Es que no solo preocupa la falta de firmes iniciativas para contener la crisis inflacionaria sino sus falencias en la toma de decisiones. Una de las últimas medidas para tratar de frenarla fue retrasar el tipo de cambio. Claramente se refleja en el prácticamente calmo dólar oficial. En lo que va del año aumentó sólo un 50%.
“Esto hace que haya mucha presión sobre las reservas del Banco Central. Las divisas ingresadas gracias al “dólar-soja” ya se consumieron, obligando a nuevas alquimias como el “dólar-Qatar” o el “dólar-Coldplay”.
Otra medida inconsistente que se tomó fue no actualizar las tarifas de energía. “La parte de los costos que no se cubre con tarifa se paga con subsidios fiscales financiados con emisión monetaria”. Y remata: “La caída en las reservas por el atraso cambiario, el aumento en los subsidios por el atraso tarifario y el incremento en los intereses de las Leliq demuestran las incoherencias de las políticas que se vienen aplicando”.
Es evidente que el problema no es solo es económico, sino también político. La crisis se profundiza por las luchas de poder internas en la coalición gobernante, la imagen negativa de los dirigentes y la falta de credibilidad y confianza en la sociedad. Todo esto no contribuye en absoluto a solucionar la crisis económica.
“Salarios de hambre”
Primero, aclarar que el término es de el piquetero Eduardo Belliboni o lo repitió bastante durante el año. En este contexto la inflación impactó duramente sobre los ingresos de los trabajadores. En base a información publicada por el Ministerio de Trabajo y el INDEC, IDESA pudo cuantificar el profundo deterioro en las remuneraciones.
“Considerando los 9 meses que van del 2022 hasta setiembre se proyecta que: los precios al consumidor subieron un 66%; los salarios de los trabajadores registrados subieron 57%, lo que implica una caída de salario real del 6%; los salarios de los trabajadores informales subieron sólo un 41% lo que implica una caída del salario real del 15%"
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IDESA cuantificó el deterioro de las ingresos por la inflación. En los trabajadores registrados la caída de salario real del 6%; en los salarios de los trabajadores informales 15%.
En ese sentido, la inflación pega mucho más fuerte en el sector de los trabajadores informales, en un mercado laboral en que la mitad de los ocupados pertenecen al segmento de salario no registrado, ya sea como asalariado no registrado o como cuentapropista. De ahí que se puede comprender el aumento de la pobreza.
“Esto explica la creciente incidencia de la pobreza ya que el trabajo informal es la principal fuente de ingresos de las familias más vulnerables. No es una percepción exagerada, sino una reacción que responde a una situación objetiva, que la inflación es la principal preocupación de la población en la actualidad”, reflexionaron.
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