Y dentro de este conjunto heterogéneo, las frutas y hortalizas emergen como protagonistas indiscutidos, ocupando el segundo lugar en generación de empleo agroindustrial, con más de 450.000 trabajadores involucrados en su cadena.
Así, fuera de los centros financieros, en campos, quintas, chacras y huertas, en empacadoras, mercados concentradores y transportes refrigerados, se mueve un verdadero ejército productivo que cada día asegura el abastecimiento de frutas y verduras frescas.
La analogía futbolera
Es el "PSG del empleo agroindustrial", menciona FADA en el informe, donde hace una analogía futbolera al comparar cadenas productivas con clubes del Mundial de Clubes de la FIFA.
Cuando se celebró el primer Mundial de Clubes con el nuevo formato de la FIFA, FADA utilizó una llamativa analogía con el fútbol para ilustrar la magnitud del empleo agroindustrial. Si cada trabajador fuera un espectador, los más de 4,2 millones de empleados del agro llenarían 51 estadios MetLife, como el que albergó la final del torneo en Estados Unidos.
Las frutas y hortalizas, con sus 450.000 empleos, ocuparían por sí solas más de 5 estadios repletos. En esta copa del trabajo, la carne vacuna se quedó con el título de campeón (más de 500.000 empleos), mientras que frutas y verduras se consagraron como subcampeonas, seguidas por el trigo, con más de 400.000 puestos.
"Estamos acostumbrados a pensar en el campo solo como productor de alimentos, pero cada uno de esos alimentos involucra una red extensa de trabajadores. Desde quien planta una lechuga en el norte hasta quien la vende en una verdulería en el conurbano, todos forman parte de una rueda de empleo que no para de girar", afirma Nicolle Pisani Claro, economista jefa de FADA.
¿Es el campo un gran productor de empleo?
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Pues, según el informe, va más allá del campo, ya que el trabajo agroindustrial no se agota en éste. De hecho, los datos revelan una fuerte presencia en áreas urbanas: Según el informe, del total de empleos generados por el agro, el 33% corresponde a la producción primaria (fincas, campos, tambos, etc.), 27% al comercio, 22% a la industria de procesamiento, 9% a servicios conexos (sanidad, contabilidad, ingeniería, etc.), 5% al transporte y logística, y 4% a la fabricación de insumos y maquinaria agrícola.
Esto significa que por cada fruta que llega al supermercado, hay múltiples eslabones trabajando en su producción, empaque, conservación, transporte, comercialización y gestión. "Es casi imposible mirar a nuestro alrededor y no toparnos con productos que provienen del campo y que también generan empleos en las ciudades", dijo Antonella Semadeni, economista de FADA.
Un solo tomate en la góndola puede haber pasado por las manos de un huertero del NOA, un empaquetador del cinturón verde de Mendoza, un transportista del Gran Rosario, un operador de cámara frigorífica y finalmente, un comerciante de barrio en el AMBA.
Incluso, detrás de un asado, hay un productor ganadero, los que fabricaron las máquinas para sembrar el alimento para el ganado, los operarios de los frigoríficos, los camioneros, los carniceros, los trabajadores del mercado, los empleados de supermercados, y así sucesivamente.
Y detrás de la ensalada del asado, hay huerteros que cultivan las verduras, recolectores, clasificadores, transportistas, empleados de verdulerías, entre otros.
Claro que también es cierto que la cadena frutihortícola muchas veces opera en condiciones más informales o con menores niveles de tecnificación, pero tiene un enorme potencial para generar empleo genuino y de calidad, especialmente en regiones donde otras actividades industriales no tienen presencia.
Frutas y hortalizas tiene potencial para ser campeón
En la división de empleos por rubros, las frutas y hortalizas pertenecen al segmento de "economías regionales", que en conjunto representan el 29,1% del empleo agroindustrial, apenas por detrás del sector de granos y forrajeras (31%).
Dentro de las cadenas regionales, frutas y verduras tienen un rol central, no sólo por su volumen de empleo, sino también por su capacidad de generar mano de obra intensiva en zonas con escasas alternativas productivas.
En muchos pueblos y regiones, especialmente del NOA y NEA, estas actividades son una fuente clave de arraigo y desarrollo. En provincias como Mendoza, Salta, Tucumán, Corrientes y Río Negro, la fruticultura y horticultura sostienen comunidades enteras.
Además, en el último año, este sector fue uno de los que más creció en empleo, junto al girasol, el tabaco, la cadena láctea y la de maquinaria agrícola, lo que muestra su dinamismo y resiliencia frente a los desafíos económicos nacionales.
Los números y los problemas
Según datos oficiales, en Argentina hay 22,5 millones de trabajadores: 18,7 millones en el sector privado y 3,7 millones en el sector público.
Del empleo privado, el agro representa 22%, consolidándose como uno de los principales motores del país.
Pero no está exento de problemas: el mencionado de la informalidad laboral, la falta de infraestructura, la volatilidad macroeconómica y la ausencia de políticas públicas sostenidas en el tiempo afectan también la calidad y estabilidad del empleo generado.
"Para que el campo siga generando trabajo, necesita reglas claras y previsibilidad. Políticas públicas que acompañen el desarrollo de las cadenas, sobre todo en economías regionales donde hay más vulnerabilidad y menos acceso al financiamiento o innovación tecnológica", subraya Pisani Claro.
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