Una inflación desbocada y un real en caída libre
La inflación sigue fuera de control. En 2024, el Índice de Precios al Consumidor cerró en 4,83 %, por encima del techo de la meta oficial (4,5 %) y con un avance preocupante respecto de 2023 (4,62 %). Las causas son claras: una disparada en el precio de los alimentos, producto de un clima adverso que arrasó con cultivos y pastizales, y una devaluación del real que encareció importaciones y golpeó aún más el bolsillo de los brasileños.
El Banco Central insiste con su objetivo de inflación del 3 %, con un margen de tolerancia de 1,5 puntos, pero el mercado ya dio su veredicto: no hay chances de que se cumpla. En apenas una semana, los economistas elevaron sus proyecciones para 2025, llevándolas de 5,08 % a 5,5 %, una señal inequívoca de que la crisis de precios está lejos de ceder.
En el frente cambiario, el panorama es igual de preocupante. El real se desplomó un 27,35 % en 2024, firmando su peor desempeño desde la catástrofe de 2020, en plena pandemia. Aunque en las últimas jornadas la moneda recuperó algo de terreno, los analistas son categóricos: la tendencia es bajista y el dólar podría cerrar el año en 6 reales.
Brasil, atrapado en su propio laberinto
Con la inflación descontrolada y el dólar disparado, los economistas ya ponen la lupa en la tasa Selic, que podría llegar al 15 % anual en los próximos meses. De concretarse, se trataría del nivel más alto desde abril de 2006, en un intento desesperado por anclar expectativas y frenar la corrida cambiaria.
El problema es que este endurecimiento monetario lleva la actividad económica al borde del abismo.
Mientras el Gobierno de Lula reclama una política menos agresiva para evitar un freno en el consumo y la inversión, el Banco Central no tiene margen para ceder si no quiere perder lo poco que le queda de credibilidad.
La realidad es que Brasil quedó atrapado en su propio laberinto económico. La realidad es que Brasil quedó atrapado en su propio laberinto económico.
Con una inflación que no cede, un dólar que sigue su propia inercia alcista y tasas en niveles estrangulantes, el desafío es encontrar un equilibrio entre la estabilidad de precios y la reactivación económica. El margen de error es cada vez más chico y el tiempo, cada vez más corto.
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