Una de las mayores preocupaciones que le asaltan al deportista es el apartado de la Recuperación, y cuál es la técnica más adecuada para acelerar el proceso y así estar disponible para una nueva competición, sesión o carga de trabajo.
El Instituto Nacional Francés del Deporte sostiene que los atletas que permanecen unos minutos en una cámara frigorífica a -110°C recuperan la resistencia de sus músculos un 20% más rápido (un 50% incluso, en comparación con los que fuman y beben alcohol tras la competencia).
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La crioterapia es la aplicación de frío sobre el organismo. Esta técnica de crioterapia del cuerpo completo supone exponerse a temperaturas frias extremas durante breves periodos con el objetivo de liberar endorfinas y reducir el dolor de los músculos y articulaciones, además de las inflamaciones.
Para realizar el proceso, los voluntarios se quedan en ropa interior, con los calcetines puestos (importante, estamos hablando de frio), guantes y orejeras para evitar la congelación instantánea. Luego sólo les resta pasarse 3 minutos en una cámara que emplea nitrógeno líquido para congelar el aire y llevar la temperatura a extremos que van de los -110°C a los -162°C.
Algunas experiencias al respecto:
> Esguinces en etapa aguda (hasta 3 días de ocurrido), tiene efectos para disminuir las inflamaciones traumáticas, torceduras... En estos casos se aplica porque aminora y desacelera los procesos de inflamación.
> Antiemético en el aparato digestivo.
> Inflamaciones vasculares (jaquecas, migrañas...).
> Tratamiento de insolaciones y golpe de calor.
> Disminuir la fiebre.
> Tratamiento de tumoraciones en piel (cáncer de piel) o en otros órganos.
En el deporte profesional se ha extendido la técnica de la crioterapia.
Disciplinar tan dispares como el atletismo, el ciclismo, el triatlón, la NBA, la liga de béisbol de USA, futbolistas, gugadores de golf, etc., utilizan el frío extremo como recuperador físico y estético.
El origen de esta técnica fue en Japón en los años '80, y hoy día existen 2 formas de sesiones recuperadores principalmente:
> La inmersión en pozo frío: Se trata de sumergir (generalmente el tren inferior, tal como lo hace Bolt) aquella parte del organismo a recuperar, en una piscina o tanque con agua “helada” a una temperatura aproximada de -12Cº.
El efecto que se consigue es inmediato y la sensación de bienestar y ligereza es espectacular. Sus efectos son tanto oxigenantes como anestésicos. El tiempo de inmersión dependerá de lo acostumbrado que se esté a la terapia (inicialmente los tiempos han de ser más cortos), pero una referencia puede estar en torno a una inmersión de 3 minutos, repetida en 2 ó 3 ocasiones.
> La criosauna, aplicación de frío seco en cabinas heladas en las que el organismo está sometido a exposiciones a temperaturas extremadamente frías que pueden llegar hasta los – 200ºC.
En esta técnica el tiempo de exposición se sitúa en torno a los 2-3 minutos, también dependiendo de lo acostumbrado que se esté a la técnica. En esta terapia, es el Nitrógeno Helado el encargado de situar al organismo a temperaturas de exposición tan extremas.
La ventaja de este tratamiento frente a la inmersión en pozo frío, es que la sensación térmica de frío no es tan intensa.
Beneficios de ambas técnicas:
> Disminuye la sensación de dolor propio del post-entreno o post-competición.
> Activa al sistema inmunológico.
> Mejora la condición de la piel.
> Consume calorías en muy poco espacio de tiempo.
> Activa y acelera los procesos metabólicos.
> Incrementa la oxigenación de la zona tratada.