Finalmente, en el extremo del régimen, las cifras rozan o superan el millón de pesos mensuales. La categoría J establece pagos de $999.007,65 para servicios y $497.059,41 para bienes, mientras que la categoría K —la más alta— llega a $1.381.687,90 en servicios y $600.879,51 en comercio.
El diferencial entre actividades se mantiene como una constante. Quienes prestan servicios pagan sistemáticamente más que quienes venden bienes, debido a la composición del impuesto integrado y los aportes previsionales.
Este nuevo cuadro tarifario implica que, desde la categoría E en servicios y desde la F en bienes, los monotributistas ya enfrentan cuotas superiores a los $100.000 mensuales. La actualización, alineada con la evolución del índice de precios, no solo eleva las cuotas sino también los topes de facturación, lo que permite a más contribuyentes permanecer dentro del régimen, aunque a un costo considerablemente mayor.
En este contexto, el Monotributo continúa siendo una herramienta clave para la formalización, pero el incremento sostenido de las cuotas abre interrogantes sobre su conveniencia económica, especialmente para quienes se ubican en las escalas más altas.
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