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Especial: El horror se llamaba Pochi

Por Reinaldo Villegas (*) La Pochi fue/es una torturadora y criminal agente de los servicios de inteligencia de la Fuerza Aérea chilena. El siguiente relato estremece aunque hayan pasado tantos años, el horror nunca deja de serlo.

A casi 13 años de concluida la dictadura de Augusto Pinochet Ugarte, los escándalos protagonizados por militares siniestros, desde el 11 de septiembre de 1973 hasta el 11 de marzo de 1990, continúan develándose para consternación de las nuevas generaciones integrantes de las fuerzas castrenses. En esta oportunidad, un ex agente, Otto Trujillo, más conocido con el alias de Colmillo Blanco, de la Dirección de Inteligencia de la Fuerza Aérea (DIFA), cuya acción más "esplendente" se desarrolló en la década de 1980, denunció a una pundonorosa ciudadana, Viviana Lucinda Ugarte Sandoval, más conocida como La Pochi, quien durante los primeros 10 años de la dictadura de Pinochet, se asimiló a la Fuerza Aérea de Chile con el grado de cabo, a fin de integrar la citada organización represiva y participar en acciones de persecución, detención, tortura y eliminación de ciudadanos chilenos. En esos mismos tiempos, la Pochi impresionó con sus encantos al teniente Patricio Campos Montecinos a tal punto que contrajeron enlace ante las leyes civiles y las divinas, a través de uno de los tantos capellanes que "vivieron silenciosamente", aceptando a quienes crucificaban cotidianamente a Jesús. Otro dato caracterizador de la Pochi es que provenía de la organización de extrema derecha Patria y Libertad, creada por el ahora sesentón Pablo Rodríguez, quien durante esos años ofició como docente en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, de la cual fue expulsado por los propios alumnos hace unos cuantos años, no quedándole otro rumbo que pasearse por los tribunales defendiendo al General y a uno que otro de sus secuaces. La Pochi, junto al Colmillo Blanco y otros individuos desarrollaron una acción, que se sintetizó en los casos siguientes, donde participó directamente la agente: 1) El día 17 de diciembre de 1975, secuestraron para hacerlo desaparecer posteriormente al jubilado de Correos y Telégrafos, de 59 años de edad y padre de tres hijos, Carlos Sánchez Cornejo; 2) El 29 de marzo de 1976 detuvieron y eliminaron al joven José Arturo Weibel Navarrete, cuyos restos mortales fueron descubiertos no hace mucho en el Cajón del Maipo, contradiciendo la información oficial de la FACH, a través de la Mesa de Diálogo, en el año 2000, cuando se informó que estaba sepultado en el desierto nortino, y 3) Secuestro y desaparición de Reinalda Pereira Salas y Esdrás Pinto. La primera era tecnóloga médica y en ese periodo estaba embarazada. Su nombre no salió en la mesa de díálogo, sin embargo posteriormente fueron descubiertos partes de sus restos en la Cuesta Bariiga, entre Santiago y Valparaíso, presumiéndose que en tal lugar junto con otras víctimas fueron dinamitados sus cuerpos. En 1980, en época dictatorial, la Pochi y algunos de estos forajidos fueron investigados por el juez Carlos Cerda, pero como el magistrado estaba llegando muy a fondo en los acontecimientos que delataban como criminal a esta agente, Pinochet ordenó cambiar al juez y designar a un adláter, un tal Silva Ibáñez. Este detuvo la investigación y después la Pochi fue beneficiada por la Ley de Amnistía y sobrevino el olvido de sus macabros quehaceres. Prosiguió la vida, la cual fue encumbrando a su esposo Campos Montesinos, quien fue realizando una carrera brillante, amparado por el silencio de los pares y superiores que siempre callaron la tenebrosa vida de la cónyuge. Así lo declararon dos ministros de Defensa de la Concertación: uno, Edmundo Pérez Yoma, actualmente Cónsul en Bolivia, manifestó que cuando le correspondió ascender a Patricio Campos a mandos superiores y él presidida tales comisiones, nadie dijo nada , de los militares de la Fuerza Aérea que integraban tales juntas de ascenso. Similar declaración entregó el ex ministro de Defensa, anterior a la actual, Michelle Bachelet Con seguridad, en estas últimas dos décadas, tal pareja para muchos fue un dechado de virtudes. Quizás en cuantas oportunidades no hicieron noticia en las páginas sociales de El Mercurio y publicaciones del consorcio de los Edwards que prácticamente controlan la información a través de todo el país. Seguramente, en esa actividad que realiza y que se proyecta de la gente decente, donde aparecen retratados militares, banqueros, traficantes, arribistas y empresarios en general, la pareja Campos-Ugarte transitaba deslumbrantemente; sin embargo, se olvidaron de unos de los cómplices de antaño, el Colmillo Blanco. Este personaje fue procesado y encarcelado y al verse solo, triste y abandonado en una celda oscura invitó a un periodista de La Nación y le relató una historia perdida en el tiempo, la cual ha impactado a toda la comunidad chilena, menos por supuesto a la UDI, lo cual hasta el momento ha significado la renuncia del General del Aire, Patricio Campos Montecinos, ante el escándalo en que lo ha envuelto su esposa, y que ha alcanzado al propio comandante de la fuerza aérea, Patricio Ríos, quien protegió y amparó tal situación que se prolongo por tantos años. En el momento de la renuncia, Campos Montecinos era Director de Aeronáutica Civil y de alguna manera estaba ligado con individuos maléficos del pasado dictatorial, porque hasta marzo pasado colaboraba con él Mario Jahn Barrera, ex Subdirector de la tenebrosa DINA en calidad de Director del Museo de Aeronáutica. De igual modo, contribuyó a cancelar la autorización para que la aerolínea peruana Aerocontinente, tan aceptada por los viajeros chilenos por sus tarifas económicas, dejara de surcar cielos chilenos. Asimismo, se perfilaba como uno de los candidatos para sustituir a Ríos en el Comando General de la Aviación Como conclusión de esta historia negra, creemos que la Pochi debe ser nuevamente juzgada por sus crímenes. Así, lo solicitan las familiares de las víctimas y el pueblo chileno, que nunca termina de sorprenderse con tanta criminalidad de que fue portador el gobierno de Pinochet. Patricio Ríos, el comandante general debe igualmente renunciar por el prestigio de la Fuerza Aérea, a fin de reparar omisiones de desaparecidos que nunca se entregaron en la mesa de diálogo. Con toda seguridad, la UDI le ofrecerá una candidatura salidora para integrar el Senado y así encontrase con sus pares, como el almirante naufragado y otros grises individuos que tanto mal le hicieron al país. Se lo exige toda la nación, con la consabida salvedad de la UDI, para que así el Presidente Constitucional Ricardo Lagos, elija de varios candidatos a aquél que esté libre de máculas y haga olvidar estos actos de inmoralidad pública. Que, de una vez por todas, se vaya al cambio de constitución. Es inadmisible que a estas alturas, la república de Chile, la más democrática otrora, continúe rigiéndose por un instrumento jurídico impuesto por un ex dictador. Lo primero que se hace necesario es que el jefe de estado remueva y nombre cuando lo considere indicado a los comandantes de las fuerzas armadas. Debe retornarse a la sujeción de las fuerzas castrense al poder civil, como sucede en las más auténticas y desarrolladas democracias del orbe entero. Astudillo, Jueves, 26 de septiembre de 2002 ------------ (*) Escritor chileno radicado en Venezuela, desde 1976. 1134vill@cantv.nrt

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