceleración más visible cuando miran a doce meses que cuando observan el mes siguiente. Esa diferencia entre el horizonte largo y el cortísimo plazo resulta relevante, porque sugiere que todavía persisten dudas sobre la capacidad de sostener una baja ordenada y lineal en los precios más inmediatos, que son justamente los que impactan con mayor fuerza sobre el humor social y sobre las decisiones cotidianas de consumo.
La Universidad Di Tella remarca que esta pregunta mensual, incorporada desde mayo de 2023, suele tener una tasa de respuesta más alta que la anual porque, en un contexto de incertidumbre, a las personas les resulta más sencillo estimar lo que creen que ocurrirá en el corto plazo.
El hecho de que esa medición haya subido en marzo marca que el optimismo sigue siendo parcial. El hecho de que esa medición haya subido en marzo marca que el optimismo sigue siendo parcial.
El AMBA continúa arriba del Interior
La baja en la inflación esperada se verificó en las tres regiones relevadas, aunque con diferencias claras en magnitud y en nivel. La Ciudad de Buenos Aires encabezó la tabla con una expectativa promedio de 36,1%, seguida por el Gran Buenos Aires con 35,7%, mientras que el Interior quedó sensiblemente más abajo, en 32,0%.
La mayor corrección se dio en el GBA, donde el promedio cayó desde 39,4% hasta 35,7%, una contracción de 3,7 puntos porcentuales que fue, por amplio margen, la más intensa del mes. En el Interior, la baja fue de 1,9 puntos, al pasar de 33,9% a 32,0%. En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en cambio, la reducción fue mucho más tenue, desde 36,8% hasta 36,1%.
La brecha por ingresos se agrandó
Otro dato que sobresale del relevamiento es el comportamiento de las expectativas según nivel de ingresos, aproximado a partir del nivel educativo. En los hogares de mayores ingresos, la inflación esperada promedio cayó de 35,4% a 32,9%.
En los hogares de menores ingresos, también bajó, aunque bastante menos, desde 36,3% hasta 35,2%. En los hogares de menores ingresos, también bajó, aunque bastante menos, desde 36,3% hasta 35,2%.
Como resultado, la brecha entre ambos segmentos se amplió de 0,9 puntos porcentuales en febrero a 2,3 puntos en marzo. El número merece atención porque muestra que la mejora en las expectativas no está siendo percibida con la misma intensidad por todos los sectores.
Los hogares con menos recursos siguen viendo una inflación futura más alta que los de mayores ingresos, algo que suele estar vinculado a una experiencia cotidiana más expuesta a bienes esenciales y a menores márgenes para absorber aumentos.
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