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Aquellos días del Centenario promisorio

1910: la Argentina creía que sería una potencia emergente y festejó a lo grande sus 100 años. No sospechaba su decadencia.

Con motivo de cumplirse el primer centenario de la Revolución de Mayo, el Gobierno del entonces presidente Figueroa Alcorta organizo los festejos que engalanaron a la ciudad desde la madrugada del 19 del mismo mes. Las crónicas de la época decían que era una festividad "magnifica que trae más pavorosa cola que el cometa Halley". Este período se caracterizó por la existencia de un estado conservador y un sistema de fraude electoral, que ya se hacía insostenible pero que había servido para mantener en el poder el proyecto político más importante que tuvo la Argentina porque si bien fue acusado de "oligárquico", logró un desarrollo sin igual, llevando al país a ubicarse entre los 10 de mayor expansión de la época. La Unión Cívica Radical se abstenía de participar en elecciones, afirmando que era prestarse a la trampa que realizaban los conservadores a partir del 'voto cantado'. Las faltas de garantías comiciales puede decirse que legitimó el levantamiento que la UCR provocó en febrero de 1905 cuestionando el "fraude como método de supervivencia del proyecto establecido en el ochenta". Los líderes conservadores en lo político eran partidarios del liberalismo en lo económico, y con la asistencia británica impusieron un modelo agroexportador, proveedor del mercado inglés. Ellos admiraban el 'modelo europeo' e importaron la moda, los usos y las costumbres de grandes ciudades como Londres y París. El modelo alternativo era el de los Estados Unidos, pero ni Domingo Faustino Sarmiento ni Juan Bautista Alberdi había logrado, años antes, en el siglo 19, que sus compañeros de época se entusiasmaran con la novedad. Ya en el siglo 20, la UCR carecía de un modelo de referencia. Pero avanzaba hacia el poder por una incapacidad de los conservadores para oxigenar su propio modelo abriendo canales de participación popular. De todos modos los festejos de la década de 1910 fueron aprovechados para homenajear los 100 años de la emancipación española con monumentos, actos y exposiciones que reflejaban la Argentina construida por los conservadores que, sin embargo, había ingresado ya en un peligroso proceso de decadencia que ellos no alcanzaban a advertir. Buenos Aires era 'la Gran Aldea', en 'la París de Sudamérica'. Era la gran envidia de las clases dirigentes sudamericanas pero en la Argentina no se entendía muy bien para qué servía semejante exaltación. Para dar más trascendencia a las celebraciones se le encargó al escultor Gustavo Eberlín, la realización de monumentos conmemorativos de los próceres y de la Revolución de Mayo. El presidente Figueroa Alcorta, en presencia de la Infanta Isabel de Borbón, colocó la Piedra Fundamental del Monumento a los Españoles. El diseño pertenecía al escultor catalán Querol-Querol que se trasladó a la Argentina para la ejecución de la obra. Una curiosidad: las principales delegaciones extranjeras no se hospedaron en hoteles (destacaban el Majestic, en Avenida de Mayo, que fue reservado en su totalidad por el Gobierno, y el Plaza) sino en residencias privadas. Fe el caso de la Infanta Isabel, quien se alojó en el Palacio Bary, de la Avenida Alvear. Entre otras personalidades, asistieron a los festejos el presidente de Chile, Eugenio Larraburru; en representación del Imperio de Alemania, Colmar conde de von der Goltz; y del Imperio de Japón, Eiki Hioki. Von der Goltz escribió un libro luego de aquel viaje, titulado 'Impresiones de mi viaje por la Argentina'. El conde trajo la colección de telas y diseños personal del Emperador alemán. En su libro, él describió cómo se reprimían las manifestaciones anarquistas: "Argentina está administrada por un gobierno muy práctico y de orden. Realmente a mí me hizo muy bien ver con qué vigor la emprende contra todo intento de crear disturbios en el desarrollo y en la vida pública. En la dársena sur, en la desembocadura del Riachuelo, se hallaba anclado un barco bien grande que, como me relataron con sonrisas elocuentes, se iba poblando poco a poco con esa chusma carne de presidio que la policía iba cazando aquí y allá. Me señalaban además que, cuando el buque estaba lleno, comenzaba un viaje de turismo a Tierra del Fuego y allí se los desembarcaba". Ante la repercusión mundial que tenia el Centenari, la Confederación Obrera  Regional Argentina organizó la llamada Huelga General Revolucionaria. La reacción de las autoridades fue inmediata: decretaron el estado de sitio y