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Fastos II: Los derechos humanos como variable de ajuste

POR PLUTARCO (*) Nuevamente, Caifás le reenvió a Plinio un texto escrito por Plutarco, quien se juntará con Cicerón para discutirlo. U24 decidió compartirlo con su foro de usuarios registrados, ya que trata sobre el perverso comportamiento político del presidente Néstor Kirchner, quien ordenó transformar el centro de tortura de la última dictadura militar, en un Museo de la Memoria.

Si se rasca un poco la cascarita de la emoción, se pueden encontrar las claves de la perversidad, del exceso y -sobre todo- de la estupidez. Por tanta despreciable sobreactuación teatral, suele dificultarse el intento de entendimiento, y se acota el espacio creativo para la reflexión. La razón, entre tantas chiquilinadas institucionales del más alto nivel, se convierte entonces en un elemento marginal. Cualquier observador poco distraído podría percibir por ejemplo que, merced a la insuperable extorsión intelectual (ejecutada con el complemento de la complacencia cómplice de los grandes medios), se oculta la parte más perversa del comportamiento político del transitorio presidente Kirchner. El mecanismo consiste en utilizar a las Fuerzas Armadas como variable de ajuste. ¿Y por qué no?, se preguntará, con su tierna inocencia, si total es gratis. Por su desprestigio, adhiere a la teoría que indica que los militares no cotizan ni siquiera en la bolsa de los cartoneros, y no registran datos certeros cuando pasan por la resonancia magnética de la prensa mayoritariamente adicta. Por lo tanto, el Comandante en Jefe, Kirchner, maltrata a los militares como si fueran meros ascensoristas, especies de boys scouts que sólo deben obedecer, someterse con el esqueleto de goma y la dignidad desaparecida, porque después de todo considera que no tienen derecho a la menor capacidad de reacción, y se encuentran sin la menor legitimación en las franjas de la sociedad culposa que lo sostiene. Por si no bastara, abusa de la formidable extorsión intelectual de referencia, que inmoviliza a cualquier probable impugnador que no sea uniformado. En efecto, si algún sensato se atreve a expresar la molesta densidad del sentido común y se decide a cuestionar sus escénicas chiquilinadas, debe arriesgarse a quedar como un precario fascistoide ligado a los militares, acaso con fines inconfesables, o, lo peor, como un imperdonable justificador de la tortura y la totalidad de las calamidades del infierno. Lo gravemente prioritario es que, con estos parámetros demostrativos de la frivolidad interpretativa que impregna su pensamiento, el Presidente toma la defensa de los derechos humanos como si también fueran una variable de ajuste. Es decir, los pone groseramente en la patología del primer plano para atemperar los efectos supuestamente criticables de la racionalidad económica que no se puede permitir, ante la franja festiva que lo sostiene, que es en general muy oscilante y habituada a la decepción fácil. En el fondo, con los efectos melodramáticos de su megalomanía, le falta el respeto a tanto dolor acumulado, y con su capacidad selectiva para la indignación divide nuevamente a la sociedad para instalar la congoja mediática en la agenda política. En realidad, de manera tan pueril, casi obscena, Kirchner banaliza los derechos humanos, al ponerlos en un primer plano para beneficio de un posicionamiento político de manipulación equivocada. Los ultraja, los manosea, despierta rencores en el peronismo que lo catapultó e ingresa solo, como un improvisado, a la torpeza de su propio laberinto. En definitiva, el Presidente distribuye tranquilizantes y vigorizantes caramelos de madera, ligeramente empolvados con azúcar impalpable. Gracias a sus infantiles caramelos de madera, el Presidente pudo lograr que la izquierda básicamente analfabeta de la Argentina ni siquiera se diera cuenta que es un duro en el difícil arte de arrugar. Con altas dosis de Esma y festivales, significativas porciones de anulación de indultos y agresiva terapia de prisión anunciada para el presidente Menem, cree lograr que ningún izquierdista analfabeto discuta por ejemplo ya -o por lo menos hasta