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Josep Carreras, 50 años en la ópera y la victoria sobre la leucemia

El martes 17 Josep Carreras ha celebrado, con un recital en el Liceu, los 50 años de su 1ra. actuación en el teatro barcelonés. Tenía 11 años. Ha sido una de las grandes voces de la ópera mundial, ha vencido a la leucemia y auspicia una activa fundación contra el cáncer, pero insiste en que es una persona normal. Una vez al mes queda con sus amigos de la infancia en el barrio en que creció. "Esto es un trabajo más", dice Josep Carreras, el tenor modesto.
Hijo del cabo de la Guardia Urbana, José Carreras, que prestaba sus servicios en la plaza Urquinaona de Barcelona, y de Antonia Coll, peluquera en el barrio de Sants, Josep Carreras Coll nació en Barcelona, catalunya, el 5 de diciembre de 1946. A los 8 años realizó su primera actuación en público al cantar 'La donna è mobile' en la radio española. A los 11 años apareció por 1ra. vez en el Liceu barcelonés como un joven soprano en el papel de narrador de la ópera de Manuel de Falla, 'El retablo de Maese Pedro', y en un pequeño papel en el 2do. acto de 'La Bohème'. Durante su adolescencia, Carreras estudió en el Conservatorio Superior de Música del Liceu. En 3ro. de Química abandonó la carrera para dedicarse al canto. Él debutó en 1970 en Barcelona como Ismael, en 'Nabucco', y en la ópera 'Norma', llamando la atención de la soprano Montserrat Caballé, quien protagonizaba la obra, y le invitó a cantar en la producción 'Lucrezia Borgia', el 1er. gran éxito de Carreras, quien volvió a cantar con Caballé en 1971 en 'Maria Stuarda', en Londres. A los 28 años, Carreras había cantado ya 24 óperas diferentes. En 1978 interpretó 'Don Carlo', en el Festival de Salzburgo, bajo la dirección del inolvidable Herbert von Karajan. Pero en 1987, en la cumbre de su carrera, le fue diagnosticada leucemia y los médicos le dieron pocas posibilidades de sobrevivir. Tuvo que realizar duros tratamientos que incluyeron radioterapia y quimioterapia y un autotrasplante de médula, Carreras pudo reanudar su trayectoria artística. Para ayudar a financiar el enorme costo de aquel tratamiento se hicieron las inolvidables presentaciones de los 3 tenores (Carreras, Plácido Domingo y Luciano Pavarotti). En 1988, él fundó la Fundación Internacional Josep Carreras para la Lucha contra la Leucemia, una organización que apoya económicamente las investigaciones contra la leucemia y que mantiene un banco de donantes de médula ósea. 2 matrimonios: el primero por la Iglesia, en Barcelona en 1971, y con Mercedes Pérez, madre de sus dos hijos, Julia y Albert. El varón tiene 34 años y es el encargado de llevar su agenda personal. Además, ya ha hecho abuelo a Josep. La 2da. boda fue civil y se celebró a orillas de un lago suizo en 2006. Carreras se casó con Jutta Jäger, una azafata que conoció durante un vuelo de Austrian Airlines. En su madurez, recoge lo sembrado: el Gran Teatro del Liceu le ha ofrecido un homenaje a los 50 años de su debut, con una exposición y un recital. Aqui un diálogo que Carreras mantuvo con Carmen Duerto, de la revista dominical Magazine, del diario El Mundo, de Madrid:
-La primera pregunta que le hicieron en su vida, después de haber cantado El retablo de Maese Pedro, de Falla, fue cómo se había sentido en el escenario y usted contestó que no se había emocionado pero que le gustó que le hubieran aplaudido mucho. (Se ríe a carcajadas) -Supongo que fue una respuesta muy sincera y con la inconsciencia de los 11 años, de quien aún no sabe que existe la respuesta políticamente correcta. Creo que fue algo muy espontáneo y correcto también. -De usted dicen que no ha perdido esa espontaneidad. -Siempre he pensado que un cantante lírico es un héroe romántico. Un hombre apasionado y extraordinario durante las tres horas que dura la representación. Pero en cuanto dejas el atrezzo en tu camerino te conviertes en un ser completamente normal. Uno más. Se trata de vivir una vida normal, lo cual en el fondo creo que te hace más feliz. -Usted apunta maneras extraordinarias; nace con una voz especial, vence la leucemia y vuelve a cantar. Esto le hace ser alguien extraordinario más allá de las tres horas de una representación, ¿no le parece? -No, yo no creo que esto signifique ser extraordinario. Si alguna virtud tiene todo esto es