ordenaron la destrucción de los periódicos de propaganda obrera de los grupos anarquista y socialistas como 'La Vanguardia' y 'La Protesta'. Los objetivos que tuvo esta manifestación fueron los de conseguir la derogación de la Ley de Residencia; liberar a los trabajadores detenidos como consecuencia de esta ley; y obtener una amnistía a los infractores de la ley del Servicio Militar Obligatorio. La Ley de Residencia de Extranjeros, de 1902, habilitó la represión y persecución de todo aquel inmigrante que fuese acusado de "atentar contra el bienestar social de la republica". El proyecto presentado ante el Congreso por el senador Miguel Cané se convirtió en la Ley 4.144 cuyo artículo primero expresaba: "El Poder Ejecutivo podrá ordenar la salida del territorio de la Nación a todo extranjero que haya sido condenado o sea perseguido por los tribunales extranjeros por crímenes o delitos comunes". Dirigido a responsabilizar a los inmigrantes de los disturbios y huelgas que se producían en el ámbito local. Entonces esto era castigado con la expulsión y más tarde con la muerte según la Ley de Defensa Social de 1910. Esta ultima legislación surgió como consecuencia de un atentado realizado en el teatro Colon cuando un individuo deposito un a bomba en una butaca vacía. El conde de von der Goltz siguió su relato: "Entonces sí que ahí en Tierra del Fuego podían hacer todo el alboroto que quisieran. Se habló en esos días de una huelga general que iba a comenzar con perturbaciones de las numerosas líneas de tranvías eléctricos, indispensables para el transporte en una ciudad extendida. Pero antes que comenzara la huelga, ya iban apostados soldados atrás y adelante de los vehículos, con fusil cargado y, de anteriores experiencias se sabía demasiado bien que esos guardias no dudaban mucho en apretar el gatillo. De modo que las perturbaciones fueron dejadas para más adelante y hasta hoy no se pusieron en práctica. Pero tal vez la medida más adecuada del jefe de Policía de Buenos Aires fue que, antes del día clave, hizo detener a un importante número de agitadores anarquistas y los encerró, poniéndolos sobre aviso de que, ante la menor perturbación de la fiesta del centenario abriría las puertas de la cárcel y dejaría todo lo demás en manos de la población exasperada. Ya quisiera que nosotros, los alemanes, también imitáramos de vez en cuando algo de este vigor original y edificante y no tuviéramos siempre tantas contemplaciones". Von der Goltz fue acompañado por von Restorff, representante de la fábrica de armas Krupp: llegaron para vender material bélico. También escribió el mariscal de campo alemán: "Todos los festejos argentinos tuvieron un carácter serio y solemne. En este sentido el poder armado ocupó un papel protagónico con sus formaciones y guardias de honor, sus escoltas, bandas de música militar, etc. Batallones de escolares desfilaban por las calles y daban expresión –y quisiera designarlo expresamente así- al militarismo, que en la Argentina está muy latente, a que en el extraordinario progreso que la República hace en el orden material, no ha perdido de vista la necesidad de fomentar y fortalecer el estilo militar, lo guerrero (...) Quisiera decir aquí una palabra acerca de la educación militar de los soldados argentinos. Todo lo que sea marchas y desfiles es muy apreciado en Buenos Aires. Entre nosotros, los alemanes, se habla demasiado sobre lo severo de la instrucción militar, pues bien, antes de hablar tendrían que ir a la Argentina y ver cómo se instruye a los soldados y se les hace ejercitar". En cambio el Reino Unido no estuvo adecuadamente representada porque los Windsor estaban de luto por la muerte del rey Eduardo VII. También llegaron el escritor español Ramón del Valle Inclán y el político francés Georges Clemenceau; el futuro premio Nobel de Literatura de 1922, Jacinto Benavente -era el director de la compañía teatral Guerrero Díaz de Mendoza-; y otro escritor español, Vicente Blasco Ibañez, con 600 labradores, dispuesto a fundar dos colonias en la Patagonia. No lo logró. Pero, al regresar a España publicó 'La Argentina y sus grandezas'. También pasaron por la Ciudad, Anatole France, miembro de la Academia de Letras de Francia y futuro premio Nobel de Literatura, y su compatriota, Jean Jaurés, uno de los teóricos del socialismo reformista. En los cafés reinaban la bohemia y el debate propuesto por las ediciones de la Biblioteca Nacional (Groussac), la 'Revista de América' (Rubén Darío), 'El Sol' (Ghiraldo), 'Ideas' (Olivera y Gálvez), 'Nosotros' (Giusti y Bianchi). Se imprimieron números extraordinarios de homenaje de 'Caras y