Cuando Al Jazeera difunde entrevistas en exclusiva con Osama Bin Laden para sus 50 millones de telespectadores, es fácil confundir el acceso a la información con aprobación. Y cuando un periodista que las realiza es encarcelado por colaboración con Al Qaeda, como ocurrió con Taysir Alony a instancias de un tribunal español en 2005, la línea entre observador imparcial y apasionado partidario resulta poco nítida. Asimismo, Al Qaeda no es la única organización terrorista que recurre a Al Jazeera. Aparte de las cintas de Bin Laden –seis de las cuales, como mínimo, el canal de TV no ha difundido–, en su pantalla también aparecieron grabaciones de grupos insurgentes de Irak, caudillos afganos renegados y terroristas suicidas de Londres.
Pero nunca ha apoyado la violencia contra USA. Y sus corresponsales no han alabado los ataques contra las fuerzas de coalición en Irak. Al Jazeera nunca ha grabado en directo ningún ataque contra la coalición, y no existen pruebas de que haya sabido de antemano que se fuera a producir alguno. Nunca ha emitido una decapitación. En cuanto al corresponsal Alony, todavía faltan pruebas concluyentes de su culpabilidad. No hay indicios de que la financiación de Al Jazeera proceda de fuentes ilegítimas.
Otra acusación: "Es antisemita".
Incorrecto. De la misma manera que la cadena ha demostrado estar dispuesta a presentar la ‘perspectiva’ de Al Qaeda, también ha cedido tiempo a Israel. Al Jazeera fue el primer canal árabe que permitió a los israelíes plantear su situación en sus propias palabras, en hebreo, inglés o árabe. Fue un importante punto de inflexión y escandalizó a la opinión pública árabe.
Hasta el desembarco de Al Jazeera, la mayoría nunca había oído una voz israelí. El canal ofrece con regularidad noticias de representantes de ese Gobierno en sus boletines informativos y realiza entrevistas en directo, con entre seis y 10 ciudadanos de ese país al mes. La cadena brinda una amplia cobertura a asuntos de Israel, país donde cuenta con numerosos telespectadores. De hecho, les concede más tiempo que ninguna otra cadena fuera del territorio israelí.
Pese a que Israel ha acusado a Al Jazeera de parcialidad y de antisemitismo (y algunos de sus invitados cumplían esos requisitos), su cobertura ha reportado alguna que otra vez un beneficio concreto para los israelíes. Cuando Israel invadió Yenín en 2002, los reportajes exclusivos de Al Jazeera desde la ciudad sitiada disiparon los rumores de masacre y condujeron a la disolución de un comité especial de investigación de la ONU nombrado por el secretario general.
Muchos israelíes la consideran una importante nueva fuerza para el cambio en el mundo árabe. Gideon Ezra, ex subdirector del Servicio de Seguridad General de Israel, señaló en una ocasión: "Ojalá todos los medios árabes fueran como Al Jazeera". No todos los árabes estarían de acuerdo.
Aunque muchos occidentales piensan que adolece de una parcialidad proárabe, muchos árabes creen lo contrario y sostienen que Al Jazeera es financiada y dirigida por el Mossad, el MI5 o la CIA. El gobierno de Bahrein le prohibió informar desde su territorio acusando al canal de "parcialidad sionista" en 2002, y se han cerrado otras oficinas de la cadena en los países árabes, acusando a Al Jazeera de mancillar a los palestinos o de difundir otros tipos de propaganda imperialista antiárabe.
Un comentario favorable: "Expande la libertad política".
Mera ilusión. Es cierto que Al Jazeera estableció la tradición del periodismo de investigación en el mundo árabe y acabó con todo tipo de tabúes sobre qué podía hablarse en televisión. Superando a las complacientes cadenas de noticias anteriores a 1996, Al Jazeera informa mejor a la sociedad árabe sobre sus líderes y ofrece a sus gentes un foro a través del cual pueden plantear más fácilmente a sus dirigentes: "¿Por qué estamos metidos en este lío?".
Sus programas sobre la política occidental han hecho más para informar a los árabes sobre la democracia que ningún otro país o canal. Después del 11-S, la delegación de Al Jazeera en Washington DC empezó a emitir dos programas de entrevistas semanales dirigidos a una audiencia extranjera y diseñados para arrojar luz sobre la democracia estadounidense:
> ‘From Washington’, en el que se entrevistó a políticos estadounidenses, incluidos miembros de la Administración Bush, y
>‘U.S. Presidential Race’, con una cobertura en profundidad de las elecciones, incluidas las primarias más importantes.
