La siguiente columna fue publicada en el diario español de negocios 'Expansión' y refleja las muchas dudas que aún hoy provoca la telefonía móvil.
MADRID (
Expansión). En España hay 47 millones de móviles, más que habitantes. La masiva aceptación no evita que muchas personas duden de la inocuidad de estos aparatos, recelo que es aún mayor ante las radiaciones de las antenas de telefonía móvil.
Hace poco más de una década que los teléfonos móviles entraron en nuestras vidas, pero ya se han convertido en imprescindibles para buena parte de los ciudadanos, independientemente de su edad y ocupación. Esa aceptación no es incondicional, y son muchos los que se preguntan si el uso habitual de estos aparatos es completamente seguro para la salud, una duda que cobra fuerza cuando se difunden los resultados de investigaciones que aseguran haber encontrado efectos dañinos de la exposición a esos campos electromagnéticos.
La respuesta es contundente: las investigaciones científicas no han encontrado ningún efecto perjudicial para los límites de intensidad de los campos electromagnéticos fijados por la ley. Sin embargo, "no podemos garantizar lo que sucederá dentro de unos años, ya que todavía no ha transcurrido el tiempo suficiente para desarrollar investigaciones epidemiológicas a largo plazo sobre el impacto en la salud del empleo de los móviles", subraya Paolo Vecchia, presidente del Comité Internacional para la Protección contra las Radiaciones no Ionizantes.
"La mayoría de los trabajos que se han hecho hasta ahora no han encontrado efectos nocivos. No obstante, tendremos información más exacta cuando conozcamos los resultados de un gran estudio (en el que participan nueve países) que se está llevando a cabo", anunció Veccia durante su participación en el curso de verano de la Universidad Complutense Campos electromagnéticos y sociedad.
Las respuestas de los científicos no han variado desde hace unos años, como tampoco lo han hecho las preguntas de la opinión pública. "Las sociedades demandan certezas absolutas, y eso va a ser imposible", asegura el profesor de sociología de la Universidad de Oviedo Alberto Hidalgo, entre otras razones porque la técnica avanza a un ritmo más rápido que el de la investigación científica. Añade que los temores de la opinión pública ante las nuevas técnicas siempre han existido, y en ese contexto encuentran eco los mensajes pseudocientíficos, que suelen tener una importante repercusión.
Mayor oposición social encuentran las antenas, a las que se atribuyen enfermedades tan graves como el cáncer. Eusebio Bautista, director de la división de Relaciones Externas de Telefónica Móviles España, insiste que "los operadores cumplimos los límites estrictamente", pero lamenta la resistencia de los ciudadanos a que se instalen antenas cerca de sus domicilios, oposición que choca con con la creciente demanda de tener cada vez más y mejor cobertura".
Peligro: alta tensión
Otro aspecto controvertido es el peligro de la exposición a los campos que generan las líneas de alta tensión y que ha llevado a diferentes colectivos ciudadanos a exigir el enterramiento de esas líneas. ¿Qué hay de verdad científica en esa petición?
"Enterrándolas, los campos son más intensos en la proximidad y más débiles a medida que nos alejamos, mientras que cuando están en el exterior, la intensidad llega más débil. Es un fenómeno psicológico, ya que en ambos casos son igual de seguras, siempre que no se superen los límites fijados por la UE y que son los que, con la evidencia científica actual, garantizan la seguridad", explica Antonio Hernando, director del Instituto de Magnetismo Aplicado de la Universidad Complutense.
La realidad es que la población desconfía de la inocuidad de los campos electromagnéticos. Alejandro Úbeda, del Comité Científico Asesor sobre Radiofrecuencia y Salud, matiza que "la gente tiene la misma preocupación por los móviles que por las líneas de alta tensión. Lo que sucede es que la proporción de personas que manifiestan una preocupación muy alta es mayor con las líneas de alta tensión, mientras que frente al móvil el grado de preocupación es menor".
Conducir y hablar
Ningún científico niega la existencia de trabajos que revelan que la exposición a los campos de los teléfonos móviles tienen repercusiones sobre el organismo. Alejandro Úbeda, del Servicio de Investigación de Bioelectromagnetismo del Hospital Ramón y Cajal indica que "la exposición a las frecuencias de los móviles provoca pequeños cambios en el electroencefalograma, unas variaciones que no tienen porqué ser dañinas, pero que existen".
Otros trabajos han encontrado un mayor número de casos de un tipo de tumor acústico en usuarios de móviles, y un estudio de la Amercian Health Foundation yel Memorial Sloan Kettering Cancer Center concluye que estos aparatos no aumentan los casos de cáncer cerebral.
Sí existen evidencias de que usar el teléfono móvil mientras se conduce ralentiza las reacciones, según una investigación publicada en ‘The New England Journal of Medicine’ y ‘Journal of Experimental Psicology’. Además, los conductores que utilizan el móvil reducen su campo de visión, de forma que se produce un túnel de visión, situación que persiste después de finalizar la conversación, tal vez porque los conductores siguen pensando en lo hablado.
Más alarmante es el trabajo del profesor de Física Térmica Tsuyoshi Hondou, de la Universidad de Yohoku, en Japón, que sostiene que los vagones de los trenes y el metro impiden la salida de las ondas de los teléfonos móviles y crean campos electromagnéticos que son cancerígenos, aunque los teléfonos estén apagados.
Paolo Vecchia insiste en que la mayoría de los trabajos no encuentra efectos dañinos en el uso de los móviles, pero reconoce que tampoco hay que infravalorar los resultados negativos. "Lo importante es buscar un consenso entre científicos, ciudadanos, políticos y empresas para disipar cualquier sombra de duda sobre la salud".