El derrumbe ya es leyenda (pero, ¿cuándo se termina el pánico?)
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). El terror se ha extendido en el mercado bursátil global, que abrió con un desplome brutal, y gran cantidad de valores están en mínimos históricos. En Europa el panorama es todavía más terrorífico. En Asia, el pánico se ha apoderado de los mercados.
"En cualquier otra situación aparecerían los llamados cazadores de gangas, pero está claro que éstos últimos igual se han quedado atrapados tratando de pescar en aguas revueltas cuando los índices estaban un 10%-20% por arriba", explicó un operador en Londres.
"Técnicamente seguimos sin observar cambio ninguna en la tendencia bajista que definen los precios en todos los plazos de referencia, y mientras no se detecte alguna pauta alcista ya saben aquello de que trend is your friend y que siempre es más probable que una tendencia tenga continuidad a que se de la vuelta", añadió.
¿Qué está ocurriendo?
S. McCoy intentó explicarlo en el sitio madrileño Cotizalia:
"(...) La bolsa se desploma día tras día ante la estupefacta mirada de los distintos agentes económicos. Nada parece detener su caída. No hay colchón alguno que la soporte. Pues bien, es precisamente eso lo que está ocurriendo. En la interrelación de fuerzas entre oferta y demanda, el desequilibrio es abismal. Sobre la primera, masiva, pesa, fundamentalmente, la necesidad de hacer liquidez, con independencia de que haya inversores que siguen con sus apuestas cortas o vendedoras. Respecto a la segunda, fantasma, su inacción se debe a la necesidad de seguridad que provoca aversión a los activos de riesgo. Cuando las dudas afectan hasta al dinero en depósitos o cuentas corrientes, todo lo demás no es que sea contemplado con precaución; es que ni siquiera se contempla. Los fondos soberanos, que son los únicos que cuentan con capacidad cierta para meter la patita en las ardientes aguas por las que circula el crash nuestro de cada día, tienen el pie escaldado de experiencias anteriores. Y en ese inevitable nuevo equilibrio de fuerzas a nivel mundial, que es lo que en definitiva se está produciendo, desgraciadamente el tiempo corre a su favor. Su paciencia es su victoria.
No hay dinero y abunda el papel. (...) Todo lo que en el pasado eran círculos virtuosos, ligados fundamentalmente a la expansión del crédito, se han convertido en círculos viciosos en los que predomina el sálvese quien pueda. Un proceso que se produce tanto de forma directa, -necesidad de disponibilidades líquidas para gastos corrientes, no importa la ganancia o la pérdida-, como indirecta. La transferencia de efectivo de los fondos de inversión, sean tradicionales o alternativos, a los depósitos, en un movimiento que al principio justificaba la baja rentabilidad de los primeros, con carácter general, y ahora la huída de la incertidumbre, ha provocado que se deshagan masivamente posiciones en los mismos con objeto de poder dar satisfacción a los requerimientos de los clientes. Un proceso que, paradójicamente, afecta primero a los activos buenos, ahondando de cara al futuro en el menor retorno y alentando nuevos reembolsos.
Lo mismo ha ocurrido con aquellas apuestas apalancadas sobre valores grandes y medianos en las que el importe del crédito se ha quedado muy por encima del valor de la garantía. Este diferencial ha traído consigo ejecuciones bancarias de títulos que han sido inmediatamente vendidos en las bolsas, acción que libera del activo pero que mantiene el crédito. Fíjense como será el tema de grave que, sobre lo que antes era noticia, ahora pasamos de puntillas. Son cantidades espectaculares. Por último están aquellos que aprovechándose de la legítima posibilidad de actuar en corto sobre el mercado, lo hacen, normalmente bajo el paraguas de los hedge funds. Unos hedges que sufren, más que ninguno, en sus carnes la restricción del crédito lo que les lleva, igualmente, a liquidar forzadamente posiciones financiadas. Si a ello añadimos que los stop losses saltan unos detrás de otros sin posibilidad de reacción, a nadie se escapa que la corriente de flujos actúa contra el mercado. ¿Es pánico? Bueno, parte sí. Pero es, sobre todo, necesidad.
Será precisamente la normalización por el lado de la oferta lo que permita aliviar la metástasis de valoración que los mercados de acciones mundiales están viviendo en los últimos días. Un proceso que ya ha superado, tarde siempre tarde los que hablan de todo sin saber de nada, el miedo a una recesión que afecte a los resultados empresariales. Eso importa ahora, literalmente, un comino. Esto es, nada. Se trata de saber en qué términos va a quedar la economía financiera a partir de esta debacle. Una reflexión que va mucho más allá del día a día, visión a medio y largo que es lo que precisamente ha faltado desde el inicio en el tratamiento de esta crisis. En el momento en el que quede dibujado el nuevo escenario, que no ocurrirá sino a través de un severo proceso de ajuste o corrección de los desequilibrios del pasado que ya se está produciendo, la confianza paulatinamente volverá, actuando como freno a las fuerzas de la oferta e incentivando la construcción de una nueva demanda.
¿Hay oportunidades históricas? Seguro. El pánico, mejor dicho la necesidad, o mejor explicado, la obligatoriedad, no discriminan. En un horizonte a medio plazo veremos los precios actuales de algunas firmas como una auténtica ganga. Estoy de acuerdo. El problema es saber, precisamente, el tiempo que tardará el mercado en poner dichos activos en valor. Y no va a ser, precisamente, corto. No apuesten por una recuperación dramática al estilo de crisis anteriores. La confianza ha muerto. Y no se reconstruye de la noche a la mañana. Nos espera una larga y dura travesía en el desierto, llena de incertidumbres pero también de oportunidades (...)".
