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Ray, el hombre que se enamoró de Marte

Ray Bradbury se enamoró de Marte e imaginó sus paisajes. Al diario de Monterrey, México, Milenio, le contó cómo el planeta rojo lo convirtió en escritor.

Termina enero y hace rato que la temporada de buenos deseos se ha extinguido, pero antes de cortar la comunicación telefónica Ray Bradbury desea "¡Feliz Año Nuevo!" y se despide. Es evidente que para él este 2004 es memorable. Según dice, lo ha comenzado a pleno, con las primeras imágenes directas y en colores enviadas desde territorio marciano: "Sentí una felicidad fuera de toda medida. Dentro de mí, aunque no lo crea, hay un niño de 12 años, y ese niño ha estado saltando de alegría desde que aterrizamos –¡y dos veces!– en Marte". Fue a los 12 años, precisamente, cuando el autor de la ficción más famosa sobre el planeta que más ha excitado la imaginación humana descubrió ese mundo que, hasta este año, tuvo el aspecto que él le dio. Porque ni La guerra de los Mundos, de H.G. Wells, ni la popular serie de televisión en los años '70 Mi Marciano Favorito, ni ¡Marte Ataca!, de Tim Burton dieron forma al 4to. planeta del sistema solar con la fuerza de las Crónicas marcianas. Las colinas azules, el mar fósil y los ríos secos que se recorrían en barcos de arena, las frutas doradas que brotaban en paredes de cristal, las antiguas y ajedrezadas ciudades fueron, desde la publicación del primer libro de Bradbury en 1950, el aspecto de Marte –Tyrr, según los nativos– para la gente de la Tierra. "Marte ha dominado mi vida desde que comencé a escribir", responde cuando se le pregunta si acaso no fue él quien inventó ese asombroso territorio que han comenzado a revelar los exploradores espaciales Spirit y Opportunity. "Tenía 12 años y leía incesantemente las novelas sobre Marte de Edgar Rice Burroughs, más conocido por haber creado el personaje de Tarzán. Escribía unos cuentitos, con la intención de que fueran secuelas a la obra de Burroughs. Hasta que un día vi, en el Observatorio Lowell, de Arizona, unas imágenes de Marte en el espacio y, sobre todo, los impresionantes dibujos de Giovanni Virginio Schiaparelli", el director del Observatorio Brera, de Milán, Italia, quien en 1877 hizo los primeros mapas de la superficie marciana. "Me enamoré. Simplemente me enamoré de Marte. Salí, corriendo, a escribir. Ése fue el remoto origen de las Crónicas marcianas. Así que ya ve: en realidad, Marte ha dominado mi vida". -¿Por eso desea que, a su muerte, sus cenizas sean enterradas en Marte? -Dado que nací en Marte, al menos como escritor, me encantaría regresar allí. -Además del estímulo de Burroughs y Schiaparelli en su caso particular, Marte ha exaltado la imaginación humana más que cualquier otro planeta. ¿Por qué cree que es así? -En primer lugar, creo que se debe a que es el planeta más cercano donde existe la posibilidad de una vida para los seres humanos. No podríamos asentarnos en Mercurio ni en Venus: están demasiado cerca del Sol, resultan muy hostiles para nosotros. Y más allá de Marte, los demás planetas están demasiado lejos, son demasiado fríos o demasiado hostiles también, aunque de otras maneras. El único planeta inmediato donde realmente podríamos ir, aterrizar y obtener agua y oxígeno para sobrevivir, es Marte. # "A Marte irán buenas personas" En uno de los breves relatos que van tejiendo las Crónicas marcianas desde enero de 1999 hasta octubre de 2026, uno de los expedicionarios, Spencer, reflexiona sobre ese punto. Dice: "Ya habría tiempo para tirar latas de leche condensada a los nobles canales marcianos; ya habrá tiempo para que las hojas del New York Times vuelen arrastrándose por los solitarios y grises fondos de los mares de Marte; ya