A comienzos de este año, USA endureció su reclamo sobre las patentes farmacéuticas argentinas. En un informe que hace todos los años, volvió a incluir al país en la lista de socios comerciales que ofrecen mayores barreras para la propiedad intelectual. Y agregó una queja que omitió en 2024: que en la Argentina hay limitaciones para registrar medicamentos.
La Oficina de Comercio de USA remarcó que "una deficiencia clave en el marco legal siguen siendo las limitaciones excesivamente amplias sobre la materia elegible para patentes. Incluyendo directrices de examen de patentes que rechazan automáticamente las solicitudes para categorías de invenciones farmacéuticas que son elegibles para patentabilidad en otras jurisdicciones".
Un dilema que no es exclusivo
El problema de fondo es que una mayor protección de patentes podría beneficiar a las grandes multinacionales, pero al mismo tiempo encarecer los costos para los sistemas de salud locales. Los laboratorios nacionales suelen producir versiones genéricas de medicamentos esenciales, lo que permite abaratar precios y garantizar acceso. Si las reglas del juego cambian y se restringe la posibilidad de producir genéricos, los pacientes podrían ver limitado su acceso a tratamientos por un aumento significativo de los precios.
Por otro lado, si las tensiones comerciales y de propiedad intelectual derivan en cortes de suministros, la producción local también podría resentirse. Insumos como principios activos, excipientes o tecnología de laboratorio son importados y no siempre pueden reemplazarse fácilmente con producción nacional. Esto deja a la industria argentina en una situación de dependencia frente a las decisiones que se toman fuera de sus fronteras.
Claramente, la política de America First no solo afecta a rubros industriales tradicionales como el acero o el aluminio, sino también a la industria farmacéutica, con repercusiones directas en la salud de millones de personas.
Mientras tanto, el gobierno argentino se enfrenta a la difícil tarea de equilibrar las exigencias internacionales con las necesidades locales. Ceder a las presiones sobre patentes podría comprometer la accesibilidad de los medicamentos, pero desatender el reclamo podría generar sanciones o mayores trabas comerciales...
Un dilema que no es exclusivo de Argentina...
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