determinación, trabajo y entusiasmo por lo que uno hace. Pero esto lo hacen muchas personas a lo largo del día en muchas otras profesiones. -Cuando a Pavarotti le detectaron el cáncer, posiblemente fuese usted la persona que mejor supiera lo que sentía. ¿Cómo fue ese primer contacto con su amigo? -El primer contacto fue telefónico porque él estaba en Estados Unidos y yo en el otro rincón del mundo. Intenté darle ánimos. Le dije que esta batalla la tenía ganada y que, si había una posibilidad entre un millón, ésa era la suya. Tenía que luchar por ella. Luego le visité varias veces en su casa y no hablábamos del problema en sí. -Lleva 20 años auspiciando la Fundación Internacional Josep Carreras Para la Lucha Contra la Leucemia, que en estas dos décadas ha realizado un gran labor por combatir la enfermedad. -Hemos ido de la mano de la sanidad pública española. Nosotros creamos y gestionamos el registro oficial en España de donantes de médula ósea no emparentados, pero bajo el paraguas del Ministerio de Sanidad de aquel momento. Quizás hemos sido los iniciadores del proyecto y de la idea, pero vamos de la mano oficial. Tenemos 70.000 donantes de médula ósea, 25.000 unidades de cordón umbilical y más de 4.000 socios, de los cuales el 54% son mujeres. -La mitad de los ingresos de su fundación se destinan a la captación de donantes. ¿Cómo anima a donar? -Las técnicas han cambiado, ya no requieren estar 12 horas ingresado ni asumir riesgos. No hace falta extraer la médula ósea. También se pueden hacer trasplantes con la sangre periférica. Animo a que todo el mundo colabore con nosotros, que se haga donante, porque no sólo se puede solucionar la leucemia sino otro tipo de enfermedades oncológicas. -¿Qué le hace llorar? -No quisiera parecer sentimental, pero saber que gracias al trabajo que hace la fundación hemos podido salvar la vida de otro niño... No hay nada que pueda compararse a esto. -¿Alguna vez se ha encontrado con alguien que le haya dicho que le ha salvado la vida? -No directamente, pero sí me han dicho que gracias a mi fundación o gracias al trabajo que hacemos, un hijo o un hermano han salido del atolladero y han ganado la batalla. Pero no soy yo. Es toda la comunidad científica y la organización que hay detrás. -Ya, pero la mitad de todo esto sale de su bolsillo y se lo podría estar gastando en un crucero o en aviones privados. -Creo que es un deber. Para una persona que ha tenido la suerte que he tenido yo, y no hablo sólo de mi trayectoria artística, sino de superar una enfermedad y poder reemprender otra vez todo, es un deber intentar dar la mano a los demás. -Cuando abre los baúles llenos con el bagaje de 50 años, ¿qué siente? -Un poco de todo. Hay un momento entrañable de emoción. En otras ocasiones encuentro algún objeto y sonrío por los recuerdos que me trae. La verdad, y lo digo sin ningún tipo de presunción, he hecho muchas cosas y ahora es cuando me doy cuenta. En lo profesional la trayectoria ha sido inmensa, y eso me satisface muchísimo. -Usted ha protagonizado tres debuts en el Liceo: el primero a los 11 años como José María, porque el franquismo no admitía nombres catalanes; el segundo, en 1970, cuando el franquismo declinaba, como José, y el tercero, en 1988, en democracia, como José. -Cuánto hemos cambiado... Que conste que en el '70 seguía el franquismo, pero yo no era franquista [risas]. Claro, es que son 50 años con todos los avatares por los que ha ido pasando nuestra sociedad. Sinceramente, creo que estos últimos 30 han tenido más de positivo que de negativo. -Sigue reuniéndose con sus 10 amigos de toda la vida. ¿Le ayuda a tener los pies en la tierra? -Digamos que me da una perspectiva de lo que es de verdad la vida de las personas. El glamour, las limousines, el lujo... todo eso está muy bien. Pero las raíces de uno es lo que verdaderamente cuenta. Usted no sabe lo que para mí significa reunirme con estos amigos. Nos conocemos desde hace más de 50 años, hemos pasado juntos momentos extraordinarios: la infancia, la primera adolescencia... Que esto no se pierda me hace sentir muy orgulloso. -¿Ha hecho locuras por no faltar a esa cita mensual? -Bueno, yo he hecho viajes especiales desde cualquier punto del mundo para estar un sábado por la mañana a las nueve y media en una calle de Sants, el barrio en el que vivimos todos los amigos. -Cuando