Confesiones y pesares de los gays en Irak
POR GONZALO GARCÍA VALDIVIESO (*) Ahora sí entiendo lo que significó la elección del 30 de enero para los gays. Las facciones políticas más importantes que van a formar parte de la Asamblea Nacional: la alianza chiíta pro Irán (48,2 por ciento), la kurda (25,7 por ciento) y la del primer ministro Iyad Alaui (13,8 por ciento) son profundamente homofóbicas. Ninguna de ellas está interesada en convertir a Irak en una verdadera democracia, nadie quiere luchar por el respeto a las minorías, la tolerancia y la igualdad, ninguna quiere correr el riesgo de ir en contra de las costumbres islámicas por defender los derechos de las mujeres y de los homosexuales. Para los islamitas que van a formar parte del gobierno iraquí, "ser un hombre" significa tener poder sobre las mujeres, incluido el sexual. A sus ojos, todo hombre partidario de la igualdad entre los sexos es potencialmente un violador de la ley, un hereje y un homosexual. La alianza chiíta, la que obtuvo casi la mayoría absoluta, la liderada por el clérigo Abdel Aziz Al Hakim y apadrinada por el gran Ayatola Alí Sistani, es la más fundamentalista de todas. Su única ambición es tomarse el poder para así imponer sus estrictas interpretaciones de la ley islámica. Para ella, la democracia no es islámica, "la democracia es una palabra griega que quiere decir la regla de la gente, que la gente haga lo que ella tenga a bien", y este concepto, según ellos, es una apostasía que desafía la creencia en Dios y sólo conduciría a la pérdida de la ley islámica. Como en Irak, el ser reconocido como homosexual puede costarle desde el repudio familiar hasta la vida misma, los gays sólo tienen en la actualidad cuatro alternativas: o se dejan lapidar o permanecen entre el clóset disfrazados de heterosexuales con matrimonio e hijos o se suicidan o migran a Occidente. Pero como muy pocos van a poder quitarse la vida y muchos menos, debido a la xenofobia occidental, van a lograr migrar a Estocolmo, Oklahoma o Cali, a la gran mayoría no le queda otra opción que sobrevivir casándose con mujeres. Para no ser descubiertos tendrán que escoger a las más tontas y a las más ingenuas para convencerlas de que si ellos no funcionan el problema es de ellas. Y si quieren convencer a la parentela de que ellos son todo unos machos musulmanes, debe cachetearlas y mechonearlas con frecuencia y jamás permitirles opinar, educarse y mucho menos pensar. Lógicamente, entre este clóset jamás podrán aspirar a tener una relación estable, sólo podrán homosexualizarse ocasionalmente, únicamente con desconocidos o con extranjeros no islámicos y solamente con aquellos con los que tengan la plena certeza de que nunca va a volver a ver. Además, tienen que aguantarse sus estertores de pasividad y jamás ejercer el rol femenino en la relación. ¡Ojo! con las torturas homosexuales pasivas de los cancerberos gringos e ingleses si no quieren morir apedreados por una tía en burka o estripados por la limosina de algún ayatola. Este es el estilo de vida que los chiítas fundamentalistas quieren imponerles a los gays iraquíes: mientras simulen ser heterosexuales, maltraten mujeres, odien a los homosexuales y se las tiren de activos, son buenos musulmanes, sin importar cuantos velos se lleven por delante. Y si por allá llueve, por aquí no escampa. ¿No será que nos resultó islámico mi purpurado y ayatola nuestro Presidente? ¿Sus convulsiones de moralismo y homofobia serán chiítas? .... (*) Publicado en El Tiempo de Colombia.
