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Kirchner no pega una: inopia, traspiés o como quiera llamarse a la 'estrategia' con las pasteras

Contaminantes o no, el mayor problema no parecen ser ni Botnia ni la suspendida Ence, y menos aún los cortes de rutas. El gobierno de Néstor Kirchner lleva elaborada una larga cadena de traspiés en el frente externo, Kirchner no acertó con ninguna estrategia o no puso todo lo que hay que poner. Lo cierto es que nadie logra evitar hablar del 'conflicto K'.

La decisión tomada ayer por el Banco Mundial de otorgar el crédito a la pastera Botnia, desató la furia de los ambientalistas que resolvieron mantener los cortes de rutas. Frente a ellos, Uruguay manifestó su alegría. Sin embargo, y pese a sus sentimientos encontrados, ambos comparten su preocupación por el Gobierno de Néstor Kirchner. La larga lista de traspiés del mandatario argentino, y de sus errores, lo destinaron a ser el blanco de las críticas de ambos. Al menos así, lo manifestaron hoy la mayoría de los matutinos porteños. A continuación, le acercamos lo publicado al respecto, por algunos de ellos: # Clarín: La decisión del Banco Mundial de financiar la construcción de una de las pasteras representa un tropiezo más en la cadena de traspiés de la posición argentina en el conflicto con Uruguay. La relación bilateral está desde hace un año en su punto más bajo. El Gobierno no logró frenar las protestas en Gualeguaychú, ni consiguió que le dieran la razón en ninguno de los ámbitos internacionales a los que recurrió. La estrategia oficial contra las papeleras tiene, hasta acá, tres vías distintas: una diplomática, una judicial y otra económica. Ninguna marcha del todo bien:
1- Otra derrota anunciada: La secretaria de Medio Ambiente, Romina Picolotti, viajó especialmente a Washington para tratar de impedir que Botnia recibiera el dinero que se le otorgó ayer. Adivinando una respuesta negativa, el propio Néstor Kirchner le envió una carta al titular del Banco Mundial, Paul Wolfowitz, advirtiéndole que esta financiación "elevaría la fuerte tensión social" entre Argentina y Uruguay. No alcanzó. 2- "Una causa nacional": El gabinete en pleno se encolumnó en el plan antipapeleras. El 5 de mayo, el Presidente fue a decirlo personalmente a Gualeguaychú: "Esta lucha es de toda la Argentina". Sólo con esas palabras, justo las que los ambientalistas querían escuchar, más la promesa de pedir la suspensión de las obras ante la Corte Internacional de Justicia, los cortes de ruta se levantaron por unos (pocos) meses. El canciller Jorge Taiana fue uno de los funcionarios que viajó ese viernes a Gualeguaychú; lo mismo que Aníbal Fernández, Ginés González García, Alberto Fernández, la primera dama y hasta el gobernador radical-kirchnerista de Mendoza, Julio Cobos. 3- 23 votos a 1: El Banco Mundial adoptó su decisión por 23 votos a 1. En julio, la medida cautelar que el Gobierno fue a pedir a La Haya se rechazó de una manera igual: el único que votó a favor fue, como ayer, el representante argentino. Y hubo 14 en contra. 4- El factor ambiental: El argumento oficial fue, desde un comienzo, que las plantas de ENCE y Botnia, juntas, eran un factor grave de contaminación ambiental. Cuando todavía representaba a los vecinos de Gualeguaychú, Picolotti vaticinó que el agua contaminada que desecharían las dos pasteras equivaldría a 2 mil edificios como el Empire State, de 102 pisos. ENCE aseguró que no se instalará en Fray Bentos, sino en otro lugar —a definir— de Uruguay. Ni siquiera antes de este anuncio, ningún relevamiento imparcial verificó que las plantas fueran a alterar de manera tan drástica el ecosistema ribereño. El informe preliminar del Banco Mundial, difundido en diciembre y elaborado por expertos cuya designación nadie impugnó, estableció que las pasteras "cumplen los requisitos de las mejores prácticas". Las conclusiones definitivas de ayer van en el mismo sentido. 5- Los cortes de ruta: La decisión de los entrerrianos de cortar los pasos internacionales en protesta contra las papeleras ya fue condenada por un tribunal del Mercosur. Dos meses después de la derrota de La Haya, se sostuvo que el Gobierno no tuvo "la debida diligencia" y manejó con "actitud permisiva" esas protestas, por lo que lo señalaron como "responsable" de incumplir el Tratado de Asunción, que habla de libre circulación de bienes y personas. 6- La solución bilateral: Argentina se empeñó desde un principio en encapsular el conflicto en el marco del Río de la Plata. Pero la falta de soluciones obligó a convocar al Rey Juan Carlos para que envíe desde España un facilitador que, de todos modos, fue recibido con mejores expectativas en Buenos Aires que en Montevideo. Argentina y Uruguay siguen sin acercarse y sus presidentes, Kirchner y Tabaré Vázquez, prefieren la distancia. 7- El futuro incierto: En enero, el Gobierno debe presentar un escrito ante la Corte de La Haya; Uruguay responderá en junio y en uno o dos años habría una sentencia. El tribunal de las Naciones Unidas ya alertó a Argentina acerca de la inconveniencia de prolongar los cortes de ruta en la frontera. Nadie puede descartar otro tropezón. # La Nación (Joaquín Morales Solá):
  
