Un achicamiento de las unidades de gestión, de dirección de las empresas públicas. Menos directores, menos gasto de funcionario político y más gestión. Control de la oposición. Un achicamiento de las unidades de gestión, de dirección de las empresas públicas. Menos directores, menos gasto de funcionario político y más gestión. Control de la oposición.
Si funcionara resultaría ir más lejos de las reformas del Estado que propusieron Raúl Alfonsín cuando creó aquel DEP (Directorio de Empresas Públicas), con Horacio Losoviz y Rodolfo Terragno, en el final de su mandato presidencial y en una situación macroeconómica muy difícil; y más allá de las consignas de la Ley de Reforma del Estado, de Carlos Menem que redactaron José Roberto Dromi, Rodolfo Barra y Juan Carlos Cassagne, entre otros.
La diferencia es que en ambos casos la prioridad fue el gasto público: reformular el Estado para bajar el déficit fiscal. Y lo que deslizó Massa es reformular el Estado para que sea moderno. La lógica es diferente, en especial frente a los colectivos involucrados y los que se opondrán porque tienen intereses particulares. Veremos cómo sigue 'el día después'.
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