Argentina tuvo una buen llegada de la mano del legendario Javier Zanetti, quien entró por la derecha y remató con zurda luego de una buena combinación ofensiva de los nacionales, que tuvo en la jugada previa al disparo un buen recorte del defensor del Inter de Milan. Fue bueno lo previo en cuento a concepción entre Ángel Di María y Lionel Messi.
Brasil mostró más coordinación y juego asociado en sus líneas de armado de juego a pesar de sus novatos. La verdad que juegan bien estos nuevos futbolistas tales como Neymar del Santos, con tan sólo 18 años. Lo de Ronaldinho fue intermitente aunque no por eso dejó de ser productivo. Obviamente que no es el de antes.
Brasil tuvo las chances más claras de los primeros 20 minutos con un remate que astilló el horizontal de Daniel Alves y un tacón de Ronaldinho que fue una pena que no haya sido gol, sólo por aquello del espectáculo. Argentina siguió sin mostrar ensambles basándose en la repentización de Messi y sus corridas esta vez bien neutralizadas por los brasileros.
Vuando se jugaba la media hora inicial, habían alterando el control del terreno y de las posiciones porque por momentos se cedieron el monopolio de la pelota. Argentina se arrimó hasta el arco de Brasil aunque sin precisión e ideas claras. Quizás sólo por actitud y peso de sus individualidades como cuando Messi tras una corrida individual sacó un zurdazo desde lejos que le dio un beso al poste derecho del arco brasilero casi justo en la intersección con el travesaño. Brasil, a esa altura de la etapa, había retrocedido muchos las líneas y sólo mantenía en ofensiva al solitario pero muy peligroso Neymar.
Los primeros minutos del complemento mostraron mejor al equipo nacional y el ingreso de Ezequiel Lavezzi por Gonzalo Higuaín fue productivo. El trabajo del delantero del Nápoli por la banda derecha del ataque nacional le puso picante al juego del equipo.
Brasil, demasiado restrasado y a la expectativa. El problema en ataque que tuvo el equipo de Menezes fue que dejó muy sólo a Neymar, sin brindarle el acompañamiento de Robinho y Ronaldinho. Algo que hubiese sido bueno para la ofensiva brasilera además del espectáculo. No pasó demasiado en media hora del segundo tiempo luego del furioso comienzo de la selección nacional.
Sucedió que los dirigidos por Batista cedieron la intensidad de los ataques mientras que Brasil apostó a mantener el equilibrio sin la avidez por conseguir la victoria. Por consiguiente, pasó que se comenzó a observar lo más flojo del partido. El tiempo de los conformismos mezclado con el casancio y la impotencia.
El ingreso de Andrés D'Alessandro por Javier Pastore no le pudo dar al equipo lo que Batista esperaba. No hubo mucho tiempo y además el jugador del Inter de Porto Alegre no se pudo meter de lleno en el juego esos minutos. Estaba todo dicho.
El empate no le caía mal a nadie. A Brasil, porque seguía manteniendo el invicto en el nuevo ciclo post-mundial de Menezes, y porque para el debut de Batista como DT oficial, tampoco era malo. Pero apareció Messi... y todo cambió.