habría tiempo para dejar cáscaras de banana y papeles grasientos en las hermosas y frágiles ruinas de las ciudades de este antiguo valle". Desde su casa de Los Ángeles –en cuyo subsuelo trabaja rodeado de libros, máscaras y la silla de director que John Huston le regaló por su guión de Moby Dick– Bradbury reflexiona sobre cómo podría ser esa colonización, ahora que la idea parece moverse del campo de la ficción al de la realidad: "No debemos repetir los crímenes de Cortés cuando invadió México", dice. -¿Cómo sería la vida que los humanos podrían llevar a Marte? -A Marte podría ir la misma gente que vino al continente americano, que es una tierra de inmigrantes: buenas personas que querían dejar atrás penurias como la guerra o el hambre. Es cierto que luego también vinieron algunos que atacaron la inocencia, pero en general no fue así, y por eso pudieron nacer los países de América del Norte y del Sur. Creo que el común de la gente que podría ir a Marte será la que busque una nueva tierra, como los exploradores Colón, Caboto o Verrazano, o como la que más recientemente huyó de las tragedias políticas de Europa. Los primeros habitantes de Marte, creo, serán como usted y como yo, buenas personas que tratarán de hacer un buen trabajo colonizando Marte, llevando allí la vida. Su planteo, ciertamente político, evoca otro de sus libros, Fahrenheit 451, donde una minoría protege los valores de la humanidad de los afanes destructores de un poder totalitario. -Al diablo con la política. Ya hemos tenido más que suficiente con los políticos en esta vida, ¿no? En el Congreso no hay muchos que tengan la imaginación suficiente para pensar de aquí a cien años, o cientos de años. Ni en USA ni, creo, en Canadá, México o América del Sur los gobiernos se preocupan por el problema básico de la humanidad que es la educación, un amplio arco que va de enseñar a la gente a leer y escribir hasta buscar conocimiento a través del viaje espacial. Colón vino a América a pesar de los problemas que dejó atrás en Europa. Hay que seguir avanzando. No podemos quedarnos estancados en los problemas domésticos, hay que moverse a la vez en distintas direcciones. Hemos llegado a Marte, pero debimos haberlo hecho hace ya 30 años. Siempre esperé que la vida me diera la oportunidad de ver el planeta rojo, y la tuve, pero con atraso. # "Mi Marte es perfecto" En su prólogo a la edición en castellano de las Crónicas Marcianas, el escritor argentino Jorge Luis Borges recorrió antiguas fantasías sobre otros mundos, como las de Luciano de Samosata o las de Kepler. Entre ellas, evocó que "a principios del siglo XVI, Ludovico Ariosto imaginó que un paladín descubre en la Luna todo lo que se pierde en la Tierra: las lágrimas y suspiros de los amantes, el tiempo malgastado en el juego, los proyectos inútiles y los no saciados anhelos". Los 2 textos del libro que Borges destaca, La 3ra. Expedición y El Marciano, ofrecen la brumosa visión de que en Marte se encuentra lo más duro de perder en la Tierra: los muertos queridos de los colonos aparecen como benigno o maligno engaño. Ahora que las fotos muestran que, por el momento, en Marte hay apenas el hielo que nadie extraña en este planeta, ¿qué escribiría Bradbury si tuviera los 30 años que tenía cuando publicó su libro más famoso? "Lo mismo –responde–, exactamente el mismo libro. Mi obra no es científica, así que en nada la afectan estos hallazgos. La fantasía que me mueve hizo posible que viera cosas que seguramente no encontraremos allí, porque no están. De algún modo, metí a los lectores en un lío: imaginar un Marte que no existe, que salió de mi cabeza. Es mi Marte, un Marte perfecto, una ilusión que permite que los lectores sueñen. Los escritores de ciencia ficción