Por su parte, su hermano Colin escribió en su muro de Facebook un mensaje tras conocer la noticia: “Ella es la única persona con la que he compartido casi toda mi vida y la extrañaré terriblemente”, escribió en el post, reprodujo Infobae.
La campeona del mundo en 2016, 2017 y 2018 también era estudiante de Matemática Computacional en la Universidad de Stanford, por eso, en su escrito insistió en romper con clichés como que la “gestión del tiempo lo es todo” o que “ser estudiante solo te convierte en una mejor atleta”. Catlin desafió ambos preceptos porque su realidad como universitaria era como “hacer malabarismos con cuchillos que se caen pero que acaban en el suelo, no en mí”, publicó que reprodujo el sitio Yahoo Deportes.
A finales de febrero, Catlin y el equipo estadounidense alcanzaron la segunda plaza de la Copa del Mundo de Berlin. Se trató de su primer podio de la temporada, lo que supuso una dosis de moral antes de afrontar las clasificatorias para los JJOO de 2020. Con la medalla todavía colgada, su entrenador, Gary Sutton, se acercó a ella un gesto que no reflejaba la alegría del resultado obtenido. Habían recibido un email de Stanford que confirmaba que Catlin debía repetir el examen de Análisis Estadístico, reveló Yahoo Deportes.
“Morí un poco por dentro”, escribió tras describir la escena en su artículo.
La alegría de su éxito deportivo quedó instantáneamente empañada por el fracaso académico, y esto último le pesó más.
“Ser graduada en Matemática Computacional es fácil. Ser estudiante mientras compites simultáneamente en el equipo nacional de pista es más difícil. Más todavía cuando tienes que volver a hacer un examen de tres horas justo en el momento en que finalizas la ronda final de una competición por equipos”, explicó. “Siento como si necesitara viajar en el tiempo para poder hacerlo todo”.
Para Catlin, el equilibrio entre sus estudios y la competición de élite no existía. Ante la imposibilidad de fraccionar los días entre entrenamientos y educación, la técnica que usó fue la de usar periodos de tiempo más amplios. Desde noviembre a mediados de diciembre se concentró en los campeonatos del mundo. Aquellos 40 días los dedicó exclusivamente al ciclismo. Al finalizar, se enfocó en sus estudios al cien por cien durante dos semanas, antes de volver a viajar con su equipo. Esta manera de combinar sus dos pasiones -y responsabilidades- no fue suficiente, según lo publicado por ese medio.
“Las cosas acaban yendo mal, no importa la gestión del tiempo, la organización o la disciplina. Hay cosas que pasan en la vida y por supuesto andar en bicicleta y la Ley de Murphy son prácticamente sinónimos. Brazos rotos, concusiones, libros que se pierden, mala conexión a Internet, lo que sea. Nunca puedes planear lo que no se puede controlar y -volviendo a la analogía de los malabarismos- a veces esos cuchillos se te clavarán”, argumentó.