Hacia mediados del siglo veinte, junto con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, llegó el Informe Kinsey en 1948 donde se ponía de manifiesto que la masturbación era más común de lo que se pensaba. Mientras tanto, la postura de la Iglesia Católica no había cambiado mucho que digamos y para 1983, el Vaticano se pronunció al respecto con el documento titulado Orientaciones Educativas Sobre el Amor Humano, en donde se encargó de relegar a la masturbación a un plano más bajo y culposo, tildándola de conducta amoral y grave desorden moral, además de enchufarle el status de pecado mortal.
Pero la nota anecdótica llegó hacia finales del siglo veinte. Se terminaba el año 1994, cuando, en el colmo de la audacia, la Jefa del Cuerpo Comisionado del Servicio de Salud de los Estados Unidos se pronunció respecto a la masturbación diciendo que ésta debería ser enseñada en las escuelas dentro de los programas de educación sexual. Al poco tiempo fue cesada de su cargo por Bill Clinton, presidente de los Estados Unidos en ese entonces. En una burla del Destino, el propio Clinton se vería envuelto en un caso de infidelidad con detalles y filigrana sexual incluida, quedando entre la espada y la pared y viéndose obligado a admitir su desliz con la becaria Mónica Lewinsky. Ya en nuestro tiempo, el cristal con que se miraba a la masturbación parece más pulido e incluso ya se hacen estudios sobre los beneficios de esta práctica. Un estudio realizado en 2003 y dirigido por el australiano Graham Giles concluyó que la masturbación frecuente puede reducir sustancialmente el riesgo de padecer cáncer de próstata en los hombres. Las tabulaciones de ese estudio señalaban que hombres entre 20 y 30 años de edad y que se masturbaron con una frecuencia de 5 veces a la semana, alcanzaron un 30% menos de probabilidades de desarrollar el cáncer de próstata.
El hecho es que, actualmente, se ha demostrado científicamente que la masturbación no conlleva efectos físicos ni mentales y que su práctica es más bien natural al hombre y antiestresante. Por último, hasta se puede considerar como el mejor método anticonceptivo y de protección contra enfermedades de transmisión sexual, por más que los apocalípticos puedan señalar que su práctica masiva y exclusiva acabaría con la especie humana. ¿Usted que opina?
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