Los cambios en la línea de indigencia y de pobreza
De acuerdo con el informe difundido por el INDEC, un adulto equivalente necesitó en mayo $220.468 para cubrir la Canasta Básica Alimentaria, mientras que una familia tipo de cuatro integrantes requirió $681.246 para no caer por debajo de la línea de indigencia. A su vez, la Canasta Básica Total (CBT), que además incorpora bienes y servicios no alimentarios y determina la línea de pobreza, ascendió a $1.498.741 para ese mismo hogar.
Los números muestran que, pese al proceso de desaceleración inflacionaria que impulsa la administración de Javier Milei como principal bandera económica, los alimentos continúan ejerciendo presión sobre el presupuesto familiar.
La CBA acumula un aumento de 15,6% en los primeros cinco meses de 2026 y una suba interanual de 36,2%, mientras que la CBT registra incrementos de 14,5% y 34,9%, respectivamente. Ambas por encima del IPC general, que presenta una suba acumulada de 14,7% e interanual del 33,2%.
El peso de los alimentos en el bolsillo de los hogares
La situación resulta particularmente sensible porque los alimentos representan la mayor parte del gasto de los hogares de menores ingresos. Cuando la comida aumenta por encima del promedio, el impacto distributivo es regresivo: quienes menos tienen destinan una proporción cada vez mayor de sus ingresos a cubrir necesidades básicas.
Desde el Gobierno destacan la reducción de la inflación mensual, que bajó desde el 2,6% de abril al 2,1% en mayo. Sin embargo, los datos de la canasta básica muestran que la mejora macroeconómica todavía no se traduce plenamente en alivio para las familias. El hecho de que la canasta alimentaria crezca por encima del IPC implica que el proceso de desinflación no avanza de manera homogénea.
¿Celebrar el descenso de la inflación núcleo es suficiente?
Incluso cuando la inflación núcleo, que registra el aumento de precios de productos sin estacionalidad y regulados, fue de 1,9%, en la calle se convive con otra realidad. Siempre se festeja un descenso en la inflación núcleo, porque marca una tendencia positiva. Sin embargo, el hecho de que productos estacionales hayan aumentado 3,5% mensual, incluidas las verduras, repercute directamente en el bolsillo de las familias.
Idealmente, nadie dejaría de comer verduras todo un mes. Los regulados, como servicios de electricidad, agua y combustible, aumentaron 2,5%. ¿Alguien le puede pedir a la gente que compre velas y se bañe en seco?
Si los productos indispensables para comer continúan subiendo a mayor velocidad que el promedio, la sensación de alivio económico difícilmente llegue a los sectores medios, que cada vez reúnen a más argentinos. El GCABA publicó que para ser de clase media en la Ciudad, una familia tipo necesita un ingreso de al menos $2.450.044,54, un monto bastante alto considerando que el salario medio es de la mitad.
En ese contexto, los datos de mayo dejan una señal de advertencia para la Casa Rosada. La inflación puede desacelerarse en los indicadores generales, pero mientras el costo de la alimentación siga creciendo por encima del promedio, la recuperación del poder adquisitivo continuará siendo una promesa pendiente para gran parte de la sociedad argentina.
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