Dagong Global Credit Rating, una firma con sede en Pekín, anunció la semana pasada una sociedad con Egan-Jones, una pequeña agencia estadounidense, y con la rusa RusRating.
Entre sus grandes planes está estructurar un nuevo sistema internacional de calificación crediticia que "refleje a las leyes que rigen el desarrollo de nuestra economía basada en el crédito y que represente los intereses comunes de la humanidad".
La empresa, que se llamará Universal Credit Ratings Group, tendrá su sede en Hong Kong.
Se unirá a Chengxin, de China, la agencia de calificación más antigua del país, la cual abrió en agosto una unidad internacional en el exterritorio británico.
El director de Chengxin, Philip Li declaró: "Creemos que a los inversionistas les gustaría ver más opciones".
Hablando desde su recién ocupada oficina de Hong Kong, en el distrito financiero de la ciudad, Li dice que la expansión internacional de Chengxin comenzará poco a poco. La compañía comenzará por evaluar la deuda emitida por empresas chinas en Hong Kong, usando sus conexiones con corporaciones chinas en un intento de obtener una ventaja sobre sus contrapartes internacionales.
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Li también cree que las empresas no chinas emisoras de deuda en Hong Kong van a querer una calificación de Chengxin para ser atractivas a los ojos de los fondos de inversión chinos que están empezando a mirar más allá de sus propias fronteras.
"Este es nuestro primer nicho", dijo y añadió que "en China, ya hemos evaluado a más de 9.000 empresas y bancos en los últimos 20 años, así que creo que a los inversionistas chinos les gustaría que nuestro nombre aparezca en los enlaces, también como una agencia internacional".
Deseoso de diferenciarse, Li dice que la unidad internacional adoptará un enfoque diferente al de su empresa matriz.
En términos generales, explicó que las agencias de calificación chinas prestan más atención al "análisis cualitativo" -centrándose es aspectos la política gubernamental, el entorno político y la gestión empresarial- en lugar de los duros cálculos numéricos del desempeño financiero de la entidad.
Por ejemplo, una empresa china que no es rentable puede recibir una sólida calificación crediticia si se considera que tiene respaldo del Estado y por tanto puede recibir un rescate del gobierno si algo sale mal.
"En el mercado internacional, los inversionistas internacionales no enfatizan en el análisis cualitativo”, agregó.
Al igual que Moody's, Fitch y S&P, Chengxin hace su dinero de los pagos de las empresas emisoras de deuda. Los críticos de este modelo dicen que genera un conflicto de intereses y que las agencias de clasificación fallaron ampliamente por no predecir la crisis financiera global.
"La posición clara de proteger los intereses del país con la mayor deuda ha privado al actual sistema de calificación de la debida independencia", dijo Guan Jianzhong, presidente de Dagong Global Credit Rating e indicó que "el nivel de imparcialidad en la calificación crediticia determinará el futuro de la economía mundial".
Dagong llamó inicialmente la atención cuando rebajó la calificación soberana del gobierno de USA en 2010, un año antes de que S&P hiciera lo mismo. También se le ha denegado el permiso para operar en USA.
Dagong dio pocos detalles sobre qué tipo de modelo de negocio usaría la empresa, dándole un plazo de cinco años para formular un nuevo sistema internacional de calificación crediticia.
El martes 30/10, S&P redujo la calificación de la deuda argentina de B a B-, con panorama negativo, tras una serie de fallos legales y decisiones internas que según la agencia elevaron la percepción de riesgo sobre las finanzas del país.
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El miércoles, Fitch colocó la calificación de deuda de Argentina en revisión para una posible baja.
Luis Palma Cané, economista argentino especializado en mercados internacionales, no duda en calificar a las agencias como “ profetas de lo obvio”.
"Las calificadoras de riesgo se crearon por allá en los años 80, con el objetivo de pronosticar escenarios de riesgos a futuro para compañías o estados", expresó el economista desde Buenos Aires a BBC Mundo.
Asimismo, sostuvo que "esto ya de por sí nació mal porque hubo de entrada un conflicto de intereses: quien quería ser calificado era el mismo ente jurídico que le pagaba al calificador, eso no debería ser".
“Más allá de ese conflicto de intereses, que nunca se solucionó, esto se fue degenerando básicamente porque las agencias calificadoras, desde mi punto de vista, perdieron mucho nivel intelectual”, completó
También, opinó que “las calificadoras deberían anticipar riesgos, no sacar una fotografía de una realidad del momento” y manifestó que “no se necesita tener mucha sabiduría para saber que Argentina está con un riesgo muy grande. A mí lo que me interesa que me digan es qué va a pasar en la Argentina de aquí a cinco años que, en realidad, para eso fueron hechas las calificadoras”.
"En su momento ninguna calificadora advirtió acerca de la burbuja inmobiliaria de USA o de la crisis financiera de 2008-2009”, indicó.
Además, aclaró que “no cambia nada con que venga una calificadora de China. No cambia nada que sea de China, de Japón, de Turquía. Para mí es lo mismo: los mecanismos de medición ya existen, ya están estudiados. Eso se enseña en las universidades, tampoco es descubrir la cuarta dimensión”.