Caretas' y 'PBT'. En su estética modernista Rubén Darío escribió acerca del Centenario, y Lugones, con sus 'Odas Seculares', celebró el sistema político vigente. Eran los tiempos de Carriego, con su amor por el barrio porteño; Almafuerte, con su ética; y Gálvez con su relato autobiográfico de sintesis nacionalista 'El diario de Gabriel Quiroga'. La plástica entregó obras como 'La fundación de Buenos Aires' (Moreno Carbonero), la 'Primera misa en Buenos Aires' (Bouchet), 'Cabildo del 22' y 'Mariano Moreno en su mesa de trabajo' (Subercaseaux), que aspiraron, desde colores y formas a promover un sentido histórico nacional. En el plano económico, la Argentina registraba el éxito del modelo agro exportador impuesto desde las últimas décadas del siglo 19. Eran los tiempos del "crecimiento hacia fuera"  sostenido por la exportación de carnes y granos, en especial al Reino Unido. Hacia 1910, la Argentina era el 3er. mayor exportador mundial de trigo. Llegaron inversiones extranjeras, principalmente de Gran Bretaña y, menos, de Francia, Alemania y USA. La mayor parte de ese capital se destinó a la financiación de obras de infraestrucrura: ferrocarriles, servicios urbanos de aguas corrientes, gas, luz y tranvías. Abundaron las exposiciones temáticas realizadas en distinto puntos de la Ciudad. La muestra de Bellas Artes, de la cual participaron casi todos los países de América Latina y Europa, se montó en la Plaza San Martín frente al Hotel Plaza. Se utilizó el edificio que había funcionado como Pabellón Argentino en la Exposición Universal de París en 1889. Según fotos y testimonios de aquellos años, el recinto era un edificio de estructura metálica, decorado con paneles que mostraban imágenes vinculadas con las ciencias, las artes y el trabajo. Ese pabellón fue abierto al público el 12 de julio de 1910, luego del agregado de nuevas instalaciones porque los envíos extranjeros superaron las expectativas de los organizadores: 2.375 obras. En el predio de la Sociedad Rural Argentina (SRA) hubo una exhibición de productos del campo de todo el país. Al acto inaugural concurrió la infanta española Isabel de Borbón, quien se llevó como obsequio una pareja de caballos. También se construyó un gran vivero con plantas exóticas y especies facilitadas por el Jardín Botánico de Buenos Aires. La Exposición de Higiene mostró avances sanitarios, maquetas de tendidos de cloacas, moderno instrumental médico e instalaciones para hospitales. También participaron algunas empresas de agua mineral y hubo stands donde se presentaban las más conocidas farmacias porteñas y varios laboratorios, los cuales enseñaron su producción medicinal y de perfumería. En forma parelela a la exposición, se congregó en Buenos Aires, el Congreso Interamericano de Medicina e Higiene. Como contrapartida, ese mismo año se produjo un fuerte brote de viruela en La Rioja y la tuberculosis afectó con vigor el norte del país. La Exposición Ferroviaria y del Transporte estuvo abierta desde el 17 de julio de 1910 hasta principios de enero del año siguiente. Fue la de mayores dimensiones y la más concurrida. En ella se exhibieron los últimos modelos de automóviles: los Isotta Francini italianos, los Mercedes alemanes y los Peugeot franceses. Cada uno de los países participantes contó con un edificio y el pabellón italiano fue uno de los más atractivos, ya que se trataba de una construcción con cientos de ventanas que albergaba la réplica de una estación ferroviaria presidida por un busto del rey Víctor Manuel III. Cada día, Jorge Newbery realizaba algunas ascensiones en dos globos para que los visitantes observaran desde la altura los alrededores de Palermo y el río. La Exposición de la Industria fue inaugurada cuatro meses después de lo previsto, el 25 de septiembre, pero allí se pudieron conocer modernas maquinarias industriales, muchas de las cuales todavía no funcionaban en el país. La tecnología alemana fue la que despertó mayor asombro. También se abrió una Exposición Filatélica en la que se mostraban sellos de países remotos y tarjetas postales firmadas por celebridades de todo el mundo, entre ellas ex presidentes como Mitre, Roca, Saénz Peña, Pellegrini, Uriburu y Quintana. En algunas vitrinas se exhibieron manuscritos de los próceres de la Independencia y maniquíes vestidos con uniformes de empleados de correos que se remontaban a 1810. El espíritu de la conmemoración fue lanzar la ciudad hacia al futuro, imponer a la Argentina como una aspirante a nueva potencia mundial. Sin embargo no faltaba mucho para que comenzara la decadencia.

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