En una entrevista televisiva con Oprah Winfrey, en enero, Armstrong aceptó la acusación de la USADA de haber participado en un programa sistemático de dopaje, que cuando trascendió le provocó la pérdida de sus logros deportivos, incluyendo sus 7 Tours de Francia y la medalla de bronce ganada en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000.
Tygart, al quien el heptacampeón del Tour de Francia criticó duramente en público antes de confesar en enero que utilizó sustancisa dopantes durante su carrera profesional, indicó que han accedido a aceptar la proposición de Armstrong, a quien le han dado 2 semanas para que presente los detalles de su ofrecimiento para mejorar su imagen y la del ciclismo.
Armstrong se arriesga a demandas de patrocinadores, aseguradoras o compañeros de equipo por haber negado durante años las acusaciones sobre el uso de técnicas dopantes.
La compañía de seguros SCA Promotions, que pagó a Lance Armstrong US$ 12 millones por 3 de sus 7 victorias en el Tour de Francia, reclama que el deportista le devuelva el dinero.
Armstrong declaró ya que no devolverá el dinero que recibió en los años 2002, 2003 y 2004 por los éxitos que tuvo gracias al dopaj. Pero en enero el ciclista confesó en la entrevista con Oprah que se había dopado durante toda su vida deportiva.
Al principio el ciclista guardó silencio y su entorno se quejó de la premura de un ultimátum que concluía el martes 05/02, y del afán "inquisitorial" de Travis Tygart, responsable de la agencia e impulsor absoluto del expediente que precipitó su final.
Pero Tygart anunció el martes que los responsables de la institución han estado en contacto con el ciclista de Austin y con sus representantes y que tienen la impresión de que Armstrong "quiere ayudar en el esfuerzo para limpiar el ciclismo" y "ser parte de la solución".
Tygart explicó que Armstrong dispone ahora de 2 semanas más para exponer los detalles de su ofrecimiento, que deberá pasar por una declaración jurada y desvelar detalles novedosos sobre sus cómplices dentro y fuera del pelotón.
Armstrong se mostró dispuesto en su confesión televisiva a declarar en una especie de comisión general de la verdad bajo los auspicios de la agencia mundial contra el dopaje.
Pero no a colaborar con los responsables de la agencia estadounidense, a quienes acusaba de haberle perseguido "injustamente" y haberle aplicado una "sentencia de muerte" deportiva en un deporte en el que muchos de sus compañeros mantenían una conducta similar. Una actitud cuyo cambio parece ahora inducido por la presión de las demandas judiciales y por la intención del tejano de preservar en lo posible su fortuna y regresar un día a la alta competición.
A Armstrong le aguarda ahora una cantidad de demandas civiles de las empresas que aseguraron sus primas y los particulares que sufrieron sus excesos intimidatorios. También poría sufrir el acoso judicial del Gobierno federal, que invirtió hasta US$ 30 millones en el equipo US Postal y ahora aspira a recuperar un dinero mancillado por el dopaje de su corredor.
Los expertos subrayan que Armstrong sólo confesó a medias sus pecados en la entrevista de Oprah Winfrey y lo animan a delatar a quienes conocieron sus manejos y le ayudaron a ejercer el terror en el pelotón.
El ciclista no confesó que se hubiera dopado antes de que le diagnosticaran el cáncer ni tampoco después de ganar su 7mo. Tour. Se negó a dar detalles que incriminaran a su director deportivo Johan Bruyneel o al doctor Michele Ferrari y no quiso implicar al financiero Thomas Weisel, que le ayudó a reunir el dinero necesario para crear el equipo US Postal y le abrió la puerta de los despachos más influyentes de Wall Street.
Muchos esperan que la declaración jurada del ciclista aporte ahora luz sobre sus manejos con los responsables de la Unión Ciclista Internacional (UCI), en cuyas arcas dejó una suma millonaria que muchos consideran un soborno para evitar una investigación sobre su positivo en el Tour de Suiza de 2001.
Unos días después de la entrevista, Tygart acusó al tejano de mentir su carrera y subrayó que había recibido varias amenazas de muerte por su decisión de investigar. El responsable de la agencia recordó que estaba dispuesto a escuchar a Armstrong si declaraba bajo juramento y aportaba luz sobre su conducta y sobre la cultura que imperaba en el pelotón.