Él también se desempeñó como consultor de prensa en varias empresas privadas y organismos públicos.
En sus tiempos previos a la enfermedad que lo consumió, Lamana podía convocar con cierta facilidad a cualquiera de sus reuniones a varias decenas de personas vinculadas con la comunicación.
Esa fue la principal característica de Lamana, además de su creatividad y empeño: la amistad como forma de vida, y así lo recordarán quienes se relacionaron con él. Si se pusieran a escribir al respecto quienes lo conocieron en profundidad, por ejemplo Claudio Chiaruttini, podría consumirse varios tomos.
Esa intensa socialización de Marcelo contrastaba con el aislamiento que se autoimpuso en los últimos tiempos cuando su cuerpo comenzó a trastabillar y él se sentía, obviamente, a la defensiva. Pero esa limitación casi obligada no puede hacer olvidar ni quién fue ni los buenos momentos que compartió con muchos.