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Esteros del Iberá, una aventura diferente
Los esteros del Iberá (del guaraní y vera, quiere decir 'agua brillante') son una amplia red de arroyos, riachos, pantanos, lagunas y bañados que abarca entre 15.000 Km2 y 25.000 km2 en la provincia de Corrientes, en el noreste de la República Argentina; sólo superados en extensión por el Pantanal brasileño, forman el humedal más grande Nº2 del mundo, parte de un sistema hidrográfico mucho más extenso —el macrosistema del Iberá, de cerca de 1.300.000 hectáreas— en el que se desarrolla un ecosistema subtropical de grandísima diversidad. Un viaje fascinante.
05 de diciembre de 2008 - 03:13
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Gracias a la dificultad para acceder a la zona de los esteros del Iberá, los asentamientos en el área han sido muy escasos, aunque algunas poblaciones en su margen noreste —sobre todo Concepción Yaguareté-Corá— se remontan a la época de la colonia.
Las reducciones jesuíticas ocuparon territorios colindantes con los esteros, pero el área de bañados y lagunas se consideraba inhabitable. A lo largo de los siglos 18 y 19 permaneció libre de asentamientos estables, aunque constituyó refugio para forajidos y fuente de sustento para cazadores ('mariscadores') y pescadores.
La 1ra. investigación científica de las riquezas naturales del área se debió a Alcide d'Orbigny, un naturalista francés que visitó el área a fines de la década de 1820 como parte de la expedición a Sudamérica encargada por el Muséum d'Histoire Naturelle de París. Entre los 7 tomos de su Voyage dans l'Amérique Méridionale se cuentan las primeras observaciones sistemáticas del ecosistema del Iberá.
Desde la prohibición de cazar en ella, las especies autóctonas se fueron multiplicando.
Gracias a su peculiar geografía y al difícil acceso, los esteros del Iberá cuentan con una rica y variada población animal. La fauna autóctona incluyen numerosas especies amenazadas para las cuales éste es uno de los últimos hábitats remanentes, entre las que se cuentan
> el ciervo de los pantanos (Blastoceros dichotomous),
> el venado de las Pampas (Ozotocerus bezoarticus),
> el carpincho (Hydrochoerus hydrochaeris),
> el aguará guazú (Chrysocyon brachiurus),
> el yacaré overo (Caiman latirostris) y negro (Caiman yacare),
> la boa curiyú (Eunectes notaeus),
> el lobito de río (Lontra longicaudis),
> los monos aulladores (o carayás), y
> una enorme variedad de aves.
La icitiofauna también es muy variada y abundante, sobresaliendo los dorados, armados, surubís, pacús, mojarras, tarariras y palometas.
La exuberante flora local incluye numerosas especies acuáticas como el camalote, y el irupé —que dan lugar al fenómeno de los embalsados, auténticas islas flotantes que complican la geografía de las lagunas— además de extensos pirizales
El 15 de abril de 1983, por ley 3771, un área de 12.000 km2 —dividida entre los departamentos San Miguel, Concepción, Santo Tomé, San Martín y Mercedes fue declarada Reserva Natural Provincial por el Gobierno de la Provincia de Corrientes, el área protegida más extensa con la que cuenta la Argentina. Se lo considera un humedal de importancia internacional en los términos de la Convención de Ramsar.
Los Esteros del Iberá constituyen una gran reserva de agua dulce de nuestro planeta. Ocupan 14% de la extensión de la provincia de Corrientes: un gran complejo formado por esteros, bañados, camalotes y embalsados que tienen como escenario una naturaleza que te encantara.
Un consejo: navegar por el río Miriñay. En su costa poblada de palmeras, lapachos e ibirás pitas, se obtiene un escenario especial de la típica selva paranaense.
Otra opción es llegarse hasta el río Corrientes, desagüe de la laguna del Iberá que recorre una geografía calma de pastizales que llegan hasta el Paraná.