¿Quién le aconsejó al Presidente que debía firmar una dura carta al Banco Mundial contra el crédito a la empresa Botnia? Sea quien fuere -y ciertamente no se sabe quién fue-, debería estar hoy fuera del Gobierno. No se puede someter a un presidente a semejante desaire, como tampoco se puede seguir colocando al país en el centro de estrategias perdidosas. Hay que decir las cosas tal como son: es imposible imaginar una solución posible para la controversia con Uruguay mientras la política exterior se resuelva con los ojos puestos en las intransigencias de Gualeguaychú. Kirchner detesta la sola idea de que lo llamen "traidor" en la ribera entrerriana y nadie ha hecho un trabajo serio para separar el fanatismo ideológico de la mayoría social, seguramente sensata, de Gualeguaychú. La Argentina ya ha perdido de manera aplastante en el tribunal de La Haya y en el Banco Mundial; también recibió una advertencia del tribunal arbitral del Mercosur. En La Haya y en Washington, donde está la sede del Banco Mundial, sólo el voto de la Argentina encontró razonable la posición de la Argentina. El resto del mundo, incluidos los países europeos y los Estados Unidos, votó contra la posición del gobierno nacional. ¿Acaso todo el mundo está equivocado y sólo a la Argentina la ha sorprendido la razón? Para peor, la silla que la Argentina ocupa en el directorio del Banco Mundial no es exclusivamente suya; tiene, además, la representación de varios países, entre ellos la del propio Uruguay. La abstención era una cuestión de buenos modos, sobre todo cuando ya estaba todo perdido. El representante argentino en el directorio, que también representa a Uruguay, recibió órdenes de votar contra Uruguay. Así están las cosas. Las primeras voces argentinas que se escucharon ayer fueron de duras críticas al Banco Mundial. El Banco no era tan malo cuando viajó a Washington, hace quince días, la secretaria de Medio Ambiente, Romina Piccolotti, ni cuando el Presidente le envió la carta firmada de su puño y letra. En aquellas declaraciones fue fácil advertir un viejo e inútil divertimento nacional: la Argentina nunca comete errores y, por el contrario, siempre es víctima de una conspiración mundial. Ese recurrente consuelo nacional no permitió nunca explorar con Uruguay la posibilidad de clima propicio para el diálogo, salvo la gestión que hizo el Presidente ante el rey Juan Carlos, que a estas alturas se parece más a un traslado de responsabilidades al monarca que a una búsqueda desesperada de soluciones. No sería raro: el Gobierno necesita que alguien le diga a Gualeguaychú que tendrá que ceder y que nadie puede darse todos los gustos en vida. El propio gobierno uruguayo descubrió la contradicción de la administración argentina en el acto. El mismo día en que el Presidente se reunió con el rey de España, para pedirle una gestión facilitadora del diálogo, se conocía la noticia de que Piccolotti había viajado a Washington con la dura carta de Kirchner al Banco Mundial. Desde ese momento, Tabaré Vázquez ordenó a su gobierno bajar todas las expectativas sobre la gestión del monarca. La decisión del mandatario uruguayo llegó a tal extremo que él no recibió al enviado del monarca, el embajador español en las Naciones Unidas. El acto fue grave, porque Tabaré Vázquez es un hombre cordial que suele dedicarle un lugar en su cargada agenda a cualquier extranjero de cierta importancia que pasa por Montevideo. El presidente uruguayo no volverá a negociar bajo presión de los asambleístas o del propio gobierno argentino haciendo gestiones en el exterior. (...) La estrategia de hacer colapsar los créditos a las papeleras en el Banco Mundial llevaba una dosis no menor de agresividad contra Uruguay. El gobierno argentino no contó ni siquiera con buena información. Hace unos quince días, justo cuando viajó Piccolotti a Washington, altos funcionarios del gobierno aseguraban que el Banco Mundial se aprestaba a rechazar los créditos o a postergar su resolución hasta una fecha imprecisa. Ayer, dos docenas de votos favorables a los créditos, en el directorio del Banco, abrumaron a la Argentina y a sus funcionarios. Salvo que el Gobierno se encierre en el círculo de la verdad absoluta, ya es hora de que acepte que no acertó con ninguna estrategia frente al conflicto por las papeleras. Su obstinación fue tan grande que dejó pasar la oportunidad de aprovechar, con miras a un acuerdo, la decisión de la española ENCE de relocalizar su planta fuera de Fray Bentos. La sociedad de Gualeguaychú necesita que un acuerdo entre los dos gobiernos la tranquilice entre tanto tremendismo y que le garantice que no verá perjudicados la calidad de su vida ni su ecología ni los buenos estándares del medio ambiente. Habría vocación de Uruguay y de la española ENCE, incluso, de incorporar a Gualeguaychú en los beneficios de un acuerdo. El rey Juan Carlos podría aportar una gestión al gobierno de Finlandia, que tiene ahora la presidencia semestral de la Unión Europea, para flexibilizar a