El mito de la Argentina igual a China
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Econométrica). China y Argentina crecieron en los últimos 4 años a tasas muy similares cercanas al 8-9%, pero con la diferencia en que China basó su crecimiento en una tasa de inversión cercana al 40% de su PBI y la Argentina se apoyó en un mix de mayor utilización de la capacidad instalada post crisis y un paulatino pero sostenido incremento de las inversiones que actualmente permite expandir la oferta interna a una tasa cercana al 6% anual, lo que no es nada despreciable.
Agotada la primera fuente de crecimiento ahora la economía converge vía precios, y en menor medida importaciones, a su tasa potencial de crecimiento. En efecto, con un nivel de inversiones que todavía
'pelea' por superar el 22% del PBI, indefectiblemente la tasa de crecimiento económico continuarán alejándose de las 'tasas Chinas', lo que no implica que no podrá seguir creciendo.
Ciertamente, mientras los superávit fiscal y externo continúen, es prácticamente imposible que la economía no prosiga su sendero de
crecimiento aunque sea a menor ritmo, salvo que la economía enfrente severas restricciones energéticas.
En este sentido, si bien en un contexto de emergencia económica como en los primeros años de la post crisis las políticas 'pro-consumo' al mejor estilo keynesiano mostraron ser eficientes en términos de la rapidez del proceso de recuperación económica, una vez superado la peor parte de la crisis convendría comenzar a desarticularlas paulatinamente para dar pie a un aumento en la tasa de ahorro de la economía y por lo tanto, de la tasa de inversión.
Vale advertir que la palabra 'paulatinamente' no es casual dado que
'desarticular' las políticas 'proconsumo' sin afectar la tasa de crecimiento es prácticamente imposible considerando que si aún todo el ahorro se
destinara rápidamente a inversión (manteniendo constante la demanda
global), lo cual es todo un desafío en la Argentina, la misma necesita un periodo de maduración.
Pero aún advirtiendo ello, igualmente se torna imposible mantener
altas tasas de crecimiento con una inversión en torno al 22% del PBI.
Dentro de las políticas "pro-consumo" mencionadas, vale destacar los
significativos avances este año por desarticular la tasa de interés pasiva real negativa que impera en la economía, sin un traslado directo sobre la tasa real activa. Y el desafío no fue menor si consideramos la inflación de dos dígitos del período.
Por su parte, el resto de las políticas pro consumo, como su palabra lo indica, sólo promueve que una mayor proporción de los ingresos de la economía se destine a consumo en desmedro del ahorro y por lo tanto de la inversión. En este sentido, si bien la continua prórroga de los
descuentos jubilatorios afecta a la tasa de ahorro e inversión en todos los sectores de la economía por igual, a ello, hay que adicionarle el efecto que provoca en los sectores con precios regulados que no
promueven la inversión por falta de rentabilidad, en sectores tan relevantes en la estructura económica como ser la energía y el transporte público urbano, por marcar los principales.
En suma, pasado lo peor de la crisis, encontramos margen para comenzar a corregir algunas distorsiones de precios que son muy evidentes en la economía, no sólo porque afectan a la oferta interna
a punto tal que es difícil encontrar inversiones de envergadura en algunos mercados, estratégicos por cierto, sino porque paradójicamente atenta contra el propio modelo post convertibilidad al no promover un mayor ahorro tanto público (para sostener el tipo de cambio) como
privado (para incrementar las inversiones).
Pero reconocer que desarticularlas (total o parcialmente) implica un menor crecimiento en el corto plazo, la pregunta entonces sería si el
Gobierno está dispuesto a asumir ese costo justamente en un año electoral.