usted regresa del glamour a su vida normal, ¿qué es lo primero que pide? -Es obvio, el pan con tomate. Hace poco me preguntaban si prefería el caviar o el pan con tomate y dije que dependía de las circunstancias, pero evidentemente he comido mucho más pan con tomate que caviar. -Me parece que ya no contesta como cuando tenía 11 años. Ahora es diplomático. -No, es que el caviar me gusta, pero como muy poco, porque es un manjar para momentos muy concretos. Sin embargo, el pan con tomate lo puedes comer para desayunar, comer y cenar. -Su casa de L’Ametlla del Vallés (Barcelona), donde vivió 20 años y donde se recuperó de la leucemia, sigue conservando su piano en la buhardilla. La hija de los actuales dueños ha sido apuntada a clases para que algún día pueda tocar el piano de Carreras. Es un acumulador de momentos entrañables. -Estoy muy agradecido con todas las muestras de cariño que la gente me regala. Lo que usted me cuenta me hace muy feliz y está muy bien, porque significa que son gente que tiene sensibilidad y que entiende que la música es algo que nos ayuda a todos. -Es muy modesto. ¿Se da cuenta de que motiva el afecto de la gente, de que no se ha convertido en un ser que se cree Dios? -Sería absolutamente equivocado. En el mundo de lo que llamamos el arte, la gente en general es muy normal. Hay un tanto por ciento muy pequeño que continúa con esa pose fuera del escenario. Pero yo no he sido nunca así y tampoco me parecería normal serlo. -Digamos que lo que hace es un trabajo más. -Exacto. Eso es lo que es esto. Decir lo contrario sería no ser sincero con uno mismo y, por lo tanto, una opción equivocada. -Cuando el 21 de julio de 1988 regresó al escenario después de más de un año y tras vencer a la leucemia, ¿qué fue lo que recogió del público? -Tengo que decir que el público me ha tratado siempre con un afecto y un calor extraordinarios. Siempre me he sentido amado y, si cabe, todavía más después de todo el periodo de mi enfermedad, que fue un proceso largo y severo. Fue magnífico. -¿Le ha hecho mejor persona? -No sé, esto es muy difícil. No creo que sea mejor o peor persona. Soy, quizás, más maduro y condescendiente en ciertas situaciones. Ahora veo que lo importante en la vida es entenderse, el diálogo. -Creía que tenía un Porsche Carrera con chófer y veo que es un Cayenne. Me he llevado un disgusto: Carreras en un Carrera era un buen titular. [Risas a carcajadas] -No, un Porsche Carrera con chófer no podría ser. Lo tuve hace tiempo, antes me gustaban los coches mucho más. Ahora lo importante es que sea cómodo. Los hombres, a los 20 ó 30 años, sentimos esa debilidad por los coches. -¿El Barça le da muchos disgustos? -El último año sí. Las dos últimas temporadas sí que me ha dado muchos disgustos, como a todos los barcelonistas. Éste ha sido un año de un disgusto importante. -¿Ya no juega al fútbol? -Ya no. Ahora intento nadar lo más que puedo. Soy un poco perezoso, pero intento hacerlo. Hago una vida muy normal y cuido mucho la alimentación y dormir las horas. -Me han dicho que es alérgico a pedir favores y que jamás le oiremos decir eso de "¿sabe quién soy yo?". Sin embargo, tuvo que intervenir cuando a su actual mujer no le admitían a los niños en el Colegio Alemán. -Fui a ver al director del colegio para decirle que la señora Jäger iba a estar viviendo en mi casa. Explicarle que había venido con sus hijos y que sería mi esposa dentro de poco. No hice ninguna presión. Le expuse las circunstancias y lo que sí hago es alguna colaboración con el colegio. He hecho algún pequeño recital para ellos y la verdad es que lo hago encantado. Pero es cierto, soy incapaz de decir eso que usted apunta. -¿Cómo es su vida? -Celebro unos 55 conciertos y recitales al año en Europa, USA y últimamente mucho en Asia. Acabo de actuar en Milán y en Austria. El día 17, en el Liceo. Y el 18 marcho a Moscú. Sigo el día a día de lo que ocurre en todas las sedes de la Fundación. Y todo lo compagino con mi vida familiar: mujer, hijos y nietos. No siempre es fácil. -¿La ópera la da por finalizada? -Si surge la posibilidad de un título o una partitura adecuada no diré que no. La ópera son las raíces de mi carrera.
 
 
----------------- Ver video en http://www.youtube.com/watch?v=MDtcidMR_6I http://www.youtube.com/watch?v=yM2-L5MUEkU

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