"(...) En 1953 casi sale campeón por primera vez en el profesionalismo, pero un discutido partido con River (que fue finalmente el campeón) lo dejó sin chances, algo que alivió a Amalfitani porque si el plantel se hubiese coronado, los jugadores se iban a llevar el dinero aportado por los socios y las obras no se habrían podido terminar. De hecho, un año después Vélez inauguró la primera piscina olímpica de Sudamérica. (...)".
También:
"(...) En el último partido, si Vélez le ganaba a la Academia, que ya había perdido con el Millonario, se consagraba campeón por primera vez. En la previa de ese cotejo definitorio, el plantel velezano pidió un premio adicional en caso de coronarse. Y en una de sus decisiones más determinantes como presidente, el Tano fue lapidario: “Que juegue la tercera”. Finalmente Vélez ganó 4-2 aquel partido y se proclamó campeón en el Viejo Gasómetro. (...)".
La pregunta es cuál resulta hoy día el modelo de dirigente deportivo apropiado a la realidad del fútbol argentino 2019.
A la vez, ¿club social y deportivo o club de fútbol profesional?
¿Club social y deportivo con el fútbol profesional como cualquier otra actividad? Imposible porque los ingresos del fútbol no los recaudan las otras especialidades.
En los tiempos de Amalfitani no existía el llamado 'sport business', que hoy día amerita hasta una diplomatura extendida desde el ITBA hasta la UNTREF.
Es cierto que el fútbol profesional se encuentra en transición, tal como la sociedad argentina, de la que es difícil separarlo.
¿Claudio Tapia? ¿Daniel Angelici? ¿Víctor Blanco? ¿Rodolfo D'Onofrio?
Ninguno de ellos. Tampoco Julio Humberto Grondona ni Armando Pérez ni Luis Segura ni Hugo Moyano.
Las comparaciones son inevitables porque el Día del Dirigente Deportivo fue establecido por Amalfitani y no por alguno de los otros.
Por un lado, hoy día el éxito o el fracaso del fútbol profesional (ya sea campeonar tal como defender la permanencia en una categoría) define mucho de la permanencia de un dirigente deportivo.
Por otra parte, no se acostumbra respaldar la gestión con el patrimonio personal de un dirigente, una demostración del modelo que tenía Amalfitani de sí mismo (y que, honestidad obliga, Mauricio Macri llegó a exigir en Boca Juniors, aunque fue acusado de imponer un criterio polémico), para quien el equilibrio de las cuentas financieras del club era el eje de su propia referencia, aunque tampoco fue generalizado en su propia generación.
Corresponde reflexionar acerca del rumbo de las entidades deportivas sin fines de lucro financiadas en parte por un fútbol profesional que depende de la televisión para cubrir muchos de sus costos, pero no tolera en los estadios más voluminosos del país que simpatizantes visitantes ingresen al estadio pese a gastar una fortuna en seguridad deportiva.
Amalfitani no entendería qué pasó. En especial esa deformación que provoca que los malvivientes llamados 'barrabravas' se comporten como propietarios o gestores de los clubes.
Pero tampoco lo entiende la mayoría de los simpatizantes que no son 'barrabravas'.