De esta manera, el default quedó formalizado y obliga a las empresas a renegociar con los acreedores.
Consentimientos bajo presión
En un intento por ganar tiempo, GEMSA había lanzado una solicitud de consentimiento para modificar los términos de las ONs Clases XVII, XVIII y XIX.
El resultado fue mixto, pero suficiente: consiguió el aval del 83,36% de los tenedores de la Clase XVII, del 76,22% en la Clase XVIII y del 100% en la Clase XIX. El resultado fue mixto, pero suficiente: consiguió el aval del 83,36% de los tenedores de la Clase XVII, del 76,22% en la Clase XVIII y del 100% en la Clase XIX.
A cambio, los acreedores recibirán pagos de entre $0,2811 y $0,2830 por cada unidad de valor nominal, montos que reflejan la magnitud de la crisis de liquidez.
Un escenario más que complejo
La concatenación de incumplimientos muestra un cuadro de creciente fragilidad financiera dentro del grupo. Los defaults no se limitan a un episodio aislado sino que se encadenan, comprometiendo distintas filiales y series de deuda. Para el mercado, esto implica que la capacidad de rollover del grupo está prácticamente cerrada y que cualquier estrategia futura dependerá de acuerdos forzosos con acreedores.
La narrativa de “priorizar la operación y proteger a los acreedores” convive con la realidad de que los pagos no se concretan.
Cada nuevo evento de default erosiona la credibilidad de Albanesi y expone al sector energético argentino a un mayor costo de financiamiento. Cada nuevo evento de default erosiona la credibilidad de Albanesi y expone al sector energético argentino a un mayor costo de financiamiento.
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