No habrá actualización de tarifas en 2006
El presidente Néstor Kirchner le dijo al periodista Eduardo van der Kooy, de Clarín, que se encontraba harto de las presiones del Fondo Monetario por la actualización de tarifas. Ahora, si el control del FMI se encuentra en poder de países industrializados, ¿qué hará ahora la Argentina? ¿Irse del mundo? Kirchnr dijo > "El problema ya no era a esta altura ni la política monetaria ni el superávit fiscal. El FMI tenía conciencia de que esas metas resultarían inmutables. Pero era tenaz la presión para un reajuste de tarifas de las empresas privatizadas". > "Los balances de esas empresas cerrarán este año con grandes márgenes de ganancia. El crecimiento económico lo permitió". > "Pero quieren más rentabilidad para liquidar los créditos tomados antes de la crisis. Los bancos actúan sobre el FMI. Y el FMI enseguida sobre nosotros". > "Ese ajedrez se terminó con la cancelación de la deuda. Las tarifas deben tener relación con el desarrollo de la economía. Y los ajustes que haya que hacer, se harán". Esto quiere decir que el Presidente ignora cómo harán las empresas para liquidar los préstamos tomados antes de la crisis; para él resulta una cuestión entre las empresas concesionarias de servicios y sus acreedores, y el Estado puede no solamente declararse prescindente sino que, además, puede exigirle a las empresas un plan de inversión. Sorprende el esquema de raciocionio. La rentabilidad no está apalancada en las carencias de mantenimiento y la inexistencia de inversión, sino en el ciclo económico. Habrá algún ajuste, pero será tan discrecional como todo en el gobierno de Kirchner. Probablemente para los amigos. Probablemente para quienes hagan el mérito de ganarse el beneficio, y nunca de acuerdo a lo necesario. Nunca será actualización. El sistema de precios es un mecanismo fundamental del capitalismo. La estructura de precios tiene una lógica, siempre. Cuando un burócrata define una estructura de precios caprichosa, surgida de decisiones políticas, tiene que saber que esto no es sostenible en el tiempo, a menos que otro sector de la sociedad se encuentre dispuesto a pagar el subsidio; y que pueden ocurrir estallidos no previstos en esa estructura. Néstor Kirchner debería aprender de lo ocurrido a Carlos Menem. El ex Presidente no comprendió (como tampoco Domingo Cavallo ni Roque Fernández) que era estúpido creer que podría sostenerse en el tiempo una estructura de tarifas que ajustaba por la inflación estadounidense, cuando en la Argentina había deflación. Esta situación enojosa, injusta y discrecional, que transfería recursos en forma arbitraria, por contratos no reestructurados en forma conveniente, derivó en este presente que también es enojoso, injusto y discrecional, que ha provocado que la mayoría de los servicios públicos se encuentre siendo prestado por empresas cuyos contratos de concesión no han firmado renovados. La tenencia precaria obviamente que provoca la ausencia de planes de inversión importantes, y está muy bien que los empresarios -en defensa preventiva de sus intereses- no ejecuten la modernización de una infraestructura que ignoran quién la gestionará en breve. El comportamiento de los precios relativos permite ir tomando decisiones de inversión en el sector real de la economía, dado que es la guía que tienen los empresarios para detectar dónde puede haber una demanda insatisfecha y, por lo tanto, la forma de asignar eficientemente los recursos productivos. Es fundamental que la estructura de precios relativos no sea distorsionada por el Estado, porque si la distorsiona, el empresario pierde noción de qué es y qué no es negocio. En ese escenario, es imposible pensar en el largo plazo para recuperar el capital de una inversión. Al Presidente le gusta distorsionar los precios. Lo hace con el tipo de cambio y lo hace con las tarifas, a diario; ahora también quiere hacerlo con los precios de las mercaderías, y por eso los acuerdos de precios que exige. El Presidente cree que él puede decidir cuánto vale cualquier producto o servicio; y arderá Troya para quien no lo acepte. Así no puede gobernarse una sociedad y menos una economía. Es larguísimo el listado de planes económicos que se limitaron a modificar arbitrariamente la estructura de precios relativos sin resolver los problemas de fondo es tan largo como la cantidad de fracasos económicos. ¿En qué situación estamos hoy respecto de la estructura de precios relativos? El cambio de precios relativos de enero 2002, ¿fue acompañado de reformas estructurales? La respuesta es no; y la actual estructura de precios, que surgió a partir de enero de 2002, no es sostenible en el tiempo ni debería tener un final diferente de los anteriores intentos mencionados. Si la actual estructura de precios relativos no es percibida como relativamente estable por parte de los inversores, el crecimiento económico se verá comprometido por falta de inversiones, dado que el mercado no contará con señales claras de largo plazo para tomar decisiones de todo tipo. Entonces, el deliberado retraso en las tarifas de los servicios públicos constituye una señal de alerta hacia el futuro. O se corrige este problema o las inversiones se paralizan por falta de infraestructura para producir. El nivel de gasto público no es indiferente al momento de definir los precios relativos. Cuando el Estado le quita poder de demanda a la población vía impuestos y con esos recursos compra bienes y servicios u otorga subsidios, modifica la estructura de precios relativos de la economía. Por esto, en parte, sigue creciendo mes tras mes el gasto público: porque crece la distorsión de precios ya que el Estado, con su gasto y su política tributaria y de tarifas, es un gran distorsionador de precios relativos. A partir de mediados de los '70, la economía argentina se caracterizó por rápidas rupturas de los congelamientos de precios. De allí que la inversión se canalizara cada vez más hacia la especulación financiera e impactara negativamente en la inversión productiva. Pero hay cuestiones aún más enojosas. Por ejemplo, la estructura telefónica en días de Carlos Menem fue injusta porque faltó la desregulación; hubo subsidios explícitos e implícitos a Telefónica y Telecom, que así mantuvieron su oneroso monopolio. El gobierno de Néstor Kirchner pierde la oportunidad, entonces, de modificar esa estructura que sigue vigente porque Kirchner se ha negado a revisar la estructura de precios y tarifas, adecuándolas a la nueva realidad. Por último, haga un buen stock de velas y faroles de noche. Todavía están baratos.
