El banco francés Credit Agricole dice que la crisis está costando a Egipto al menos US$ 310 millones al día. Los bancos y la bolsa de valores han cerrado toda la semana, mientras que la mayoría de las fábricas tampoco tuvieron actividad. Decenas de miles de turistas han huido del país debido a la violencia, asestando un duro golpe al sector a esa actividad.
El descontento ha provocado más alzas de precios de alimentos en algunas zonas El Cairo, presionando aún más los egipcios que se habían quejado por el aumento de la inflación. En un informe publicado hoy (04/02), el banco de inversión informa de que estaba revisando a la baja su previsión de crecimiento económico de Egipto hasta el 3,7%, informó la agencia AP.
La situación es muy tensa. La Policía egipcia habría detenido a 10 personas con explosivos, según informó la televisión Al Arabiya en su twitter.
Pero en esta ocasión el Ejército ha recibido instrucciones de asistir a los periodistas extranjeros y ayudar en su protección frente a los grupos de gente de civil -partidarios del presidente Hosni Mubarak- que les han agredido y golpeado en los 2 últimos días mientras cubrían las manifestaciones en El Cairo, según ha informado el Gobierno egipcio.
Hombres, mujeres y niños colapsan la plaza y muestran pancartas en las que se lee: "La demanda del pueblo es el fin del régimen. El mundo y Egipto serían mejor sin Mubarak".
Las protestas van a seguir centradas en la simbólica plaza. En un principio, se tenía previsto realizar una marcha hasta el Palacio Presidencial, pero los manifestantes han decidido quedarse y no dejar vacía Tahrir porque es el símbolo que desean quitarles los partidarios de Mubarak.
El Ejército egipcio ha establecido un estricto cordón sobre la Plaza de Tahrir. Cientos de soldados han cercado la plaza con alambre de espino y blindados, así como prohíben la entrada de comida y alimentos.
El mayor papel de los militares, posterior a la visita del ministro de Defensa, Mohamed Husein Tantawi, hace unas horas, puso en alerta a los manifestantes, que comenzaron a rodear los carros de combate para evitar que sus movimientos les destrozaran sus barricadas caseras.
El canal de televisión Al Jazeera ha narrado cómo los manifestantes comprobaban hoy viernes 04/02 los documentos de identidad de las personas que accedían al lugar para que no se cuele ningún policía o agente al servicio del Gobierno que pueda ocasionar disturbios como los vividos el jueves 03/02.
El ambiente es el de alegría y confianza en que la salida de Mubarak es un hecho. Habrá que ver si se mantiene en caso de que eso no ocurra.
Lo interesante es que los ecos de la revuelta egipcia han llegado hasta Irán, donde el gobierno reprimió muy mal hace poco el reclamo de los jóvenes en la denominada Ola Verde.
Pero el líder supremo del país, el ayatollah Ali Jamenei, intentó desconocer algo tan obvio e hizo una interpretación que desafía la racionalidad: para Jamenei hay un "despertar islámico".
El reclamo en Egipto es por libertad, calidad de vida y empleo pero Jamenei lo considera "el eco de la Revolución Islámica iraní y tiene una significación particular para nosotros".
Jamenei lo dijo durante la oración del viernes en la Universidad de Teherán, comparando la situación actual en El Cairo con el triunfo de la revolución en su país en 1979. Ridículo por donde se lo mire.
Políticos y expertos que se preguntan si los islamistas llegarán al poder pronto en Egipto o Túnez harían bien en preguntarse primero qué significa el término "islamista" y qué quieren hacer los líderes musulmanes a los que describe el término.
"Islamista" denota una ideología que utiliza el islam para promover objetivos políticos. Pero es un término tan amplio que puede aplicarse a la teocracia chií de Irán contraria a Occidente y a los suníes proempresariales que tratan de que Turquía entre en la Unión Europea.
Aunque esta palabra con connotaciones políticas puede evocar acciones violentas, como las de Al Qaeda de Osama bin Laden, muchos islamistas dicen que odian el uso de la violencia y quieren trabajar en el marco de la ley.
"Tenemos que distinguir entre las diferentes combinaciones de islam y política", dijo Mustafa Akyol, un columnista del Hurriyet Daily News en Estambul. "Un partido puede tomar sus valores y su inspiración del islam, pero aceptar un país laico".
