Solo este mes, Huang vendió aproximadamente US$15 millones en 100.000 acciones. Cabe destacar que, pese a estas ventas, mantiene la mayor parte de su paquete accionario, estimado en más de US$126.000 millones según Forbes.
Expertos, como Ben Silverman de VerityData, apuntan que Huang esperó a que la acción superara los US$150 antes de realizar las ventas, aprovechando el repunte.
Otros ejecutivos y directorio: acciones y ventas
No solo Huang vendió. Mark Stevens, miembro del directorio y ex socio de Sequoia Capital, emitió órdenes de hasta 4 millones de acciones, de las cuales $288 millones ya fueron vendidas; el total planificado asciende a $550 millones.
Asimismo, Jay Puri (Vicepresidente ejecutivo de Operaciones Mundiales) vendió acciones por US$ 25 millones, mientras Tench Coxe y Brooke Seawell liquidaron US$143 millones y US$48 millones, respectivamente, durante junio.
Este patrón sigue la tendencia de permitir a ejecutivos monetizar parte de sus acciones tras años de apreciación, sin necesariamente reflejar falta de confianza en la compañía.
Desempeño financiero de Nvidia
La compañía reportó ingresos por US$ 26.000 millones en el primer trimestre del 2025—un incremento de 262% anual—con el segmento de centro de datos generando US$ 22.600 millones, un alza del 427% interanual.
Nvidia dispone además de una infraestructura fuertísima con su plataforma Blackwell, cuyos envíos están agotados para todo 2025, consolidando su posición dominante.
Aunque el auge de Nvidia se ha visto templado por restricciones a las exportaciones de chips H2O a China, que provocaron una provisión por US$ 4.500 millones en el primer trimestre, el optimismo ante posibles acuerdos comerciales impulsó un fuerte rebote tras el mínimo de abril, según AInvest.
La evolución del entorno geopolítico y regulatorio será clave para su cotización futura.
Las ventas internas por más de US$ 1.000 millones reflejan principalmente la monetización de beneficios por parte de ejecutivos que mantienen gran parte de su riqueza en acciones de Nvidia. Aunque estructuradas y transparentes, plantean interrogantes sobre los valores extremos alcanzados.
El futuro dependerá de la capacidad de Nvidia para sostener su liderazgo en chips de IA, mitigar riesgos regulatorios y adaptarse a un entorno global cada vez más complejo. Para los inversores, la clave será equilibrar la exposición al fuerte crecimiento de la IA con estrategias de gestión de riesgos adecuadas.