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Alimentos y bebidas, y vestimenta: Al ser rubros que mostraron mayor moderación reciente, su menor peso relativo termina elevando el promedio general ante la suba de servicios, confirman analistas económicos
Los datos son positivos pero no suficientes
Sin embargo, desde Econviews e Invecq expresaron prudencia y advirtieron que los datos positivos aún no alcanzan para asegurar que el proceso inflacionario esté controlado.
El repunte de alimentos aparece después de un dato de mayo que había sido leído como una señal positiva por el mercado. El INDEC informó una inflación mensual de 2,1%, con una desaceleración de 0,5 puntos porcentuales respecto de abril y un acumulado interanual de 33,2%.
La baja del índice general estuvo explicada, en buena parte, por la moderación de los precios regulados. Ese componente, que había corrido cerca del 5% en marzo y abril, descendió a 2,4% en mayo y redujo su incidencia sobre el IPC. También hubo una mejora en la inflación núcleo, que excluye precios regulados y estacionales. Ese indicador se ubicó en 1,9% mensual, el nivel más bajo del año y una señal de menor inercia en la tendencia de fondo.
Pero la foto no fue completamente lineal. Los precios estacionales jugaron en contra y marcaron una suba de 3,5%, impulsados especialmente por las verduras, que treparon casi 19% en el Gran Buenos Aires. A nivel de divisiones, las mayores alzas de mayo se registraron en Comunicaciones, Educación y Recreación y cultura.
Los focos de tensión
Para los próximos meses, la consultora económica LCG también espera que la inflación se mantenga en torno al 2% mensual, apoyada en el ancla cambiaria, la apertura comercial y una actividad económica que todavía no genera presiones fuertes de demanda.
De todos modos, la consultora advierte que la continuidad del proceso de desinflación dependerá de algo más que la disciplina fiscal y monetaria. La coordinación de expectativas, la dinámica de las remarcaciones y el calendario de ajustes pendientes serán claves para evitar nuevos saltos en el índice.
Entre los principales riesgos aparecen las actualizaciones tarifarias, los combustibles y la evolución del tipo de cambio desde julio. En ese marco, la proyección de inflación para diciembre de 2026 se mantiene en un rango de 31% a 33% anual.
Los combustibles
En cuanto a los combustibles, si bien la actual caída en la cotización internacional del petróleo generó expectativas en los consumidores sobre una posible baja en los valores de la nafta y el gasoil, los analistas y los principales actores del mercado energético advierten que este descenso no se trasladará a los surtidores locales en el corto plazo.
La dinámica de precios internos responde a una lógica de compensación por los desajustes acumulados durante los meses previos.
Actualmente, el barril de crudo Brent -la referencia internacional que rige al mercado local- cotiza en torno a los US$83, un valor que representa el nivel más bajo registrado en los últimos tres meses. La contracción se consolidó tras los recientes anuncios de un acuerdo provisional de paz entre Estados Unidos e Irán, el cual contempla la reapertura estratégica del estrecho de Ormuz y descomprime la oferta global.
Este escenario de alivio dista del pico histórico alcanzado semanas atrás a raíz del recrudecimiento de las tensiones bélicas en Oriente Medio. Durante el punto más álgido del conflicto, el temor al desabastecimiento y los bloqueos marítimos dispararon el precio del crudo, que llegó a tocar un techo cercano a los US$126 por barril a fines de abril. Esa escalada encareció de manera drástica los costos de producción a nivel global.
Las noticias de la política internacional en las últimas dos semanas comenzaron a desinflar el precio del crudo, y lentamente se acerca a los valores vigentes al día previo al primero de los ataques ya que el viernes 27 de febrero el Brent se negociaba a US$72,50 el barril.
El contexto bélico llevó a que las petroleras locales convalidaron inicialmente un aumento superior al 20%, pero rápidamente se enfrentaron a una encrucijada de mercado. Para evitar trasladar la totalidad de esa suba al surtidor -lo que habría provocado un impacto inflacionario insostenible y una sensible caída de las ventas-, las compañías decidieron absorber de manera voluntaria el desfasaje de costos.
Al no indexar los combustibles directamente a los picos de US$120, se generó una deuda interna entre el costo real del crudo y el precio de venta al público. Por ello, las empresas del sector afirman que el precio actual en los surtidores todavía arrastra un atraso frente a la paridad de importación, y por ello también la actual baja internacional a US$83 no se traduce en un abaratamiento de la nafta.
Las refinadoras locales utilizarán este período de crudo más barato para equilibrar sus balances y compensar el saldo negativo que dejó la política de contención previa. Los analistas estiman que este proceso de regularización demandará un mínimo de dos meses bajo las condiciones vigentes.
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