Incluso, la propia vicepresidenta Cristina Fernández le reclamó relanzar la economía para "no desordenarle más la vida a la gente". Hipocresía, claro está, pero genera mucha indignación que ahora el presidente se muestre indignado ante los acreditados de Casa Rosada por algo que está en sus manos, que no decide y que no presenta un plan de salida. Lo único que pide son controles pero bien sabe que eso no es más que un pequeño parche para amortiguar pero así no desaparece la inflación, que licúa los salarios y profundiza la pobreza.
Las consultoras advierten que la disparada de precios en los primeros quince días de diciembre fue mayor al 3% y se espera un promedio mensual por encima del 4%, casi 5%.
Pero la cosa no termina ahí: en enero se viene otro aumento de combustibles, tal como informó Urgente24 ayer (17/12), y a partir de marzo comienzan se suman los aumentos de tarifas. ¿Alguien cree que eso terminará bien? No inspira demasiada confianza este equipo económico como para ser optimista.
En definitiva, el único que se beneficia con esta inflación y una brecha cambiaria es el Estado Nacional porque aumenta su recaudación (y no baja el gasto):