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Salta: Nuevos testimonios sepultan a Hoyos, quien sería traslado a un penal (la que le espera... )

Siguen acumulándose denuncias contra Simón Hoyos, que lo retratan como un perverso abusador de menores. Se espera su traslado al penal de Villa Las Rosas, previo cambio de carátula.

En Salta, luego de una semana agitada, en la que salieron a luz numerosos testimonios que coinciden en mostrar a Simón Agustín Hoyos como un perverso y abusador de menores, el juez Luis Agüero Molina -quien confió a los expertos la consolidación de las pruebas y la confección de un perfil científicamente fundamentado- iniciará la jornada con la notificación del cambio de calificación penal de abuso simple a abuso agravado en contra de Hoyos. Esto trascendió el viernes pasado, pero recién hoy el fiscal, la defensa de Hoyos y el actor civil de la familia de la niña abusada tomaran conocimiento de manera oficial. Luego, el juez continuará con la recepción de declaraciones testimoniales que hacen a la construcción del perfil tanto de la víctima, como del abogado Hoyos. El magistrado también tiene previsto resolver hoy, apoyado en la nueva calificación penal que prevé penas de hasta 20 años de prisión, el traslado de Hoyos a una celda de máxima seguridad en la cárcel de Villa Las Rosas. Hasta ahora, la vida del detenido en prisión tha transcurrido sin incidentes. En tanto, otro testimonio desgarrador fue publicado hoy por el diario El Tribuno: una entrevista a Inocencia Segovia, ex empleada de Hoyos, quien afirma: "Hasta preso me da miedo ese hombre". El excelente reportaje producido como en ocasiones anteriores por el periodista salteño Miguel Escalante es el siguiente: En medio de las estufas de tabaco, en un caserío de una finca de Cerrillos, El Tribuno ubicó ayer a Inocencia Segovia, una ex jornalera de finca San Clemente, quien debió huir de ese lugar por el acoso sexual que padeció su hija adolescente, hace pocos años. La niña iba a séptimo grado, en la escuela de La Falda, en Cerrillos. El sábado 8, la mujer estaba en su humilde casita cuando llegó su esposo con la noticia de que Simón Agustín Hoyos estaba detenido por abusar de una niña de ocho años. "Prendé la radio, me dijo. Prendé la radio.... Yo tenía razón, tenía razón... No entendía nada, creía que era una broma y no. Era verdad". -Tenía razón. ¿Por qué? - Porque él me ayudó a salir de ese infierno. A ser fuerte y a hacer respetar a mis críos. -¿Usted huyó de San Clemente? - ¡¿Y qué más iba a hacer?!. Si después de lo de mi hija no me quedaba más remedio, por ellas. Porque tengo varios hijos tuve que largarme, incluso sin cobrar el mes de diciembre del 2000. -Parece de novela. -Peor. El doctor parecía bueno. Incluso, al principio, me dijo palmeándome la espalda: "vos tenés chicos y yo te voy a ayudar". Me hizo llenar papeles y todo eso, pero nunca me dio nada. Ni siquiera pude cobrarle la deuda. Cuando fui a reclamar, me echaron como a una sinvergüenza. -¿Qué pasó con su niña? -Yo estaba con el tabaco casi todo el día y ella estaba solita en la casa con la otra guagua. Según me contó mi hija, llegó el doctor en la camioneta, la hizo salir y le dijo que venía a ver las goteras del rancho. Entonces se metió con ella en la pieza y allí le empezó a prometer que le iba a comprar ropa y que toda la familia iba a empezar a prosperar, que ella tenía que ser buena con él. Mi hija me lo contó llorando, casi desesperada de terror, tres horas después que el doctor se había retirado de allí. -¿La violó? -Ella dijo que no. Que la tomó por la fuerza pero no llegó a hacerle daño. Yo ¿qué podía hacer?. Se lo conté a mis compñeros de trabajo, todos sabían pero nadie salió en mi defensa. Era mi palabra contra la del doctor. Entonces lo consulté al capataz y éste me respondió: "tené cuidado, el doctor es muy poderoso. Está mal que haga eso, pero es el patrón", me dijo. Yo quedé aterrorizada y mi nena cada vez que oía la camioneta se echaba a correr al monte o me buscaba en los surcos. Yo no sé. Nunca se lo pregunté del todo, hice la vista para otro lado, pero ahora sé que esa vez abusaron de mi niña. Lo presentí, entonces, pero no tuve fuerzas para enfrentarlo. -¿Y ahora...? - Ahora mi marido me dijo que sea valiente. Me va a escuchar porque lo de mi hija nunca lo olvidé. Ella, pobrecita, seguramente tampoco. -¿Vive con ustedes? -No. Ella está en otro pueblo, de novia, pero no sé cómo le irá. Tiene recién diecisés años y es una chica muy solitaria, no sale, se reserva de la gente. -¿Por qué se fue? -Porque mi marido, que trabajaba en otra finca, me dijo que don Simón no tenía compostura. "Si no es hoy, va a ser mañana" me dijo y me rogó que nos fuéramos. Y nos vinimos aquí, sin cobrar. -Después de todo esto, ¿no lo habló con su patrón? -No, porque el doctor empezó a ponerse fiero conmigo. Me cortó el saludo y me presionaba para que me vaya. Es que ya le habían avisado que yo lo estaba por denunciar. -¿Le teme? -El miedo que yo le tengo es verdadero. Siento que estuviera frente al diablo, no lo puedo enfrentar. A mi hija le aconsejaba: si viene el doctor no le des palabra, putealo hasta que se vaya, no lo mirés ni le des "alzura". Pero no aguanté e hice lo que me dijo el marido. Armé el "amarro" y me vine aquí. -Ahora está preso.... -Sí, pero no se fíe.... yo "temorizo" de ese hombre. -¿La amenazaron? -De frente no, pero el capataz me inculcaba que los que jodían mucho terminaban en el horno de la calera. Yo "temorizo", hasta hoy, porque ése no era rumor, era verdad. Porque hay varios desaparecidos allí. Yo lo escuché no de una boca. Era del conocimiento de muchos. La calera era como una sentencia, no una amenaza. -¿Será verdad? -No sé, pero sudo frío de pensarlo. -Y ¿cómo desaparecían? -Decían que lo reportaban como accidente, pero otros decían que los empujaban al horno. -¿Volvería a San Clemente? -Con esos patrones no. Yo no soy manca; sé trabajar; soy de ahí para la azada; me hice en los surcos. Si yo me fui de allí fue por mis hijos y por el terror que le agarré a ese hombre.

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