El Salvador: La mano dura, una estrategia latinoamericana
Ante el conflicto de inseguridad que viven los países latinoamericanos, el presidente salvadoreño, Antonio Saca, en el deseo de resolver las altas tasas de delincuencia que sufre el país centroamericano, recurrió a la solución aparentemente más práctica para los líderes de la región, ampliarle poderes a la fuerzas policíacas. El empresario de los medios de comunicación devenido a presidente, Saca, puso en marcha un amplio plan contra la inseguridad, en el cual la Policía Nacional Civil (PNC) –nacida durante los acuerdos que dieron fin a la guerra civil que azoto a El Salvador durante los `80-, se encuentra a cargo del método "Super Mano Dura". La idea consiste en el trabajo conjunto de la policía junto al ejército, con el fin de allanar domicilios de zonas populares, "sospechosas" de estar relacionadas con el tráfico de drogas u otro delitos. Inmediatamente, organizaciones de derechos humanos salieron a criticar el plan del presidente, por considerar que es el regreso a un pasado dictatorial, donde la fuerzas de seguridad avasallaban los derechos legítimos de la ciudadanía. Asimismo, agregaron que el trabajo de agentes de inteligencia sin ningún tipo de control civil, es el regreso a la década del 70, que conllevó a que se produjera la oficialmente declarada guerra civil. Mientras que ahora espera desarrollarse la segunda fase del plan Super Mano Dura, la primera parte –puesta en práctica desde que Saca asumió al poder el 1ero de junio de 2004-, catalogó como logro, la captura de más de 5.000 personas consideradas, según la policía, "pandilleros". De acuerdo a estadísticas, a pesar de las múltiples detenciones, los delitos como los homicidios y los robos no han disminuido. La decisión del Poder Ejecutivo salvadoreño de extender el plan de mano dura, sin hacer hincapié en un análisis más profundo sobre cuestión, suele ser el camino más sencillo que deciden tomar los mandatarios latinoamericanos, ante los problemas de inseguridad. Al mismo tiempo, los tres poderes de las endebles democracias de la región, junto a los grandes medios de comunicación, parecieran no querer dar cuenta de que el problema del delito, solo va a ser posible comenzar a resolverlo, cuando no sea tan evidente la población que encuentra afuera de las necesidades básicas satisfechas.