La UBA, apenas un mangrullo televisado
BUENOS AIRES (
Pues verá, tío Oberdán querido, que difícilmente los bedeles fuliginosos sientan simpatía por una parva de estudiantes que enuncia frases como "participación democrática en la UBA" (frase que omite el término "salarios"). Que enuncia, cual dádiva, frases como "derecho al voto universitario" (y no "control de DOSUBA"). No es incomprensible, entonces, que, a la luz de una incongruencia en el horizonte de intereses entre unos y otros, se dispare cierta tendencia natural – y, por cierto, censurable - a "fajar giles" repentinamente.
Son estas políticas Activia, tío querido, como ya nos demoramos cierta vez en explicar, aquellas que mancomunan la creatividad alrededor de la planificación sistemática de las próximas cagadas. Cual Activia, el yogur que regulariza toda sospecha de deposición.
Al frenesí obturador y autoritario de las izquierdas coprolíticas universitarias, tío querido, se le suman entonces metódicas cagadas. A saber: la imposibilidad lógica para hacer cumplir, por lo pronto, sus propias consignas. Probablemente, tío Oberdán querido, a razón de cierta obturación de las neuronas. Usted entenderá que la proliferación de barbas – como se explicaba en la peluquería que frecuenta tía Jorgelina - produce un traspaso importante de la irrigación desde el cerebro hacia el mentón y anexos.
Dos (por así decirles) cagadas
Entonces, en primer lugar: la reforma del estatuto universitario. Esta ilustre cagada es, casi le diría, borgeana. Una paradoja producto de la precocidad con la que se vierten "planes" (por no insistir con el término "cagada") sobre la Dama Tambaleante.
Imagínese, tío Oberdán querido, que se trata, aproximadamente, de aquella histórica contienda entre Aquiles y la tortuga.
Porque es imposible – fíjese qué elemental, tío Oberdán querido - que haya reforma del estatuto si no se constituye la Asamblea. Pero ocurre que los grupos coprolíticos a cuya izquierda está la pared obturan – infinitamente – todo intento que la Asamblea hace de reunirse. Como diría un importante cuadro del marxismo latinoamericano: "se les escapa la tortuga".
Por lo que, como bien podrá imaginarse, la paradoja es irreversible: difícil es reformar un estatuto si la Asamblea en la que tal reforma ha de llevarse a cabo es, una y otra vez, obturada.
La segunda cagada es más radical. Casi tajante. Trátase de un tardío llamado al "plebiscito universitario" en el que las minorías obturadoras "preguntan" al alumnado (en principio) si está de acuerdo – o no - con el obturador plan de "democratizar la UBA".
Es curiosísimo, tío Oberdán querido, que las izquierdas repitan su constante lógica de elite iluminada a lo largo de los tiempos.
Ante cada obturación de la democracia que se pretendía defender, tío Oberdán querido, se respondía bajo el tibio amparo de una sola invocación: estar obedeciendo "la voluntad de una mayoría". Mayoría que, curiosamente, tras haber toqueteado, en su nombre, a la Dama Tambaleante, se consulta.
Pero claro, es un detalle. Una formalidad. Verá usted, tío Oberdán querido, ¿quiénes son las ciegas mayorías para opinar qué debe hacerse o no en su nombre?
Nuestras izquierdas amateur poseen un concepto muy clásicamente liberal de la "democracia". Es decir, la democracia es un ejercicio que corresponde a la elite iluminada. Rol con el que tiende a identificarse, entendiblemente, la propia minoridad de las izquierdas. De allí su carácter autoritario.
El desfasaje temporal – primero obrar, después consultar - es acorde a la existencia misma de las izquierdas coprolíticas universitarias, podrá usted argumentar. Y quizás tendrá razón.
No es esa burla a la democracia concreta otra cosa que el - necesariamente teórico, libresco -desprecio que las izquierdas reservan a las mayorías. Es que nadie mejor que las izquierdas, tío Oberdán querido, para conocer la importancia de guardar las urnas. Urnas que, en un ámbito democrático real, no llenarían – como sucede fuera de la masturbatoria esfera universitaria estatal – ni con los votos del último trasnochado en pie.
El dilema entre Heráclito y Parménides
Finalmente, el producto de las políticas Activia no podía ser otro que una impresionante cagadera final de trompadas. Afortunadamente – y esto le insufla un aire burlesco casi intrínseco en las izquierdas – muy cerca del Clínicas. Y digo final porque el telón último de la cuestión del Rectorado, tío Oberdán querido, parece estar asomando.
El repudio generalizado de los contribuyentes ante un mangrullo televisado, que se les presenta como incomprensible, cataliza una cuestión de fondo pertinente: el tema se agota y agota. Se sabe – cualquier individuo sensato sabe – que, en realidad, la elección del Rector es un tema menos que intrascendente. Que a la minoridad de las izquierdas se las arreglará, como de costumbre, tío querido, con una dosificación mayor de máquinas Xerox, ideales para seguir fotocopiando – mal – apuntes inconducentes. Que a los bedeles fuliginosos se les apaciguarán los nudillos en cuanto accedan a un dominio indiscutido sobre la Obra Social. Que los estudiantes, en ejercicio de una providencial apatía, volverán al mismo estado de abulia normal. El ideal para estudiar, recibirse, y partir. En fin, tío Oberdán querido, que la materialista e histórica distribución del botín de la caja universitaria – como de costumbre – obrará emplazando cierta paz parmenidiana, quietista.
Entonces las izquierdas volverán a su circo estandarizado; como el patético apoyo a los trabajadores de los subterráneos de hace unas semanas; o al pueblo iraquí, hace unos meses; o al pueblo boliviano, hace unos años; en fin, al acoplamiento inmediato con los parias de turno. La almohada infaltable para el sueño de la revolución.
O tal vez no. Quizás la exposición misma de la degradación plena de la Dama Tambaleante sea el primer paso hacia una solución radical, movilizadora. Que no permita, en algún futuro próximo, el mismo sumergimiento en el mismo río. Ya hemos discutido cuál, inevitablemente, sería esta solución. Pero no es mi idea, tío Oberdán querido, la crítica constructiva. Al menos, esta vez.
Posdata: Le respondo dos consultas de tía Jorgelina. Sí, el accidente de Nazarena Vélez fue, tal y como salió por televisión, a pocas cuadras de Puán. Es que pegó una tremenda vuelta en U. Y sí, estas cartas al tío Oberdán no son parodia sino homenaje, minúsculo, a las cartas al tío Plínio.
