Un sospechoso silencio envuelve al caso Astrada mientras el gobierno busca reforzar la seguridad
El gobierno de la provincia de Buenos Aires y el gobierno Nacional anunciaron un conjunto de medidas para detener la delincuencia y disminuir la inseguridad. La Policía Federal destinará un mayor número de efectivos a la calle mientras que el gobernador bonaerense, Felipe Solá, cuenta con una serie de decretos que ampliarán las atribuciones de los fiscales para hacer allanamientos y los habilitará a intervenir en casos vinculados con el comercio de drogas. También se facultará al personal de Gendarmería y Prefectura a realizar requisas, cacheos y detención de personas durante los operativos que iniciaron esta semana en el Conurbano. La medidas necesitan una rápida ejecución para evitar que la violencia le siga ganando a la sociedad. Rubén Astrada fue secuestrado el 26 de junio pasado minutos antes de las 8:00, cuando se dirigía al trabajo en su Ford Focus. Desde que la familia se enteró del hecho recibieron pocos llamados de los delincuentes, o por lo menos esa fue la información que se trascendió, siendo cuatro comunicaciones en 15 días. Hace pocos días se habría recibido la última llamada, y aunque no fue confirmado, se cree que tendrían otra prueba de vida, con la voz de Astrada desde el otro lado del teléfono. La banda habría estado integrada por entre cinco y siete delincuentes, entre ellos una mujer, que portaban escopetas y se movilizaban en dos autos Hace un año, en julio de 2002, el número de secuestro y delitos alarmaba a la sociedad. Pero también se registraba un dato preocupante ya que desde principio de año hasta la fecha habían muerto seis víctimas. La muerte de Juan Manuel Canillas, el 12 de julio de 2002, fue uno de los detonantes de la crisis. El jóven, de 23 años, fue secuestrado por un grupo de delincuentes cuando salía de su negocio, en el barrio de Once. Los delincuentes lo obligaron a ir a la casa de sus padres para buscar plata, previo llamado a la mamá para que prepare el dinero. Los familiares esperaron a los secuestradores con $1000, único monto que tenían en el momento, y los delincuentes después de recibir la plata se marcharon en el auto con el joven para liberarlo posteriormente. Sin embargo, a las pocas cuadras apareció el cuerpo de Juan Manuel con un tiro por la espalda. El caso fue el primero donde a pesar del pago del rescate, mataron a la víctima. Los familiares y amigos de Juan Manuel marcharán hoy, anticipándose al aniversario de su muerte, igual que lo harán personas cercanas a Leandro Denegri, el joven asesinado en Wilde el 27 de junio pasado. La policía bonaerense habría desarticulado en las últimas horas una banda de ladrones en la localidad de Wilde, tres de ellos vinculados directamente con la investigación del asesinato del joven. El comisario mayor Horacio Módola confirmó que tres de los once detenidos, una mujer, un hombre y un adolescente de 16 años, son sospechosos de haber asesinado al joven estudiante de abogacía cuya madre lleva tres días en una carpa instalada frente a la comisaría quinta de Avellaneda en reclamo de justicia. Leandro Denegri fue asesinado de un balazo en la cabeza cuando intentó evitar que tres delincuentes le robaran el auto. El crimen ocurrió cerca de la 1, cuando Leandro estacionaba su Ford Fiesta frente a la puerta de su casa. A la noche, el joven acostumbraba a llamar a un guardia que pagan entre los vecinos para que custodie el lugar, pero esa noche no avisó que estaba llegando. Casi el mismo día que mataban a Denegri, fue detenido un hombre acusado por el asesinato de Canillas, un año después de su muerte. En procedimientos realizados en los partidos de San Isidro y La Matanza, en los que 31 personas fueron arrestadas por diversos delitos. Otro sospechoso, Roberto Monti, está preso desde hace seis meses acusado de intervenir en el homicidio, pues su huella digital fue encontrada en el frente del estéreo del vehículo de la víctima. En noviembre de 2002, los principales jefes de investigaciones de secuestros de las policías Federal y bonaerense aseguraron en declaraciones a La Nación que "lo peor de la ola parece haber pasado". Advirtieron, de todas maneras, que "se vivía una especie de impasse mientras las bandas ajustan sus formas de operar y buscan nuevas formas de delinquir." Para el jefe del Departamento Delitos Complejos de la Policía Federal, comisario inspector Carlos Sablich, la disminución de los secuestros se explicaba por la leve mejora en la situación económica y los trágicos desenlaces en los casos de Juan Manuel Canillas y Diego Peralta, otros joven que fue secuestrado y asesinado tras el pago del rescate. También, por la falta de preparación de muchas bandas y el uso de nuevas tecnologías en las investigaciones. Sin embargo, los delitos siguieron y los casos duran cada vez más tiempo, demorando tanto el contacto con los familiares de las víctimas como el pedido de rescate. En 2003, los secuestros llegaron a extenderse más de 10 días, afectan cada vez más seguido a ricos y famosos, como fue el caso de la hija de Franco Macri, Florencia, y a las bandas de secuestradores se suman los delincuentes que quieren aprovecharse de la situación para cobrar el rescate aunque no participen del hecho.
