Allí, considera que "una hiperinflación es fácilmente identificable en un país cuando se observa una gran cantidad de ceros en su numerario. Por ejemplo, el recordado austral, caracterizado por tener cada valor el rostro de un presidente en su anverso llegó a contar con un billete de medio millón y menos mal que fue reemplazado en su circulación porque a raíz de la hiperinflación se corría el riesgo de que empezaran a aparecer temibles presidentes “de facto” en la moneda. Las remarcaciones de precios son muchas veces aún más frecuentes que semanales. El cobro de los salarios también puede ser varias veces al mes (no lo fue en el caso argentino) porque de otra manera, termina siendo imposible alimentarse. La huída de la moneda es terminal, perforando la demanda de dinero aunque más no sea la de motivos transaccionales piso tras piso.
Surge claro entonces que un proceso como el actual de tasas de inflación del 55% anual si bien alcanza niveles elevadísimos, dista notablemente de alcanzar niveles hiperinflacionarios. Debería haber una tasa inflacionaria de 55% mensual para que se pueda hablar de hiperinflación".
Sin embargo, esto alteró los ánimos de monetaristas como el caso de Diego Giacomini, quien salió al cruce también consultores en general por los pésimos pronósticos que han realizado hasta el momento: "hay que cambiar la metodología y la moral en la Consultoría argentina. La inflación 2020 será mayor que la inflación 2019. 2020 será el AÑO DE LOS TRES DÍGITOS".