Así, cuando se les ha entrevistado, ellos son conscientes de los riesgos a los que están expuestos a través de dicha actividad, pero en el momento de hacer "algo" (es decir, usar preservativos), no lo hacen. En realidad, esto puede demostrar dos cosas: que les da asco la pareja por lo que deciden utilizar preservativo o que todo lo contrario, no lo usan porque son parejas constantes; también existen algunos clientes que se lo piden expresamente o también deciden hacerlo cuando el cliente es homosexual, puesto que si es mujer, no usan nada para protegerse.
Esto es lo contradictorio de estos trabajadores puesto que afirman que el preservativo lo usan solo de manera "simbólica", porque su uso establece una barrera con el cliente. Por lo que cuando tienen relaciones privadas, deciden no usarlo. Así, según los investigadores, el condón "es como una barrera que les permite a los trabajadores hacer una gran distinción entre las relaciones sexuales comerciales y las privadas".
El trabajador masculino tiene un riesgo 25 veces mayor al de una mujer que ejerza la misma actividad de contraer sida. En líneas generales, esto se debe a que siempre se le ha visto a la prostitución como un tema de mujeres y no de hombres, por lo que la falta de información hace que el trabajador masculino descuide elementos importantes para ejercer el oficio. Así, es la prostitución masculina un tema prácticamente invisible a nuestra sociedad por lo que se afianza como algo muy vulnerable al mismo tiempo.
De otro lado, Iván Zaro, integrante de esta fundación viene desde hace un tiempo demandando la creación de casas para acoger tanto a hombres como a mujeres que ejercen la prostitución, dice Zaro además que lo que se requiere son medidas que sean efectivas y no campañas en donde por ejemplo, se penalice a los clientes. Además, esta entidad trabaja por una igualdad y también por los derechos de gays y lesbianas, por lo que el año pasado llevo a cabo unas 8 mil intervenciones.
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