Que, en cambio, Cobos no haya sido designado –en su lugar lo fue el presidente provisional del Senado y Nº3 en la sucesión presidencial José Pampuro- para asistir a la también asunción del (N. de la R.: 2do. mandato consecutivo) Presidente dominicano y que fuese "desinvitado" a la conmemoración del 96 aniversario de la creación de la Fuerza Aérea Argentina, son claras demostraciones de las limitaciones –por no decir la venganza- que el kirchnerismo impondrá a quién considera traidor.
De allí, entonces que la aparición vicepresidencial en una muestra rural no puede considerarse como menor. Fue el campo el sector que encabezó la resistencia al poder omnímodo que creyó detentar en el oficialismo y, lo que es más grave aún, logró vencerlo en el terreno donde Néstor Kirchner y sus adláteres creían que eran imbatibles: la política.
El aún increíble gesto de Julio Cobos –votar de acuerdo con sus propias convicciones es un rara avis en la política argentina- constituye un hecho imperdonable para quienes piensan que alianza es un vocablo sinónimo de acatamiento o de verticalismo y, a su vez, representa un soplo de aire fresco para una sociedad que desconfía desde hace tiempo de su sector dirigente, desconfianza que incluye al accionar de las instituciones republicanas.
No para cambiarlas, vale la pena aclarar, sino para no esperar nada de ellas.
Mal que les pese a los Kirchner, hoy el panorama político argentino es alentador aunque no así el económico. Si la democracia es alternancia, disidencia, pluralidad, diferencia, nadie puede decir a conciencia que ahora la democracia está en peligro.
Por el contrario, aparece fortalecida. Para quienes, en cambio, la confunden con hegemonía, está a punto de derrumbarse.
Los tiempos políticos en la Argentina se adelantaron.
La impericia gubernamental en el conflicto con el campo posibilitó un realinea-miento de los actores que los obliga a iniciar sus "campañas" muchos meses antes de las próximas elecciones.
El propio gobierno alienta la circunstancia. Tal vez porque no sabe como salir de la sorpresa de ver convertido el plácido lago donde navegaba a principios de año en la sucesión de rápidos y cataratas que debe sortear a diario, actualmente.
Tal vez, porque sólo estaba preparado para gobernar cuando los vientos soplaban de cola y se paraliza cuando lo golpean de frente.
Es así que su venganza sobre Cobos, por ejemplo, no le deja ver los 70 puntos de buena imagen que el vicepresidente mide en las encuestas frente a los escuetos 20 de la Presidente.
De la misma manera que su autismo no le posibilitó prepararse –en su momento- para las contingencias que se avecinaban como el inicio de una espiral inflacionaria o las predecibles turbulencias financieras durante el primer año que debe enfrentar los vencimientos de la renegociada –sólo en parte- deuda externa.
Dentro de ese adelantamiento de los tiempos políticos, Julio Cobos mueve sus fichas. Su disyuntiva actual pasa por un retorno o no al tronco oficial del radicalismo, también fortalecido por el buen papel de los senadores de ese partido en el conflicto con el campo.
El vicepresidente sabe que la primera tarea por llevar a cabo es la consolidación de la propia fuerza.
Sin descuidar su buena imagen, resulta fundamental alentar y cohesionar su tropa, algo menguada ante algunas deserciones como la de Silvia Vázquez o el intendente de Vicente López, Enrique 'Japonés' García, a esta altura más K que radicales.
Imagen y cohesión se traducen casi necesariamente en campo y Junín.
De allí que este comienzo de las caminatas de Cobos por el país arranquen en esta ciudad y en su muestra rural.
No obstante, el vicepresidente y quienes lo acompañan, con particular preponderancia de Mario Meoni, entre el grupo de los más allegados, saben que es un buen inicio pero sólo eso.
Juntar y amalgamar la tropa representa una táctica válida de cara a la próxima convención de la Unión Cívica Radical donde no paran de alzarse voces a favor del retorno de los otrora expulsados o suspendidos.
No es exagerado decir que hoy 22 de los 25 diputados nacionales –por ejemplo- están a favor del regreso. El candidato con más posibilidades de suceder a Gerardo Morales en la presidencia del partido, el cordobés Mario Negri se muestra particularmente permeable a las sugerencias en tal sentido.
Pero si mostrar un frente que no se resquebraja es importante, lo es más mantener una imagen favorable. Será esa imagen favorable la que abra las puertas del radicalismo o la que permita iniciar un armado distinto, con posiblidades, si la entrada resulta infranqueable.
En cualquiera de los dos casos, la imaginación debe comenzar a rodar para mantener dicha buena imagen que logró trascender el alcance del sector rural. El gesto perdura pero ya fue. Recorrer el país, algo que recién comienza, es imprescindible, pero no sortea el obstáculo de la definición política. Tarde o temprano, la definición frente al gobierno deberá llegar.
Intendentes y gobernadores, adictos o cercanos, constituyen un capital político pero son a la vez una limitante, sobre todo si se tiene en cuenta el abuso que hace el kirchnerismo de los premios y los castigos frente a incondicionales o díscolos.
De allí que el cobismo deberá manejar una sintonía fina para avanzar en una pendiente que lo lleva casi inexorablemente a la oposición, dentro o fuera del radicalismo, aunque por el momento los Ni suenen más fuertes que los No.