A partir de ahora, las tasas pasarán a ser endógenas, es decir, surgirán de la interacción entre oferta y demanda de pesos en diferentes mercados: caución bursátil, préstamos interbancarios, rendimientos de Lecap de corto plazo y tasa TAMAR.
Cada una de ellas reflejará en tiempo real las expectativas inflacionarias, las condiciones de liquidez, y la dinámica del crédito. Cada una de ellas reflejará en tiempo real las expectativas inflacionarias, las condiciones de liquidez, y la dinámica del crédito.
Los bancos, obligados a repensar su liquidez
La eliminación de las LEFI, que operaban como un “colchón” de liquidez y como piso mínimo para las tasas de interés, obliga a las entidades financieras a repensar su estrategia de administración de excedentes. Ya no podrán simplemente estacionar su dinero en el BCRA; ahora deberán elegir entre colocar en Lecap, ir al mercado de caución, o prestar entre bancos.
Todas estas alternativas presentan limitaciones operativas o fiscales que pueden generar fricciones y cuellos de botella, especialmente en la transición. Todas estas alternativas presentan limitaciones operativas o fiscales que pueden generar fricciones y cuellos de botella, especialmente en la transición.
Además, la ausencia de una ventanilla de pases activos agrava la situación para aquellos bancos que enfrenten déficit de liquidez. En este nuevo esquema, los desequilibrios intradiarios o inesperados podrían volverse más costosos o incluso quedar sin cobertura, elevando la volatilidad en el sistema.
Expectativas de evolución de las tasas
La dinámica de tasas de interés en este nuevo contexto tenderá, al menos en una primera etapa, a la baja. Varios factores apuntan en esa dirección:
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Migración forzada desde LEFI hacia Lecap: al desaparecer el piso que marcaba la tasa de política monetaria, el rendimiento de las Lecap comenzará a comprimirse.
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Demanda adicional por parte de los bancos: al ser las Lecap uno de los pocos instrumentos disponibles para colocar liquidez, crecerá la presión compradora sobre sus títulos.
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Reconfiguración de los Fondos Comunes de Inversión: muchos FCI del segmento Money Market comenzarán a migrar hacia alternativas T+1, buscando compensar la caída del rendimiento de corto plazo.
En términos reales, esta compresión de tasas será más evidente en la medida en que se consolide el proceso de desinflación. Ya en junio, los datos de alta frecuencia muestran una inflación de 1,7% mensual, consistente con una proyección de 1,75% m/m para el mes completo.
Si la tendencia continúa durante el segundo semestre de 2025, las tasas reales ex post se ubicarán en niveles más bajos que los actuales. Si la tendencia continúa durante el segundo semestre de 2025, las tasas reales ex post se ubicarán en niveles más bajos que los actuales.
Una transición sin emisión
El Tesoro, en paralelo, colabora con este nuevo esquema monetario evitando inyectar pesos al sistema. Desde la emisión del Bonte 2030, se colocaron $13,2 billones en deuda frente a vencimientos por $12,4 billones, lo cual permitió adquirir divisas por US$1.500 millones sin expandir la base monetaria.
De hecho, el financiamiento neto en pesos de estas dos licitaciones fue de apenas $800.000 millones, monto que será neutralizado con la recompra de bonos al BCRA por $1,2 billones.
Así, el esquema monetario actual restringe de facto la emisión, consolidando una política de base monetaria casi fija. Así, el esquema monetario actual restringe de facto la emisión, consolidando una política de base monetaria casi fija.
Tasas a la baja para acompañar la desinflación
La combinación de equilibrio fiscal, nula emisión monetaria y tasas endógenas lleva a proyectar un descenso paulatino pero sostenido de las tasas de interés reales.
En este nuevo sistema, el BCRA ya no fija una tasa explícita, sino que permite que el mercado determine el nivel de precios del dinero en función de las expectativas de inflación, la liquidez del sistema y la dinámica del crédito. En este nuevo sistema, el BCRA ya no fija una tasa explícita, sino que permite que el mercado determine el nivel de precios del dinero en función de las expectativas de inflación, la liquidez del sistema y la dinámica del crédito.
Este cambio estructural no está exento de riesgos: la transición podría generar estrangulamientos de liquidez o desequilibrios operativos, especialmente si el sistema no se adapta con la suficiente rapidez.
Sin embargo, si la inflación continúa desacelerándose y el sistema se estabiliza, la menor tasa de interés real será una consecuencia natural de una política monetaria más ordenada y previsible. Sin embargo, si la inflación continúa desacelerándose y el sistema se estabiliza, la menor tasa de interés real será una consecuencia natural de una política monetaria más ordenada y previsible.
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