incorporan la precisión del conocimiento científico y encierran al lector. Yo hago otra cosa. Yo lo dejo volar". -¿Sigue escribiendo, como hacía hasta hace un tiempo, todos los días, de 9:00 a 10:30? -Desde luego. Hace 70 años que lo hago. ¿Por qué habría de cambiar? Acaso porque en agosto va a cumplir 84 años, y porque las consecuencias de una apoplejía lo afectaron durante un tiempo, pero su alegre voz en el teléfono parece desmentir esas noticias. Trabaja, entonces, con la misma energía que le permitió una obra prolífica (Las Doradas Manzanas del Sol, El Hombre Ilustrado, Remedio para Melancólicos, El Vino del Estío, El país de Octubre, entre sus trabajos más famosos), y enumera: "El sábado pasado se estrenó una obra mía en un teatro de Los Ángeles y estoy escribiendo una nueva; acabo de terminar otro libro de cuentos y trabajo en una novela que saldrá este año. También he publicado un artículo sobre por qué ir a Marte, donde describo el universo como un escenario y propongo que seamos el público que mire el espectáculo. Se llama Destino: Marte, y salió en el último número de Playboy. Léalo, pero cuidado con las fotos, ¿eh?" # Nacido un 22 de agosto Para Ray Douglas Bradbury, que nació el 22 de agosto de 1920 en Waukegan, Illinois, somos como civilización "imperfectos, peligrosos y terribles, pero también maravillosos y fantásticos. Estamos aprendiendo a cambiar". Considerado uno de los más grandes cuentistas y novelistas de ciencia ficción del siglo XX, a los 23 años decidió dedicarse totalmente a la literatura. Desde su graduación en 1938 en Los Angeles High School, ciudad en la que se establecieron sus padres Leonard Spaulding Bradbury y Esther Marie Moberg, y donde aún reside Ray con su esposa Maggie –con la cual ha tenido 4 hijas, Susana, Ramona, Bettina y Alexandra–, Bradbury fue un autodidacto que vendió periódicos mientras devoraba todos los libros que caían en sus manos y ejercitaba la pluma en revistas para aficionados. En una de ellas publicó, en 1938, su primera historia, El Dilema de Hollerbochen. Pero fue hasta 1950, con Crónicas Marcianas, una serie de relatos sobre la conquista y colonización de Marte, donde los terrícolas llevarán lo mejor y lo peor de sí mismos, recibiendo una dudosa acogida de parte de los pobladores del planeta rojo, cuando el nombre de Bradbury se inscribió en las páginas de la ciencia ficción. # Farenheit 451 En Farenheit 451, Bradbury avisora una sociedad demasiado parecida a la actual en Occidente, donde un cuerpo de bomberos con el número 451 en el casco –en alusión a los grados en que arde el papel–, se dedica no a extinguir los fuegos sino a provocarlos, ya que su misión es acabar con todas las bibliotecas. En el mundo de Farenheit 451, un millón de libros han sido prohibidos por el Estado omnipresente bajo el argumento de que, al contradecirse entre sí mediante argumentos que pueden ser opuestos, la gente no puede ser feliz. Sus obras han sido llevadas al cine y muchos de sus cuentos han sido dramatizados en la radio y la televisión como Alfred Hitchcock presenta, Cuentos del futuro y La dimensión desconocida. Se cuenta que en los años cincuenta muchas revistas de la época rechazaron sus escritos, entre ellos Historias extraordinarias, dirigida por John W. Campbell, con el argumento de que los cohetes descritos por Bradbury parecían hechos con fuegos artificiales, los marcianos semejaban fantasmas del día de brujas y su paisaje extraterrestre –muy parecido a las fotografías que hoy nos está enviando desde Marte el robot Spirit– una versión del desierto del medio oeste norteamericano. ------------- (*) Milenio, Monterrey, México, 2004. http://www.milenio.com/nota.asp?id=118257

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