Sin embargo, la televisión por satélite no transformará a las sociedades árabes en democracias transparentes, justas e igualitarias equivale a suponer que la actual situación en el mundo árabe es la consecuencia de un déficit de información, lo que no es cierto.
Al Jazeera fomenta la libertad de expresión en Oriente Medio, pero ése no es un sucedáneo para la reforma política real. El mero hecho de que una mujer en Arabia Saudí pueda ver un debate en televisión, e incluso pueda participar en tiempo real, no significa que pueda votar en unas elecciones o pertenecer a un partido. Los autócratas se han dado cuenta de que aún pueden prohibirle a la TV abrir una oficina, como en Arabia Saudí y Túnez, o apelar a leyes de emergencia para confiscar equipos o detener periodistas, como en Egipto.
Otro comentario: "Es una televisión parcial".
Cierto, pero no más que la Fox News o la CNN. Al Jazeera utiliza los mismos procesos editoriales que los medios de comunicación occidentales, pero termina elaborando un producto diferente. Durante la guerra de Irak, el tono del canal era cordial hacia los iraquíes y hostil hacia los estadounidenses. En Afganistán, los talibanes solían ser presentados como nobles desvalidos y USA como el vengativo agresor colonial. Se puede detectar un cinismo general respecto a los regímenes árabes que son aliados de USA, y aunque tiene empleados de muchas religiones, incluida la judía, la cadena simpatiza claramente con los palestinos.
Pero esta parcialidad no invalida en absoluto sus noticias.
Consciente de que es sometida a una lupa más rigurosa que cualquier otro canal informativo, Al Jazeera es muy exigente a la hora de presentar todas las caras de la noticia.
Y los periodistas de todo el mundo la tratan con el mismo respeto que a cualquier otra cadena internacional. Tiene acuerdos de colaboración con la CNN, la ABC, la NBC, la Fox, la BBC, la NHK de Japón y la ZDF de Alemania, que utilizan imágenes y reportajes de la cadena qatarí.
Si Al Jazeera es parcial, lo es desde el punto de vista comercial. Aunque dispone de un presupuesto anual cercano a € 80 millones, subvencionados en gran parte por el emir qatarí –y magnate del gas– Sheikh Hamad bin Khalifa Al-Thani, la televisión quiere aumentar su cuota de audiencia y vender publicidad.
Ha perdido dinero desde su lanzamiento, lo que no resulta sorprendente, dado que ningún canal árabe registra beneficios. Al Jazeera tiene como objetivo un público concreto (hombres árabes de más de 25 años), y al igual que la TV en USA, se esfuerza por conquistar a los espectadores con ‘trailers’ y avances de gran efecto. A menudo emite montajes de violencia de los territorios palestinos, Afganistán o Irak, con música machacona, que según sus críticos son deliberadamente incendiarios. La cadena alega que su trabajo no consiste en dulcificar las imágenes de la guerra. Lo indiscutible es que tiene una estética diferente a las de las cadenas occidentales a la hora de mostrar imágenes de víctimas.
Otro ‘cliché’: "Sufre censura".
Todavía no. Al Jazeera se presenta como un modelo de libertad de expresión e independencia editorial en la región. Sin embargo, el presidente del consejo de administración es Sheikh Hamad bin Thamer Al-Thani, ex viceministro de información qatarí.
No hay duda de que Al Jazeera sigue siendo muy dependiente del emir. Y él ha demostrado ser un resuelto impulsor. Cuando en 1995 llegó al poder, calculó que patrocinar una cadena de televisión popular ayudaría a su país a conservar el apoyo de Occidente en el caso de que Irán, Irak o Arabia Saudí decidieran invadirlo. La apuesta le fue favorable.
Pese a su dependencia del Estado, Al Jazeera critica con frecuencia a los regímenes árabes, incluido el qatarí. Por ejemplo, cuando en febrero de 1996 se frustró un golpe para deponer al emir y se llevó ante los tribunales a los conspiradores, el juicio fue emitido en directo por la cadena, hecho sin precedentes en el mundo árabe. Los telespectadores escucharon que los acusados habían sido sometidos a tortura, y a un portavoz de Amnistía Internacional invitado a asistir al juicio que atacó al sistema de justicia penal. En los programas de entrevistas se ha debatido sobre si está bien o mal que Qatar tenga una base aérea estadounidense.
Sigue existiendo el profundo convencimiento de que la familia qatarí que gobierna el país es el auténtico poder que está detrás de Al Jazeera. Que el emir haya sido tolerante, por lo menos hasta ahora, es prueba de su clarividencia. Si seguirá evitando entrometerse en el canal está por verse.
