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Empresarios y sindicalistas: Las alianzas de siempre

El programa A Dos Voces (por TN) anticipa hoy un debate sobre la venta de Loma Negra, ¿en qué andará la UIA si a Amalia de Fortabat nadie le puso un revólver en la cabeza para que venda? Más bien fue un alivio rentable. En tanto, hay más opiniones en la propuesta de EDICIÓN i sobre los burgueses, mercachifles y quiosqueros (empresarios) argentinos (en los '90 pero son los mismos de 2005). Aqui otro importante aporte:

POR ALBERTO AUNÉ El sector empresario argentino está organizado desde hace mucho tiempo ya; recordemos que Antonino Cambaceres fue el primer presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), en 1887. Desde entonces los empresarios nacionales siempre levantaron de manera organizada su voz en defensa del país, o mejor dicho de su concepción de país. En esta constructiva labor no estuvieron solos: muchas veces, cuando los vientos eran favorables a una alianza estratégica, se unieron con sindicalistas en defensa de comunes intereses por el bien de la Nación. Una de las alianzas más conocidas fue la de José Ber Gelbard, quien fuera ministro de Economía durante la tercera presidencia de Juan Domingo Perón y algunos meses de su sucesora Isabel Martínez, al impulsar el llamado Pacto Social, entre trabajadores, empresarios y el Estado Nacional. Los resultados no fueron positivos, ya que con la fijación de precios máximos hubo desabastecimiento y después vino la hiperinflación con Celestino Rodrigo. Un ejemplo para recordar y meditar. Paso previo a esto, en el Pacto Social, el Gobierno había aumentado los salarios trece por ciento, entre otras medidas. Gelbard había sido uno de los fundadores de la Confederación General Economica (CGE). Claro que además era miembro del Partido Comunista y reportaba a la cúpula de la entonces URSS (sobre esto habla Isidoro Gilbert en su libro "El Oro de Moscú"), pero esto es un detalle. Intervenciones, disoluciones... reinstalaciones; siempre los empresarios nacionales estuvieron. Los nombres de las organizaciones cambiaron, pero siempre eran una pata de la mesa a consultar por los sucesivos gobiernos del país, tanto constitucionales como de facto. En estos sucesivos cambios de organización, los empresarios buscaron a menudo acuerdos, por no decir "pactos" que es poco elegante, con las organizaciones gremiales. Estas, nucleadas en la CGT, coincidieron muchas veces. En especial cuando los acuerdos comprendían a los afiliados de grandes sindicatos cuyas cajas aumentaban su ingreso. Los intereses a defender fueron variados, pero siempre con algunas pautas invariables. Una de la defensa de la industria nacional. Ella, por parte de los empresarios, coincide con la de los sindicatos en pro de la jornada laboral de ocho horas y la negociación salarial sin sacar los pies del plato de la organización gremial. Para defender esta industria piden un dólar alto y la limitación de ingresos de mercadería importada, no sea que la gente compare la calidad y prefiera comprar lo que se produce fuera de estas pampas. Ahora están unidos en la defensa del domingo como día no laborable, desconociendo la libertad de trabajo garantizada por la Constitución Nacional y la situación económica, ya que si esto se implementa el desempleo aumentaría de manera automática. Otro ejemplo es que ambos, empresarios y sindicalistas, temen a los orientales de ojos rasgados. Los primeros denuncian que los productos entran a bajo precio; los segundos parecen temer a que los chinos traigan a la Argentina su cultura laboral... y el trabajador tenga jornadas superiores a ocho horas, aunque cobre más. Por este motivo escuchamos reclamos, como cuando empresas extranjeras se hacen cargo de otras nacionales (LAN Chile con LAN Argentina y Camargo Correa con Loma Negra, por ejemplo). Allí se acuerdan de los intereses de la Nación y levantan su voz para denunciar abusos. Este círculo vicioso parece seguir de manera indefinida mientras siga en el poder el actual partido gobernante, ya que mientras los sindicalistas sigan viviendo a costa de este sistema seguirán aportando votos... y así eternamente. Como dijera un ex mandatario: Argentina es un país condenado al éxito.

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