USA vs. Europa: ¿Cómo sigue la OTAN?
WASHINGTON DC (
El tema estaba estrechamente conectado con la guerra en Bosnia. Las instituciones de política exterior de USA y Europa (incluyendo muchos comentaristas, tanto liberales como conservadores) se oponían a una ampliación de la OTAN, y los diplomáticos jerárquicos y burócratas, en su mayor parte, pensaban que eso podría desestabilizar a Europa. La mayoría de los antiguos funcionarios de la OTAN, de Paul Nitze a George Kennan, y el mismo Pentágono, también estaban en contra.
Sin embargo, después de un reñido debate, el Presidente Bill Clinton llegó a la conclusión (precisa) en 1994-95 de que ampliaría el área de estabilidad en Europa. Más tarde, se ganó el apoyo de gobiernos europeos clave, liderando la alianza al histórico consenso que, en dos etapas, ha agregado a la OTAN 10 miembros nuevos hasta este momento.
En la actualidad, esa decisión parece ser obvia; incluso es difícil recordar cuán contenciosa era. Los críticos, si bien pocos lo han reconocido alguna vez, estaban equivocados. Sin una ampliación de la OTAN, enfrentaríamos una mayor inestabilidad en Europa central, especialmente en los Balcanes, así como también problemas más grandes con una Rusia irredentista y cada vez más autoritaria.
La OTAN probablemente se hubiera atrofiado y vuelto cada vez más irrelevante, porque no habría resuelto los temas de seguridad históricos de esa década: detener la campaña de limpieza étnica en los Balcanes y ayudar a crear una nueva Europa que, por primera vez en la historia, fuera democrática, integrada y libre.
La OTAN debe decidir ahora si empezar lo que llamaríamos la tercera etapa de su historia. La 1ra etapa fue la creación de la alianza a fines de la década de 1940, y la Guerra Fría en sí misma; la 2da etapa fue la ampliación y reorganización de la OTAN en la década de 1990, con posterioridad a la Guerra Fría, y el problema de Bosnia y Kosovo.
La 3ra etapa presenta una pregunta fundamental: ¿Debe la OTAN desempeñar un papel en lidiar con problemas que están afuera de su "espacio" histórico? (Es relevante recordar que hasta 1995, la mayoría de los burócratas de la OTAN decía que Bosnia yacía fuera de ese espacio, a pesar de que los Balcanes estaban virtualmente rodeados por países de la OTAN).
En el nuevo ambiente de seguridad global, la OTAN tiene que enfrentar el peligro más grave que existe a la seguridad colectiva de sus miembros. Pero ahora esos peligros provienen de miles de kilómetros de distancia del corazón europeo, ya no de pocos metros de distancia de Berlín Oriental.
Si la OTAN no asume más de estos problemas, todos nosotros tendremos menos seguridad, y la alianza correrá el riesgo de volverse irrelevante.
Esto no significa que la OTAN debería, o podría, convertirse en un policía global. No todos los problemas de seguridad del mundo son de importancia directa para la OTAN, y no todos los problemas pueden ser resueltos por la OTAN. Tampoco es éste un llamado a un imperialismo occidental del 'New Age'.
Estamos hablando aquí de lidiar con temas de seguridad nacional que son vitales a todos los miembros de la OTAN (temas que se encuentran afuera del área tradicional de interés de la OTAN, pero con respecto a los cuales la OTAN puede producir una diferencia).
De hecho, la OTAN ha chapoteado en algunas aguas globales (en forma tardía), asumiendo una misión importante en Afganistán, autorizada por las Naciones Unidas, iniciando una misión de entrenamiento modesta para Iraq, enviando misiones asistenciales a la zona afectada por el terremoto en Paquistán, y empezando (también en forma tardía) a hablar sobre un rol significativo, autorizado por la ONU, en Darfur.
Todas estas acciones son elogiables, pero la OTAN aún no se ha comprometido a asumir explícitamente una misión más global. Cada acción individual de la OTAN se convierte, de esa manera, en la arena para una batalla campal interna.
Ya es hora de una decisión de política formal, que debería ser tomada pronto y luego anunciada durante la cumbre de la OTAN a celebrarse dentro de siete meses en Riga, Latvia.
Para que la OTAN efectúe este salto con respecto a su misión, debe existir un apoyo europeo real y un liderazgo norteamericano efectivo.
En principio, una OTAN más global perseguiría precisamente el tipo de objetivos abrazados por la propia estrategia de seguridad de Europa.
Defender a Europa lidiando con estas nuevas amenazas constituye un objetivo central de la política exterior europea (y norteamericano-canadiense).
Un caso ilustrativo es el de Irán, donde la política está ahora debilitada porque está dividida entre varias instituciones, ninguna de las cuales, por sí misma, contiene todas las naciones occidentales cuya seguridad peligra a causa del programa nuclear de Teherán.
En este sentido, se debería enfatizar que involucrar a la OTAN no significa necesariamente tomar una acción militar; significa, sin embargo, una seriedad de propósito diplomático y político, sustentada por la amenaza de acción colectiva.
Por su parte, los europeos deben tener la voluntad política y los recursos para participar en misiones autorizadas en áreas a veces remotas. Esto no es económico, y USA no siempre puede llevar una parte tan grande de la carga.
En este momento, sólo 6 de nuestros 25 aliados de la OTAN gastan más del 2% del PBI en defensa, si bien todos han aceptado ese hito. Por otro lado, Washington DC debe restablecer la fe en la sabiduría del liderazgo y de la política norteamericana; ésta ha sido severamente dañada por el naufragio diplomático de Iraq.
Lógicamente, la OTAN y Washington DC deberán aceptar las realidades de una Unión Europea más fuerte, cuyos miembros están buscando una política exterior y de defensa común.
Riga constituye la oportunidad y el lugar para hacer encarrillar nuevamente la alianza. La OTAN debe estar preparada para los desafíos de este siglo y producir una nueva definición de su propia raison d’etre. Ésta es una linda frase francesa que significa "razón de existir".
Esperemos que Francia y sus colegas de la Unión Europea comprendan el valor de que la OTAN desempeñe un rol más amplio afuera de Europa. Para que eso suceda, Washington deberá tomar la iniciativa (por tercera vez en la historia de la OTAN) en definir una vez más el rol de la alianza.
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Richard Holbrooke, ex – embajador de USA ante las Naciones Unidas, escribe una columna mensual para el diario The Washington Post.
Ronald D. Asmus es director ejecutivo del Centro Trasatlántico del Fondo Marshall Alemán, de Bruselas, Bélgica. Las ideas expresadas en este artículo son las opiniones personales de los autores.