Penúltimo comentario: "Quiere competir con la CNN y la BBC".
Sí, y tiene planes para ello. Aunque no formaba parte de la estrategia de despegue original de noviembre de 1996, su éxito durante la última década ha hecho que el emir amplíe sus objetivos para Al Jazeera. Por esto está lanzando en todo el mundo una cadena llamada Al Jazeera International o AJI, que emitirá en inglés y espera llegar a entre 30 y 40 millones de hogares. AJI compite directamente con BBC World y CNN International por los 1.000 millones de telespectadores que integran la audiencia mundial de habla inglesa.
Pese a que ha contratado a un gran número de periodistas occidentales, no se parecerá mucho a la CNN. La cobertura de la cadena "seguirá al Sol" a lo largo del día, emitiendo desde Kuala Lumpur, Malasia, durante 4 horas, 11 horas desde Doha, 5 desde Londres y las 4 restantes desde Washington. Los reporteros y redactores de cada lugar presentarán los contenidos desde la perspectiva de su región, y todo el mundo verá el mismo material por satélite al mismo tiempo.
"Somos el primer canal informativo en Oriente Medio que devuelve noticias a Occidente", afirma Nigel Parsons, director ejecutivo de AJI. "Queremos establecer una agenda de noticias diferente".
Ahora, BBC ha revelado sus planes de poner en marcha un servicio en árabe, cuyo lanzamiento está programado para principios de 2007, y CNN revisa su estilo de cobertura de la información sobre el mundo en vías de desarrollo.
"Sólo los árabes verán Al Jazeera International".
No tan de prisa. Mientras que el lanzamiento de la cadena árabe significaba competir con sus iguales en Egipto, Líbano y Arabia Saudí, ahora CNN y BBC son rivales de mucho más peso, y Al Jazeera se enfrentará a ellas en inglés.
AJI ha manifestado que se centrará en cuestiones del mundo en vías de desarrollo y que utilizará más reporteros y ‘freelancers’ autóctonos que otras cadenas. Se espera que conquiste una gran cuota de mercado en Asia, donde la marca disfruta de una reputación y hay más angloparlantes que árabesparlantes. Pakistán tiene 160 millones de musulmanes, e Indonesia, el país islámico más poblado del mundo, 215 millones.
No será tan fácil abrirse camino en América. Incluso garantizar la distribución de AJI ha sido difícil: hasta junio, ninguna empresa estadounidense de TV por cable se había ofrecido para incluir en su grilla de programación a Al Jazeera.
Sin embargo, Al Jazeera ha reestructurado para siempre el panorama de las noticias mundiales hacia –y pronto desde– el mundo árabe. En una región donde USA participa de una guerra prolongada en un país y Occidente en su conjunto se enfrenta a un problema nuclear en otro. USA haría bien en sintonizar esta señal.
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Hugh Miles es el autor del más reciente libro sobre el canal de TV Al Jazeera. Lo tituló ‘Al Jazeera: The Inside Story of the Arab News Channel that Is Challenging the West’ (Grove Press, New York, 2005). Pero también otros trabajos recientes examinan el impacto revolucionario de la cadena qatarí en el periodismo global. Se pueden consultar ‘Al Jazeera: How the Free Arab News Network Scooped the World and Changed the Middle East’, de Mohammed El-Nawawy y Adel Iskandar (Westview, Cambridge, 2002), y ‘The Al Jazeera Phenomenon: Critical Perspectives on New Arab Media’, editado por Mohamed Zayani (Paradigm, Boulder, 2005). Poco después del 11-S, Fouad Ajami atacó a la cadena árabe en ‘What the Muslim World Is Watching’ (New York Times Magazine, 18 de noviembre de 2001). En ‘Watching Al Jazeera’, Marc Lynch analizó el éxito de la cadena y su a menudo acalorada relación con Occidente (Wilson Quarterly, 2005). En ‘Control Room’ (Magnolia Pictures), documental estrenado en 2004, Jehane Noujaim hizo foco en el papel del canal de TV durante la guerra de Irak en 2003. El editor adjunto de la edición estadounidense de la revista ‘Foreign Policy’, Mike Boyer entrevistó al director ejecutivo de Al Jazeera, Wadah Khanfar, en ‘Al Jazeera’s Brand Name News’ (Noticias con la marca Al Jazeera). Otros trabajos son: ‘Al Jazeera’s (Global) Mission’ (Fast Company, abril de 2006), de Linda Tischler; y ‘Coming to America: Is Al Jazeera the Next PBS?’ (The New Republic, 1 de mayo de 2006), de Spencer Ackerman.