Colonia Carlos Pellegrini es un pequeño pueblo que está ubicado a orillas de la laguna Iberá. En ese lugar uno puede instalarse para conocer los esteros.
En Carlos Pellegrini podemos encontrar varias hosterías en donde se cuenta con pensión completa, la posibilidad de contratar actividades y hasta la navegación.
Por ejemplo, la hostería Elsa Güiraldes.
Y la de Claudia y Pedro Noailles.
Los demás, por lo general, son propiedades privadas. También existen algunas estancias turísticas. Entre ellas se encuentra San Lorenzo y San Juan Poriahú.
Destaca el trabajo de Douglas Tompkins, quien brinda la posibilidad de visitar
Rincón del Socorro y San Antonio. Ambas estancias son parte del proyecto The Conservation Land Trust que se lleva adelante Tompkins desde 1992.
Dentro de la zona del Iberá, Tompkins empezó a trabajar en 1998. Pero el proceso recién culminará dentro de 20 años.
Uno de los objetivos a corto plazo es la posibilidad de reintroducir al oso hormiguero.
En la región se comparte una tradición gauchesca, mezclada con costumbres de origen guarani.
La división entre liberales (que usan pañuelos celestes) y los autonomistas (con pañuelos colorados) se continúa manteniendo desde el siglo 19.
Según los estudios más recientes, la presencia de vertebrados terrestres abarca 85 especies de mamíferos, 35 de reptiles y 45 anfibios. Existen 250 especies de aves, entre las cuales más del 90% es nativa de la región.
Las especies de mayor porte son el ciervo de los pantanos (Blastoceros dichotomous, en guaraní pukú guazú) y el venado de las Pampas (Ozotocerus bezoarticus, en guaraní guazú ti'í).
El ciervo, excelente nadador, se extiende por toda la región, viviendo sobre los embalsados durante largas temporadas, por lo cual es difícil de avistar salvo desde embarcaciones.
El venado, de menor tamaño, está restringido a la zona de tierra firme.
Ambas especies están consideradas en peligro y están inscriptas en el apéndice I de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), que prohíbe de modo absoluto su caza y comercio.
Difíciles de observar por sus hábitos tímidos —y también protegidos estrictamente por CITES— son
> el aguará guazú o lobo de crin, un cánido autóctono de gran tamaño,
> el ocelote o gato onza (Leopardus pardalis), un felino predador de aspecto similar al jaguar, y
> el gato montés (Oncifelis geoffroyi).
Por el contrario, el carpincho (Hydrochoerus hydrochaeris) y el lobito de río (Lontra longicaudis, un pariente de la nutria) se encuentran con facilidad.
Las especies de reptiles incluyen a los yacaré negro (Caiman yacare) y yacaré overo (Caiman latirostris). Ambos superan los 2 metros de longitud en ocasiones, aunque los ejemplares de buen tamaño son aún escasos debido a la intensa caza furtiva antes de la creación del parque. Las dos especies se han repoblado con facilidad y son fáciles de avistar.
Hay vrias especies de serpientes —entre ellas las muy venenosas yarará o víbora de la cruz (Bothrops alternatus), serpiente de cascabel (Crotalus durissus terrificus), y serpiente de coral (Micrurus fulvius, además de las inofensivas cobra de agua (Hydrodynastes gigas, en guaraní ñacaniná), falsa yarará (Pseudotomodon trigonattus) y la constrictora curiyú (Eunectes notaeus).
También tortugas, lagartos —destaca la iguana overa—.
Las aves merecen mención aparte; además de especies exclusivas de la región, como el casi extinto pájaro campana, están presentes en abundancia el tucán mayor, el ñandú, varias especies de rapaces, garzas, cigüeñas e innumerables palmípedos.
A raíz de la reducción del número de yacarés, durante las pasadas décadas el número de palometas se incrementó de manera muy notable, desplazando a otras especies autóctonas como el dorado, el sábalo y la raya de agua dulce. Se estima que existe un centenar de especies de peces en el lugar, cuyo inventario aún se está confeccionando.
