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En Brasil se viene el "carro popular".
El piso que busca alcanzar el Gobierno federal es que los autos de entrada cuesten por debajo de los 12 mil dólares. Para ello, habrá incentivos para las fábricas que logren marcar esos precios de venta al público.
"Vamos a trabajar para la generación de empleos y para tener autos más accesibles", señaló Lula Da Silva en la presentación. Y si bien podría ser una buena noticia para la región por la posible llegada de autos más baratos a mercados devastados como el de Argentina, el panorama pinta adverso.
Dentro del plan brasileño, los requisitos para las fábricas podían comprender un porcentaje alto de integración de piezas brasileñas. Eso podría terminar penalizando con altos impuestos a vehículos importados, como los argentinos, que competirán en gran desventaja con sus pares locales en precio.
Un escenario como ese pondría en jaque la producción argentina y de la región, siendo que Brasil es el principal mercado de exportación. Autos como el Fiat Cronos y el Peugeot 208 Like 1.0, que fueron pensados para ser autos accesibles, podrían quedar por encima por cuestiones de integración de piezas.
Eso, sumado a la imposibilidad de inyectar una gran cantidad de vehículos en un mercado local deprimido cercenado por la falta de importaciones podría desatar una tormenta perfecta, aún teniendo en cuenta que los mercados de ambos países constituyen un mismo ecosistema.