Botnia. Todavía es posible una solución acordada. La única pregunta que nadie responde es si el gobierno argentino se hará cargo del pequeño porcentaje de fanatismo que seguramente quedará siempre en Gualeguaychú. Hasta ahora no ha hecho nada con nadie. No lo ha hecho el Gobierno ni tampoco la Justicia, que vio, sin inmutarse, cómo se violaban todas las leyes frente a sus propias narices. Todo problema que no se resuelve tiende a agravarse. Ya se oyen voces en el litoral entrerriano que exhortan a acciones directas en el otro lado del río. Ya hubo, también, automovilistas ofuscados del lado argentino por los cortes de los puentes. Las palabras y los actos están esbozando los trazos de una violencia que no podría descartarse. # Página 12 (Mario Wainfeld): Como suele sucederles a las hinchadas de fútbol, la población de Gualeguaychú sospecha, a la luz del resultado obtenido ante el Banco Mundial, que el gobierno argentino no puso todo lo que hay que poner. Para colmo, fue una goleada (23 directores a uno, el propio) semejante a la registrada en la Corte Internacional de La Haya con la medida cautelar. A la usanza de la tribuna, los vecinos entrerrianos creen que el partido admite un solo resultado, cualquier otro es inaceptable e inexplicable. El Gobierno ha hecho poco para transmitir que un contencioso internacional, en el que tiene la carga de la prueba, no está ganado de antemano. Su ayudante de campo Jorge Busti, sorprendido por la protesta en medio de su enésimo cambio de camiseta política, se coló en la vanguardia vociferante y apocalíptico. Hace un tiempito trata de virar a la templanza. En todos los casos actúa resignando cualquier asomo de la responsabilidad propia de un hombre de gobierno. Tal vez fue simpático para sus coprovincianos cuando homologaba al gobierno uruguayo con la muerte, tal vez ahora sea patético, nunca fue serio. El gobierno nacional, que fue más sobrio, tampoco se privó de promover un acto en la costa entrerriana, con el Presidente a la cabeza, pari passu con la presentación del reclamo ante el tribunal de La Haya.  (...) Las sucesivas tácticas del gobierno argentino, cuyo primer designio fue contener y encauzar la revuelta entrerriana, vienen fracasando. La consecuencia, paradójica sólo en apariencia, es que después de haber sido conducido por los vecinos viene perdiendo su confianza. Las ansias no se sacian transpirando la camiseta: se exigen triunfos. Ayer se patentizó la insuficiencia del intento de asfixiar financieramente a Botnia, combinando la acción directa con las argumentaciones legales. Esa yunta era, supuestamente, la fuerza argentina. Bastó respecto de la empresa española Ence, en una acción en la que la diplomacia secreta y la pública jugaron un rol esencial cuya entidad el Gobierno, tal vez, no instaló suficientemente. Como fuera, a esta altura del partido todo está muy atrancado. Los asambleístas sólo creen en su metodología y no les faltan razones. Sin los cortes no hubieran podido instalar su reclamo en la agenda nacional, en las prioridades del Gobierno, en los estrados internacionales. (...) Si alguien parara la pelota debería concluir que la hiperquinesis argentina, huérfana de una estrategia viable, debería ceder paso a una acción racional. (...)demostrar que se quiere hacer algo distinto a pleitear o torcerle la muñeca al Uruguay. Tras un traspié de Romina Picolotti en su debut en ligas internacionales, que en un contorno no necesariamente draconiano podría haberle costado su puesto, al Gobierno y a los ciudadanos movilizados les cabe internalizar que no tienen todas las de ganar, que no pueden prevalecer de cualquier manera y que una victoria a cualquier precio sería una frustración histórica. El intríngulis es severo, el Gobierno ha perdido el manejo, los vecinos ven la cuestión con un solo ojo, la existencia del otro se difumina en las dos orillas. Se niega el conflicto de intereses, donde la contraparte principal también tiene derechos, soberanía y orgullo que deben ser reconocidos. La cultura del aguante es así, el otro no existe. En la política sí que existe, en las relaciones internacionales más vale que también. # La Nueva Provincia (Editorial): La asignación, por el Banco Mundial, de un crédito a la pastera finlandesa Botnia para acabar su planta de papel sobre el río Uruguay estaba en la naturaleza de las cosas, toda vez que el gobierno argentino, en vez de hacer frente al problema, lo difirió al arbitraje del mítico tribunal de La Haya y, más recientemente, a los buenos oficios del rey de España, librando nuestra única respuesta activa al espontaneísmo de las masas de Gualeguaychú, lo que nos mete ahora en un lío descomunal. En efecto, ese crédito anticipa el fallo también adverso de La Haya, porque Washington no se arriesgaría a dar plata si no conociera ya ese dictamen. Mientras tanto, las algaradas entrerrianas dañan enormemente el prestigio argentino en el exterior aunque, como lo dicen sus protagonistas, es la única señal de disgusto que exhibe la Argentina, frente a la inopia de su gobierno.

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