Se cumplen 14 años de la muerte de Carlos Monzón
Carlos Monzón chocó con su automóvil Renault 19 que conducía, cuando transitaba la ruta 1 en jurisdicción del paraje Los Cerrillos, que une su San Javier natal con la ciudad de Santa Fe, que lo adoptó y aún se enorgullece de sus memorables triunfos. El ex titular mundial de la AMB y el CMB, estaba cerca de recuperar la libertad después de que en febrero de 1988, fuera encarcelado y luego condenado por la muerte de su mujer, la modelo uruguaya Alicia Muñiz, en un caso que llenó páginas blancas y amarillas de la prensa e hizo célebre a personajes como el 'Cartonero' Baez. Ya habían pasado 52 años de su nacimiento, el 7 de agosto de 1942, en barrio La Flecha, de San Javier, y más cercano en el tiempo, un día clave: el 2 de octubre de 1959, cuando concretó la primera de sus 87 peleas como boxeador aficionado, con un récord de 73 triunfos, 6 empates y 8 derrotas. Luego llegó la etapa más conocida: un total de 100 combates profesionales (15 de ellos mundialistas), con 87 victorias (59 nocauts), una sin decisión, 3 derrotas y 9 empates. Monzón ganó el título argentino mediano el 3 de septiembre de 1966 cuando derrotó al 'Gallego' Jorge Fernández, a quien también el 10 de junio de 1967 le arrebató la corona sudamericana. Su estilo fue tema de controversia entre los especialistas, aunque todos coincidieron en su guapeza, contundencia y talento. La noche del 7 de noviembre de 1970, en el Palazzo dello Sport de Roma, vapuleó al entonces indiscutido campeón mundial, el italiano Nino Benvenuti y se ciñó el cinturón que no abandonaría hasta su retiro, a pesar de Emile Griffith, Jean Claude Bouttier, Bennie Briscoe, José 'Mantequilla' Nápoles o Rodrigo Valdéz. Más allá de sus 14 defensas mundiales, lo que agigantó su campaña fue la enorme calidad de sus rivales, componentes de una generación brillante que no volvió a repetirse en ninguna categoría. Orgulloso, 'peronista y de Colón', Monzón en el presidio se apoyó en sus amigos 'Chiquito' Uleriche, Brusa y Alain Delon, entre otros, y convertido a la religión evangelista, comenzaba a apreciar las mieles de la libertad cuando, paradójicamente, la muerte lo cruzó en una salida por buena conducta.