Noah Feldman, experto en ley islámica en la Universidad de Harvard, dijo que participar en la política democrática puede cambiar a los partidos islamistas, citando el Partido AK de Turquía que llegó al poder en 2002 tras prescindir de su objetivo de crear un estado islámico.
"Una vez en el poder, no puedes depender de eslóganes o ideología para captar votos, tienes que aportar cosas", declaró. "Han hecho un trabajo extraordinario en ese sentido".
Los Hermanos Musulmanes egipcios y el partido islamista Ennahda ("Renacimiento") en Túnez hasta el momento no han podido operar en sistemas políticos abiertos, así que su profesado compromiso con la democracia aún no ha sido puesto a prueba en la práctica. No obstante, sus programas reflejan una estrategia más moderada que la de Hezbolá en Líbano, Hamás en los territorios palestinos o Irán.
Modelos diferentes
En un extremo del espectro de los islamistas está Irán, donde la revolución de 1979 derrocó al sah Reza Pahlevi y convirtió a la jerarquía religiosa chií en el poder máximo del país. El Líder Supremo - ahora el ayatolá Ali Jamenei - es más poderoso que el presidente y nombra a la élite militar y judicial y al Consejo de los Guardianes que supervisa la vida política.
Hezbolá y Hamás están clasificados como grupos terroristas por parte de Estados Unidos, no porque sean islamistas, sino porque defienden la lucha armada, especialmente contra Israel.
En la zona media del espectro islamista hay una variedad de partidos tan activos políticamente como les permiten sus países, la mayoría no democráticos. La obra social benéfica, un destacado elemento en la acción islamista, es uno de los elementos que les permiten ganar el apoyo popular.
Los Hermanos Musulmanes de Egipto, la formación más antigua, nació en 1928 abogando por la creación de un estado totalmente islámico. No obstante, ha suavizado su postura las últimas décadas, en las que ha estado prohibido aunque tolerado con el presidente Hosni Mubarak.
Como principal partido de la oposición, se dispone a desempeñar un papel estacado en el Egipto post-Mubarak, pero sus cautelosos líderes dicen que no quieren encabezar un nuevo gobierno.
Akbar Ahmed, un profesor de estudios islámicos de la Universidad Americana de Washington, puso en duda que los Hermanos vayan a secuestrar el levantamiento egipcio para crear una teocracia.
"No es posible una revolución iraní en un país suní", explicó, argumentando que los clérigos tienen un papel mucho menos pequeño que en el chiísmo.
Otro partido con una larga tradición islámica, el Yamaat i Islami, en Pakistán, no supera el diez por ciento en las encuestas a pesar del importante papel que tiene la religión en la política de este país de mayoría suní.
Rachid Ghanuci, líder de Ennahda en Túnez, lleva mucho tiempo siendo partidario de políticas más liberales que la Hermandad. Por ejemplo, apoya derechos políticos completos para todos los ciudadanos, a diferencia del movimiento egipcio, que quiere impedir que un no musulmán o una mujer acceda a cargos como el de presidente del país.
Islamismo en el poder
El Partido de la Justicia y Desarrollo (AKP, por sus siglas en turco) domina el otro lado del espectro y se ha convertido en el modelo para los islamistas que quieren combinar la fe y la democracia parlamentaria.
Elegido por primera vez en 2002, el primer ministro Recep Tayip Erdogan, se ha centrado mucho más en reformar la economía que en aprobar leyes que contenten al ala más islamista de sus simpatizantes.
Los detractores del AKP lo acusan de tener un programa islamista oculto, pero el partido, que pretende reformar la Constitución si en junio logra su tercera victoria consecutiva, niega cualquier intento de revertir los principios laicos del estado.
Los primeros dirigentes del AKP eran más ideólogos, como los Hermanos Musulmanes, pero Erdogan lo convirtió en una formación conservadora inspirada en valores musulmanes, algo parecido a los partidos cristianodemócratas de la Europa de la posguerra.
"El islam no se puede separar de la política, pero debería separarse del estado", dijo Akyol. "Un partido puede inspirarse en el islam y seguir trabajando en un sistema democrático".
El islam es ahora más visible en Turquía, que sigue siendo oficialmente laico, que antes de Erdogan - por ejemplo, los pañuelos son más frecuentes - pero eso deriva también de una clase media nueva y más religiosa que de leyes aprobadas por el AKP en el Parlamento.
"Estas diferencias culturales están relacionadas con la religión, pero es demasiado simplista reducirlas a la religión", dijo Feldman.