mañana, 25 de marzo- la adscripción sistemática de su gobierno hacia los Estados Unidos, o sobre la providencial participación del presidente Bush, y no sólo para el arreglo con el Fondo Monetario Internacional, o el desmoronamiento de sus ilusiones de Dubai. O el mantenimiento estricto de todo lo transformado en los noventa que suele denigrar desde la tribuna, pero que continúa irremediablemente en la práctica, ya que asistimos, con más cinismo que perplejidad, a la renovación de la permanencia. Distrae, eso sí, a tanta emotiva militancia que en el fondo subestima y vive en estado de movilización, del respectivo pago hacia todos aquellos "que quieren llevarse la Argentina en cuanto ven que crece y se recompone", y tantas arrogancias conceptuales, que serán el hazmerreír de los próximos diabolizadores que condenarán a los actuales colaboracionistas de tantas idioteces memorables. Para terminar, es necesario tener siempre presente que los imberbócratas ya no son de izquierda, son truchos. Aunque son tan truchos que en cualquier momento pueden hacerse nuevamente de izquierda. Propinas para recuadros 1.- La paja y el trigo De entrada, el Presidente Kirchner dijo que "había que separar la paja del trigo". Entonces se percibe, en su comportamiento político, una cierta incapacidad para percibir el encanto del trigo, y una preocupante tendencia hacia la paja. Su gobierno, definitivamente, no es triguero. 2.- Trasvasamiento generacional A través de sus cuestionables mecanismos adolescentes de autoexcitación política, el Presidente Kirchner apunta estratégicamente al crecimiento sustancial de uno de sus más fuertes pilares, como la organización Madres de Plaza de Mayo. Es decir, el Presidente, movilizado por su incomprensible irresponsabilidad y espíritu divisionista, intentaría producir una indeseable renovación entre los cuadros del humanismo que lo aplaude, a los efectos de lograr una especie de transvasamiento generacional, efectivo pero macabro. Para colaborar de manera incuestionable con la proyección de las entidades y sellos que sostienen su altísimo índice en las dibujadas encuestas de Artemio, y producen que se convierta en un atractivo centro de indiferencia internacional, se impondría asesinar próximamente por lo menos otros cinco o seis mil jóvenes, en lo posible de entre 18 y 30 años, lo que permitiría incorporar a las organizaciones defensoras de su política suicidaria a no menos de cinco mil madres flamantes, savia nueva de fervientes desdichadas próximas que completarían la mencionada renovación generacional, representada por señoras de 37 a 50 años, que podrían tonificar energéticamente al rubro de la militancia contestataria que lo celebra. 3.- Visitas guiadas En las visitas guiadas del Presidente al futuro Museo de la Memoria, puede rastrearse una clásica interpretación montonera de la historia. Según fuentes indignas, que se basan incluso en una indemostrable profecía de Solari Parravichini, se indica que la sala del Museo más visitada por los turistas de pantalón corto será la de los Padres Fundadores. En la misma se exhibirá, para la posteridad -y en un lugar de privilegio-, su cuerpo embalsamado, enmarcado en una cripta impresionante y con escenografía blanca de glaciar. Y a sus costados, y cuatro escalones más abajo, podrán admirarse con recogimiento los cuerpos también embalsamados del general Balza y del almirante Godoy. Una suave música funcional con la voz de Victor Heredia -"todavía cantamos"- completará el emotivo paseo que conmoverá a los turistas latinoamericanos de short y sandalias. En adelante, como epílogo de la visita guiada, pasarán a la salita del merchandising, donde se venderán estampitas y remeras con la efigie de la Primera Ciudadana, como así también llaveros y ceniceros con la imagen repujada de los Padres Fundadores, y unos estupendos preservativos con la estampa coloreada en la punta del ministro Pampuro y del Presidente Duhalde. ambos de cuerpo entero. ------------------ (*) Plutarco fue un ensayista y biógrafo griego que nació en Queronéia, Beócia, en 50 d.C. y escribió sobre personalidades griegas y romanas de su época.

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