En Santa Cruz ya no creen en el amor
RÍO GALLEGOS (de nuestro enviado especial, Oberdán Rocamora).- Podrá alegarse que el amor, con su turbulencia estremecedora, irrumpió después del sobreseimiento. De manera que el doctor Santiago Lozada puede disfrutar de su pequeña gloria. Es cada día más popular en Santa Cruz. Ocurre que el destacado Juez de Instrucción número uno, de Río Gallegos, atraviesa un momento de envidiable felicidad. Su historia es minuciosamente comentada en los bares tristes de la ciudad nevada. Y ya surgió, por ejemplo, en el Mónaco, un guionista inspirado, de la onda gay vinculada más al ámbito educativo que al económico. Que pretende interesar, con la avasallante historia de amor, a cineastas consagrados como Eduardo Mignogna y Adolfo Aristarain. Y a productores como Jorge "Corcho" Rodríguez, a los efectos de hacer una tira por televisión. Aquel juez de instrucción se hizo nacionalmente célebre por sobreseer, con la precipitación heroica de un visionario, a su actual tío, el presidente Kirchner. Fue por el balurdo estruendoso de los (fondos) desaparecidos de Santa Cruz. Fondos que, tal como oportunamente anticipara este corresponsal, aparecieron en el esplendor de la campaña. En efecto, el disciplinado jurista, es un exponente destacado de la aún poco conocida línea Córdoba. La Linea Maginot que supo estructurar, con suerte bastante relativa, el poderoso Zanini, alias El Ñoño. Lo relevante es que hoy Lozada, el baluarte del Ñoño, conmueve, con su formidable historia, a las sensibles amas de casa de la provincia saqueada. Love story Téngase en cuenta que el amor, con la esposa histórica, aquella que supo bancar sus euforias durante años, de pronto se había desvanecido. Y conste, además, que juntos compartieron inolvidables peripecias. Por ejemplo en permanentes viajes, con riesgosas aventuras de ensueño, que servían para convocar después a los amigos, en las noches del invierno tétrico de Gallegos, y revivirlas con videos y diapositivas. ¿Cómo olvidar, entonces, aquellas experiencias vividas por los Lozada en Balí? Días reconfortantes, disfrutados serenamente en aquel paradisíaco esternón de Indonesia. Fue antes que los fundamentalistas islámicos la destruyeran con una bomba infernal. En Gallegos, los Lozada moraban en la esquina de Avellaneda y 9 de Julio. Estratégicamente enfrente, aunque en diagonal, a la residencia del emblema del poder actual. Donde vive el hombre fuerte del lugar. El pesado empresario del multimedios, Rudy Ulloa Igor. Sin embargo, después que su esposa, acaso en un momento doloroso de hastío y de fandango, tomó la crucial decisión de echarlo de su casa, el doctor Lozada debió trasladarse, con un sentimiento hondo de letrista de tango, hacia una casita romántica. Se la alquilaba, curiosamente, el doctor Mariani. Trátase del presidente del Supremo Tribunal de Justicia de Santa Cruz. Un inversor, aparte, Mariani, patrióticamente infatigable. Téngase en cuenta que hasta colocó, de sus abnegados ahorros, tres millones de dólares, para construir las bases de un hotel de cinco estrellas. En Gobernador Gregores, acaso una especie de Las Vegas del futuro. Porque por ahora tienen, Gregores y Las Vegas, en común, la inmensidad desértica de la ventosa desolación. No obstante, la amargura sentimental del juez Lozada atravesó, apenas, un periodo de intensa brevedad. Porque pronto apareció, en el ocaso de su vida, la doctora Mercado. La Bomboncita. Y otra vez, el juez, recuperó sobriamente la alegría. Aquí el guionista debe permitir que los directores del film se luzcan con magistrales escenas de felicidad en la ciudad nevada. Ella, La Bomboncita, se llama Romina. Es Romina Mercado. Hija del inconmensurable Bombón Mercado. Trátase de aquel empeñoso hacedor de fantásticos quilombos que, por opacas durezas del destino, debió también separarse de Alicia, su entonces fastidiadamente harta mujer. Es decir, aquel Bombón cometió el error estratégico de divorciarse de la actual señora ministro. De la candidata a senadora nacional, Alicia Kirchner. Para ser exactos, la ministro, la candidata que puede perder con el Fredy Martínez, es la ex del Bombón referente que construye, en Catamarca, para su ex cuñado, el Gran Néstor, un poco de poder. Y justamente pretende construirlo contra Luisito Barrionuevo. El que podrá revolcarse de risa, con su inexistente noción de la diplomacia, al tomar conciencia de la magnitud de esta historia que arrastrará multitudes hacia los cines de barrio. En fin, la doctora Mercado volvía a Río Gallegos, con el entusiasmo denso del regreso. Y con el título de abogada. Con la prepotencia arbitraria de sus 28 años. Sin embargo rápidamente la favoreció la suerte. En pocos días, la doctora Mercado ya actuaba como adjunta del Fiscal de Estado. Del doctor Pablo González, que precisamente, en el film, no tendrá un rol de reparto. El suyo será un protagónico, con sus propias peripecias. Téngase en cuenta que Pablo González es uno de los que más sabe, junto con el primoroso Campillo, del misterioso trayecto dibujado de los fondos de Santa Cruz. Juntos, González y Pampillo, resultaron sustanciales para preparle a su jefe, el Lupo, en el marco de la estrategia electoral, la escenografía del anuncio del regreso. Con la impunidad de saber que nadie, en adelante, podrá reclamarles los desaparecidos que faltan. Por lo menos, 350 millones más. Aparte, la joven doctora Mercado traía a Gallegos su propia responsabilidad, como delegada jurídica del Banco Nación. El Garganta Profunda que prepara, desde las mesas del Mónaco, el guión, describe el encontronazo de la doctora Mercado, con el juez repentinamente solitario, como fulminante. De manera que entre la nieve de Río Gallegos, los pocos kirchneristas que persisten, aún lanzan sombreros cinematográficos por el aire. La ciudad nevada se enciende por un fervoroso optimismo que calienta hasta a los árboles, como consecuencia de tanto inesperado amor. Y todos coinciden en el final feliz de la película. Porque fue, más que una suerte, un alivio, que el doctor Lozada sobreseyera, con inconcebible celeridad, a su jefe. Es decir, a su tío Néstor. El presidente de un país en serio. La pantalla, con lentitud, se oscurece.
